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Moncloa en vilo por las agendas de Leire Díez que pueden hundir a P.S.

Nadie se atreve a negar que el significado de las siglas PS apunta hacia Pedro Sánchez.

Nadie se atreve a negar que el significado de las siglas PS apunta hacia Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Energética, Sara Aagesen, y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. | Marta Fernández / Europa Press

La sombra de la fontanera del PSOE y sus anotaciones se ha instalado en la agenda de Moncloa. Tanto, que en el Gobierno ya cuesta disimular la preocupación. La tensión se percibe en los silencios, en las respuestas medidas y en los intentos de minimizar un caso que no deja de sumar capítulos. Por eso ningún ministro ha querido pronunciarse públicamente sobre los encuentros de Leire Díez y el abogado de Santos Cerdán en la Fiscalía General del Estado.

Puertas adentro, sin embargo, el relato es distinto. En el Ejecutivo intentan desinflar la relevancia de esas reuniones, del mismo modo que hicieron con los contactos mantenidos con la directora de la Guardia Civil, Mercedes González. Pero hay un hecho difícil de ignorar. Leire Díez aparecía una y otra vez en el epicentro de las maniobras que han ido aflorando en las últimas semanas, siempre cerca de los principales centros de poder. Ahora se intenta presentar a la exmilitante socialista como una figura sin peso alguno, pese a que su nombre emerge de forma recurrente allí donde surgen nuevas revelaciones.

La estrategia de Moncloa de reducir el caso a unos meros "comportamientos individuales" también empieza a mostrar grietas. Sobre todo porque el perímetro de la trama no ha dejado de ampliarse. Cada nueva información añade nombres, contactos y reuniones que dificultan sostener la tesis de que se trataba de actuaciones aisladas.

El silencio se ha impuesto como norma. Patxi López volvió a refugiarse en el mensaje de siempre: "colaboración con la Justicia y respeto a las investigaciones". El ministro, Félix Bolaños, por su parte, optó por evitar a la prensa acelerando el paso por los pasillos del Congreso. Nadie quiere abrir un frente que pueda complicarse aún más con el avance de las pesquisas.

En el PSOE existe además una inquietud añadida. Que las siglas PS acaben proyectando una sombra política sobre todo el partido. Nadie se atreve a negar que su significado apunta hacia Pedro Sánchez. De ahí que desde Moncloa se hayan apresurado a recalcar que las anotaciones de Díez no contienen indicios de delito ni comprometen al presidente del Gobierno.

Tampoco hay unanimidad sobre cómo responder a la exmilitante socialista. Algunos consideran que fue un error tratar de desacreditarla como una "friki" o una "Mata Hari", entregada a fantasear con su influencia. En el Gobierno existe el temor de que una confrontación directa termine convirtiéndola en una figura incómoda y con capacidad para tirar de la manta. Por eso, al menos por ahora, la posibilidad de presentar acciones judiciales contra ella permanece descartada.

Antes de que trascendiera el contenido del sumario, el argumento era que necesitaban tiempo para analizarlo. Ahora, en cambio, simplemente se dan margen para que el procedimiento avance, pese al evidente daño reputacional que este caso está causando al PSOE.

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