
Tras su viaje a China, la agenda del presidente del Gobierno queda desde mañana completamente absorbida por la primera cumbre España-Brasil y la IV Reunión en Defensa de la Democracia, ambas en Barcelona y concebidas con la clara intención de erigirse en contrapeso político al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En este contexto, Pedro Sánchez ha decidido no participar en la videoconferencia copresidida por Emmanuel Macron y Keir Starmer para abordar la situación en el estrecho de Ormuz. En su lugar, será el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien asuma la representación española, alegando la imposibilidad de compatibilizar ambos compromisos.
Está previsto que Pedro Sánchez y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, mantengan una reunión bilateral este viernes en torno al mediodía. Sin embargo, ambos compartirán agenda durante todo el fin de semana, ya que Lula será también uno de los protagonistas del acto partidista previsto para el sábado.
La ausencia de Sánchez llega después del malestar del Ejecutivo español con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, por su exclusión de la reunión de líderes europeos previa al encuentro de los 27 el pasado mes de febrero. En esta ocasión, Sánchez, quien en su momento esgrimió la guerra en Irán como argumento para no presentar los Presupuestos Generales del Estado, opta ahora por priorizar un encuentro bilateral con un líder internacional frente a una reunión destinada a abordar uno de los principales desafíos a escala global.
La cita, impulsada desde el Palacio del Elíseo, busca articular la cooperación de países "no beligerantes" en una misión "puramente defensiva" orientada a restablecer la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz cuando las condiciones de seguridad lo permitan.
Fuentes gubernamentales se mantienen "firmes en su postura de oponernos a participar en ninguna operación militar que pueda desarrollarse vinculada a la guerra de Irán y esto incluye una intervención en el Estrecho de Ormuz". Además, dicen mantenerse abierto a que, "cuando acabe la guerra y siempre bajo el paraguas de la ONU, se pueda promover una operación amparada por Naciones Unidas para garantizar la seguridad en el Estrecho".

