
El Gobierno ya está preparando el argumentario ante una posible sentencia condenatoria del que fuera mano derecha del presidente Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, en el juicio por el caso mascarillas. La consigna es marcar distancias con el exministro y repetir que el partido "ya actuó" cuando aparecieron los primeros indicios de corrupción en torno al caso mascarillas.
El relato que prepara el PSOE pasa por defender que las responsabilidades políticas fueron asumidas hace tiempo y que a Ábalos ya se le exigió abandonar su escaño cuando comenzaron a aflorar los informes de la UCO sobre la presunta trama corrupta en el Ministerio de Transportes junto a Koldo García.
Sin embargo, ese discurso choca con la hemeroteca y con los tiempos manejados por Ferraz. Porque el PSOE tardó un año y medio en resolver el expediente disciplinario abierto al exministro, un proceso que fue prorrogándose sistemáticamente mientras la dirección socialista defendía públicamente que quería garantizar "un proceso con garantías".
La realidad es que la ruptura entre Sánchez y Ábalos se produjo cuando Santos Cerdán trasladó personalmente al exministro la orden de entregar el acta de diputado. Aquella reunión privada se celebró después de que los primeros informes de la UCO comenzaran a estrechar el cerco sobre el entorno del antiguo titular de Transportes y sobre Koldo García.
Pero Ábalos se rebeló contra Ferraz. Lejos de aceptar la exigencia del partido, decidió conservar el escaño y aferrarse al aforamiento que le otorgaba su condición de diputado. El movimiento provocó una auténtica crisis interna en el PSOE y obligó al exministro a abandonar el Grupo Socialista para refugiarse en el Grupo Mixto. Como castigo político, el partido decretó entonces una suspensión temporal de militancia.
Aun así, la dirección socialista evitó durante meses ejecutar una expulsión definitiva. Ferraz fue dilatando el expediente interno mientras intentaba rebajar la presión mediática y política de un escándalo que amenaza directamente al núcleo duro del sanchismo por la estrechísima relación que durante años mantuvieron Sánchez y Ábalos.
"Lo de Ábalos está llorado", sentencian en Ferraz, donde la prioridad es que la caída del exministro no termine arrastrando al Gobierno. "No existe ningún pacto de no agresión, al revés; para nosotros este asunto es muy doloroso porque estas personas, y Ábalos en particular, ha sido ministro, ha sido secretario de organización y a nosotros, y a mí en particular, que me repugna la corrupción, me repugna más si son personas que militan o han militado en el PSOE", señalaba el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, en una entrevista en Antena 3.
Además, desafió al comisionista Víctor de Aldama a que presente pruebas sobre la supuesta financiación irregular del PSOE, una acusación que el Gobierno niega tajantemente. Según ha asegurado el ministro, el nuevo equipo de la Secretaría de Organización de Ferraz —designado tras la salida de Santos Cerdán— ha revisado las cuentas del partido "por arriba y por abajo" y no ha encontrado rastro alguno de financiación ilegal.
Por ahora, el exministro no ha tirado de la manta y ha guardado las formas respecto a la posible financiación irregular del PSOE, pero no es menos cierto que también ha lanzado alguna que otra amenaza velada, como cuando utilizó la expresión "el chocolate del loro" para minimizar las comisiones del caso mascarillas frente al resto de asuntos que también se investigan en relación con el exministro y cuyo volumen aún no se ha alcanzado a cuantificar.

