
Este miércoles, Pedro Sánchez vino a decir en el Congreso que el Partido Socialista no se había financiado irregularmente y que, si algo de eso había ocurrido, habían sido otros quienes se habían aprovechado de esos recursos. Es la financiación irregular de Schrödinger: existe y no existe a la vez.
La paradoja, formulada por el físico Erwin Schrödinger, imagina un gato encerrado en una caja junto a un mecanismo letal cuya activación depende de un fenómeno aleatorio. Mientras que nadie abre la caja, el gato puede describirse como vivo y muerto al mismo tiempo, de tal forma que sólo cuando se mira dentro se despeja la incógnita.
La política española parece haber encontrado su propia versión: la caja es el PSOE, el gato es la financiación irregular y Sánchez pretende que el resultado dependa de quién formule la pregunta. Si se habla del partido, el gato está vivo y no hubo financiación irregular. Pero si se habla de los intermediarios, el gato está muerto y alguien se aprovechó de unos recursos cuya procedencia ya no parece tan inocente.
En este sentido, si nos detenemos a hacer un análisis más global, podemos llegar a la conclusión de que la paradoja se aplica a toda la legislatura: está viva y muerta al mismo tiempo. Viva, porque Sánchez sigue en La Moncloa; muerta, porque el Gobierno no ha llevado a la Cámara un solo proyecto de Presupuestos, apenas logra aprobar leyes relevantes y vive atrapado en un bloqueo parlamentario que le impide sacar adelante reformas de calado.
Sus socios pueden paralizarlo casi todo, pero no pueden rematarlo. La moción de censura en España es constructiva y para echar a Sánchez no basta con votar contra él, sino que hay que elegir a un candidato alternativo. Y ese es el motivo por el que la caja no se ha abierto en estos tres años, pues sus socios no quieren o no pueden asumir el coste de votar junto a Vox a un candidato propuesto por el PP.
No obstante, a Sánchez tampoco le interesa abrirla, porque dentro también se encuentra encerrado él mismo. Para el presidente, seguir en La Moncloa se ha convertido en una cuestión de supervivencia personal, ya que de ser imputado por un caso de corrupción habría que pasar por un eventual suplicatorio que debería aprobar el Congreso, y ahí es donde se guarda el último gran as bajo la manga.
Que Iván Redondo se haya paseado por todas las televisiones hablando sobre las bondades de una España plurinacional no es algo inocente ni casual. Viene a ser como la teoría de la ventana de Overton que él mismo explica en su libro: se lanza una idea que al principio parece extravagante, se mide la reacción, se normaliza poco a poco y, cuando llega el momento, se presenta como inevitable lo que hasta ayer parecía inaceptable.
El objetivo final sería ofrecerles a sus socios que bloqueen un eventual suplicatorio a cambio de un referéndum de autodeterminación para Cataluña y el País Vasco. Esa es la implosión final a la arquitectura institucional de la España del 78 que nos tienen preparada.
La legislatura de Schrödinger terminará cuando alguien abra la caja. Y entonces los españoles descubriremos que dentro no había ni una mayoría progresista, ni estabilidad, ni regeneración, ni proyecto de país. Había un gobierno atrincherado en el poder, unos socios cobrando su debilidad a precio de Estado y una arquitectura institucional entregada al único objetivo de que el One aguantara un día más en La Moncloa.
Y, como ocurre con todas las cajas que nunca debieron abrirse, una vez levantada la tapa ya no habrá forma de volver a guardar los males que encierra. Esa será la pregunta del final de la legislatura: no si el gato estaba vivo o muerto, sino cuánto de España estaban dispuestos a destruir para mantener vivo a Sánchez.
