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El techo andaluz de Vox

La aritmética andaluza los ha reducido a simple coda ornamental, y en política lo prescindible no cotiza al alza.

La aritmética andaluza los ha reducido a simple coda ornamental, y en política lo prescindible no cotiza al alza.
Santiago Abascal e Ignacio Garriga en un acto en Málaga. | Álex Zea / Europa Press

Sobrevivir sin crecer es, en política y en la vida, otra manera de nombrar la derrota. Las encuestas andaluzas llevan muchos meses certificando una constatación: Vox no se hunde, pero tampoco avanza, y la distancia entre ambas circunstancias es la misma que separa a un partido con futuro de un partido con historia. El primer problema de Vox ahí, en Andalucía, es del espacio. Moreno ha convertido su presidencia autonómica en una discreta maniobra envolvente diseñada con el objetivo estratégico de ocupar el espacio electoral de la derecha sociológica en su integridad. Lo ha hecho a su estilo, gestionando cada movimiento con la parsimonia de quien sabe que el mundo conservador nunca busca fuera lo que ya tiene dentro. Y lo que tiene dentro ahora es alguien que gana.

El segundo obstáculo es el instrumental. Vox funciona bien como martillo pilón, pero pierde fuelle en cuanto su presencia deja de resultar llave de nada. La aritmética andaluza los ha reducido a simple coda ornamental, y en política lo prescindible no cotiza al alza: se mantiene donde solía, que ya es mucho, y con el tiempo ni tan siquiera eso. El tercer escollo es sociológico, y acaso el más insoslayable. Vox ha consolidado un electorado estable en torno a un repertorio muy manido: inmigración, identidad, casta partitocrática… Y la clientela que consume ese menú tan calórico posee límites. La base no rompe filas, cierto. Pero tampoco crece.

El cuarto contratiempo, en fin, remite al liderazgo, o más propiamente, a su ausencia. Sin figura capaz de encarnar en Andalucía algo mínimamente diferenciado de lo que representa Abascal en Madrid, Vox carece de referencias para el votante local que no se conforma con imitaciones de bazar chino y marcas blancas. El resultado es una ecuación despejada: base comprimida, discurso rutinario e inercia sin expansión. La pregunta no es si Vox resiste en Andalucía. Es si una formación que lleva varios ciclos sin crecer puede aspirar a algo más que a ser una nota al pie de página del sistema político regional. Se les va a hacer eterna la campaña.

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