
Permítanme una escena de Louis de Funès: un atracador espera al cierre de un banco. Su intención es entrar en el último momento, cuando ya se hayan marchado empleados y clientes. Dentro queda solo el director. Entra entonces pistola en mano, lo encañona, le exige que abra la caja fuerte y, con el botín en la bolsa y el cañón apoyado en la sien del rehén, se dispone a huir.
Pero al salir oye sirenas. El banco está rodeado. Los defensores de la ley le esperan fuera. No tiene escapatoria.
Un megáfono de la policía le ordena salir con las manos en alto. Está perdido. Y entonces, en su desesperación, tiene una idea luminosa: exigir garantías procesales. No se enfrenta a la policía; pide tiempo. Con el director aún de rehén, intenta convertir el atraco en un malentendido administrativo:
"Si quieres salir vivo de aquí, ábreme una cartilla a mi nombre y di que solo era el último cliente al que estabas atendiendo".
Le devuelve la bolsa del dinero para borrar el rastro del delito y empieza a negociar garantías mientras trata de hacer desaparecer la escena del crimen.
José Luis Rodríguez Zapatero pidió tiempo para dar explicaciones ante el juez sobre el origen de las joyas que guardaba en su caja fuerte. Un mes había pasado desde que la UCO entrara en su despacho y abriera aquella caja después de advertir a su secretaria de que la reventarían si no facilitaba la clave y las llaves. Por lo visto, no había tenido tiempo de aportar facturas, garantías o documentos suficientes sobre unas joyas valoradas en torno a 1.300.000 euros de coste, y un valor de mercado previsiblemente superior.
En nombre de las garantías procesales, se negó ante el juez a dar cuenta inmediata del joyero milagroso. Y no hace falta ser un lince para comprender que, en asuntos así, cada hora ganada no solo sirve para preparar una defensa: también permite ordenar papeles, relatos y coartadas.
Reparen en que la caja fuerte no contiene solo joyas. Contiene una biografía política. Porque Zapatero no empezó a ser sospechoso cuando aparecieron las alhajas; empezó a serlo cuando convirtió la moral en coartada, la rendición en pedagogía y la memoria en combustible para dividir a los españoles.
De aquellos polvos de ZP vienen estos pactos con Bildu de su discípulo PS. De aquella política sentimental que confundió la paz con la legitimación del mundo de ETA, de aquella superioridad moral que se permitía perdonar en nombre de quienes habían puesto los muertos, viene esta España donde un presidente puede comprar su supervivencia parlamentaria a quienes jamás han roto moral y políticamente con el terror.
Puede que Zapatero fabrique una coartada un rato de estos. Con el dinero de todos. Puede que logre explicar el origen de las joyas, o refugiarse en prescripciones, regalos, herencias, olvidos o tecnicismos fiscales. Pero nadie -ni siquiera los suyos- volverá a mirarlo igual. No por las joyas en sí, sino por lo que revelan: el derrumbe estético y moral del predicador.
Se puede llegar a soportar a un contador de nubes con tal de que no oculte en Venezuela a los 17 asesinos más sanguinarios de ETA, o colabore con esa cárcel populista pasándose por mediador independiente para legitimarla, cobrar por hacerlo y amordazar a los presos; pero jamás a un santurrón que esconde bajo la sotana todo lo anterior. O lo que le interesa. 545 regalos recibió entre 2004 y 2011, pero mira tú por dónde, sólo se quedó con los joyazos.
Se te acabó la baraca. La tierra no es del viento, maldito pedante. El crimen de haber desenterrado a los muertos de la guerra civil para envenenar la sangre de los vivos, y haber amantado con ella a ese miserable que compró la presidencia del gobierno con una amnistía y multiplicó el dolor de las víctimas de ETA con su rendición ante Bildu, te perseguirá mientras vivas.
Se te acabó la baraca. La tierra no es del viento, señor de las nubes. El crimen político de haber inoculado en la izquierda española la idea de que todo vale si se invoca una causa noble te perseguirá mientras vivas. Porque de aquellos polvos de superioridad moral, sectarismo memorialista y blanqueamiento del adversario de España vienen estos pactos con Bildu, esta humillación de las víctimas y esta degradación de la soberanía nacional.
Afortunadamente, España no se reduce solo a sus gobiernos ni a sus farsantes. España es una trama de afectos, historia, tribunales, memoria y decencia que siempre acaba siendo más fuerte que sus embaucadores. Ha sobrevivido a inquisidores, felones, redentores de saldo y tahúres de la soberanía. También sobrevivirá a Zapatero y a Sánchez.
Aunque todavía no lo sepan, este país no perdona siempre. A veces solo tarda.
