
Sí, ahora habla catalán. Pero no siempre lo hizo. Lo cierto es que ignoró por completo ese pequeño idioma mediterráneo hasta una fecha tan tardía en la biografía del Universo como el 4 de diciembre de 1563, jornada en la que se dieron oficialmente por concluidas las sesiones del Concilio de Trento. A partir de aquella efeméride, y con el propósito no de proteger las lenguas minoritarias de Europa sino con el más pragmático de combatir el error de Lutero con todas las armas disponibles, la Iglesia adoptó la estrategia de comunicarse en las distintas lenguas vulgares de cada territorio con una feligresía, la suya, analfabeta en su inmensa mayoría.
Así fue como la Iglesia, que ya por entonces era sabia, adoptó el uso de una lengua local, el catalán, por razones completamente ajenas a nada que tuviese que ver con sentimientos grupales y mucho menos identitarios. Suponer lo contrario constituye algo tan idiota como pretender que los nacionalismos, esa ideología política inventada en el siglo XIX, ya existían trescientos años antes, en el XVI. Pero no, por suerte para la especie humana, los nacionalismos todavía no existían en el siglo XVI. Y de ahí la definitiva imposibilidad metafísica de que hubiera un solo cura nacionalista catalán en aquella época.
Pero tal obviedad es algo que no cabe en la cabeza de un nacionalista contemporáneo. Para los nacionalistas resulta inconcebible que el idioma propio no forme parte esencial de la identidad, tanto individual como colectiva. Y por eso andan tan encabronados en estas vísperas de la visita del Papa a Barcelona con el asunto del uso testimonial de su lengua vernácula en los actos previstos. Es de sobra sabido al respecto que los nacionalistas catalanes tienden siempre al fanatismo más intransigente en materia lingüística. No resulta tan sabido, sin embargo, lo muy ignorantes y desconocedores de la historia que también resultan ser en esa misma materia. Porque ese fanatismo tan suyo nace del error de creer que siempre existió una imaginaria Iglesia nacional catalana que encontró en la defensa militante del catalán su seña de identidad específica. Continuará.
