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El patético independentismo en la visita papal

La visita del Papa ha evidenciado las flaquezas de un movimiento casposo que pierde adeptos a chorros.

La visita del Papa ha evidenciado las flaquezas de un movimiento casposo que pierde adeptos a chorros.
Espectáculo para cerrar la bendición de la Torre de Jesús en la Sagrada Familia | RTVE / Pool

Las organizaciones independentistas que movilizaron masas durante el proceso separatista han constatado durante la visita del Papa León XIV a Cataluña su magra capacidad de convocatoria y su paulatina degeneración. Pretendían convertir la visita en una plataforma propagandística para sus tesis y lo único que han logrado es hacer el ridículo y plantar cuatro esteladas mal contadas en el trayecto que condujo al Papa en el vehículo descubierto a la Sagrada Familia.

Primero intentaron montar una polémica artificial sobre el bulo de que el Vaticano no había tenido en cuenta el catalán en la estancia del Pontífice en la región. Contaron para ello con la complicidad habitual de los medios públicos y subvencionados catalanes que sin ni siquiera comprobar la veracidad de esa especie difundieron que la Santa Sede despreciaba la lengua, calumnia que cayó con estrépito en cuanto el Papa pronunció sus primeras palabras en catalán, algo que no se puede improvisar en dos días y al calor de una falsa polémica.

La mala educación de los portavoces de Junts en el Senado y el Congreso, Eduard Pujol y Miriam Nogueras, exigiéndole al Papa en el Congreso que hablara catalán dejó completamente retratados a los independentistas. Por si no fuera suficiente, contaron con el concurso de un desaforado Carles Puigdemont, quien llegó a tildar a los prelados españoles de "escarabajos purpurados".

Después intentaron condicionar los actos del Papa en la región con su tradicional despliegue de activistas provistos de banderas separatistas, pero fracasaron con estrépito. Ni siquiera en el monasterio de Montserrat, símbolo político y religioso del catalanismo, pudieron hacerse notar ante el fervor popular, que expresaba su adhesión al Pontífice con banderas vaticanas, españolas, peruanas y catalanas sin el símbolo de la estrella separatista.

En el trayecto papal a la Sagrada Familia también quedaron en ridículo, acallados por un público que sólo quería saludar al Papa y celebrar su visita sin reivindicaciones fuera de tono, de lugar y sin ningún sentido. También fracasaron en su última oportunidad de reventar la visita con sus eslóganes y banderas, en la ceremonia de bendición de la Torre de Jesús de la basílica. Un nutrido grupo de cantores de diferentes coros que habían sido invitados a participar en la ceremonia ocultaban entre las partituras una esteladas de papel tamaño folio A 3 que pretendían exhibir tras cantar "Els Segadors" y lanzar gritos a favor de la independencia. En las mismas partituras se les habían dado instrucciones para boicotear la ceremonia.

En el colmo de la cobardía independentista, ninguna organización, partido o coro se hacía responsable de la acción, según constaba en el texto. La Policía Nacional, encargada de la seguridad del acto por la presencia de los Reyes, impidió el boicot aislando a los alborotadores y apartándolos de la escena. En ese caso, los Mossos cumplieron la orden de encapsularlos, pero resulta muy significativo que la Generalidad de Illa se haya apresurado a aclarar que la decisión de echar a los activistas del templo no fue suya, sino del Cuerpo Nacional de Policía.

Dadas las características del boicot, la imagen de Cataluña, de la organización y de la Iglesia en la región habría quedado por los suelos. Cierto que eso no les importa en absoluto y que la imagen de Cataluña ya está triturada después de años de proceso separatista, fractura social, irresponsabilidad política, inestabilidad económica e inseguridad jurídica.

También es cierto que la capacidad de convocatoria de las antaño todopoderosas organizaciones separatistas es paupérrima, pero siguen ahí, cuidadas con esmero por las administraciones catalanas que las siguen considerando interlocutores fundamentales para las políticas de exclusión lingüística del español y de adoctrinamiento en medios y escuelas. Permanecen agazapados a la espera de que un cambio de Gobierno les sirva de excusa para retomar las calles. Mientras tanto, los Ejecutivos de Pedro Sánchez y Salvador Illa se esmeran en atender todas sus reivindicaciones dada la dependencia de ambos de los partidos separatistas.

Sin embargo, la visita del Papa ha evidenciado las flaquezas de un movimiento casposo que pierde adeptos a chorros y que es incapaz de conectar con las verdaderas inquietudes ciudadanas, atrapados en sus viejos mantras, utilizados por los mismos líderes del proceso que les condujeron al ridículo y la ruina y sostenidos en respiración asistida por los socialistas. Lo ocurrido con ellos durante la visita papal es la medida de su debilidad. La medida de su miseria moral y política es la intentona de ese grupo de fanáticos que pretendían boicotear la ceremonia de León XIV en presencia de los Reyes de España. Frente a una mayoría de ciudadanos que agradecen que por primera vez en muchos años Cataluña no haya sido noticia por sus desmanes y desvaríos, el independentismo pretendía manifestarse en su versión más patética, fanática y descerebrada.

Que los partidos y las organizaciones independentistas exijan dimisiones a sus socios socialistas el frustrado boicot explica de forma precisa la impunidad con la que tradicionalmente se manejan los separatistas y la perplejidad e indignación que les causa el hecho de que no hayan podido consumar su particular "contribución" a la visita del Papa.

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