
El hantavirus, ese microscópico migrante clandestino del Sur Global que llegó vía la orina de un roedor remoto y campestre, no es más que el simulacro en forma de crucero de una distopía inminente que ya anda llamando a nuestra puerta. Hablo de una novísima realidad definitivamente aterradora, la que está haciendo posible la confluencia de los avances en inteligencia artificial, por un lado, y el abaratamiento constante de las tecnologías para producir en cualquier garaje todo tipo de cadenas de ADN sintético, esto es, artificial. Y es que, ahora mismo, ya no haría falta ni el ratón campero ni la orina campera ni el Sur Global para crear en un laboratorio doméstico otro hantavirus similar a ese. Es algo que ya casi podría hacer cualquier tarado, entre visita al psiquiatra y visita al psiquiatra, con un kit de biotecnología comprado por Amazon, amén de una suscripción de 20 euros al mes a Perplexity.
Así el patio, no hace falta ser un conspiranoico adicto a las novelas de Dan Brown para seguir dudando de aquella historia extravagante que nos contaron la otra vez, la del murciélago chino que había mordido a un pangolín de su misma nacionalidad en un mercado municipal sito en una remota ciudad perdida donde Cristo dio las tres voces. Y lo corrobora con una erudición científica que hiela la sangre Mustafa Suleyman –cofundador DeepMind y uno de los principales investigadores de la IA en el mundo– en su libro La ola que viene.
En esas páginas nos viene a advertir que la biotecnología está atravesando el mismo proceso acelerado de abaratamiento y difusión generalizada que vivieron los ordenadores personales a partir de la década de los ochenta. Estamos asistiendo en vivo y en directo, pues, a la definitiva democratización del Apocalípsis. Cualquiera con una conexión a Internet de tarifa plana puede comenzar a fantasear ya con provocar el Armagedón. Y mientras tanto, la ministra de Sanidad, presumiendo de que somos "la envidia de Europa", supongo que por haber descubierto en Google que los ratones camperos todavía no saben nadar en alta mar.
