El incendio ocurrido en la localidad almeriense de Los Gallardos se ha cobrado la vida de 12 personas hasta el momento, aunque es de temer que la cifra terrible siga aumentando dado que hay heridos de gravedad y más de una veintena de vecinos de las zonas afectadas que aún no han podido ser localizados. La tragedia de Almería supera en gravedad al incendio de Guadalajara en 2005, donde murieron 11 personas, lo que lo convierte en la peor catástrofe de las últimas décadas provocada por el fuego.
El incendio, que ya ha sido controlado, ha arrasado 7.000 hectáreas en un terreno muy accidentado donde las viviendas aparecen diseminadas, lo que impidió una evacuación eficaz en un primer momento. La rapidez con la que se extendieron las llamas, favorecida por la enorme cantidad de maleza de la zona, el fuerte viento y las altas de temperaturas de esta época del año, hizo que los caminos y sendas rurales se convirtieran rápidamente en trampas mortales, para desgracia de los residentes que trataron de huir con sus vehículos particulares cuando el fuego ya estaba a las puertas de sus viviendas.
Las primeras informaciones procedentes de la Junta de Andalucía se refieren a la caída de un cable eléctrico en mal estado como el origen del fuego, aunque habrá que esperar para confirmar que esa ha sido la causa del incendio. En todo caso, estamos ante una desgracia con víctimas mortales cuya memoria no se puede envilecer utilizando esta tragedia con fines políticos, como empezó a hacer la izquierda desde el primer momento.
En las últimas horas hemos asistido a los exabruptos del inefable Óscar Puente, incapaz de aclarar las 46 muertes producidas por el mal funcionamiento de su ministerio, lo que no le ha impedido salir a la palestra a impartir doctrina sobre como enfrentarse a un incendio forestal. Por no hablar de la ínclita María Jesús Montero, enviada por Sánchez a Andalucía a hundirse con el PSOE, que culpó del incendio a las consecuencias del cambio climático "y sus peligrosos efectos en Andalucía". Otro tanto están haciendo los medios progubernamentales, para los cuales la caída de un cable eléctrico parece ser también una prueba de los efectos del calentamiento global.
Flaco favor se hace a la lucha contra el fuego cuando se utiliza el mantra calentólogo para explicar una tragedia que poco o nada tiene que ver con el clima. Lo que realmente ayuda a prevenir los incendios es una adecuada labor de limpieza de montes, a menudo boicoteada por las políticas ultraecologistas, y la dotación de medios materiales y humanos suficientes para actuar con rapidez, especialmente en los meses de verano.
Pero en esa batalla de la razón es inútil esperar a la izquierda, que niega tozudamente la realidad si no coincide con sus prejuicios, y no vacila en utilizar cualquier tragedia para dañar a su adversario político aunque eso ponga en riesgo más vidas humanas en el futuro.

