
La marcha de Jaume Giró de Junts ha sido la más sonada de los últimos días pero no la única. Pocos días antes dejaba su escaño en el Parlament Anna Navarro, el último gran fichaje de Carles Puigdemont, una ejecutiva con trayectoria en los Estados Unidos que no ha terminado de encajar en la vida de partido. La última polémica protagonizada por Navarro fue denunciar en la cámara autonómica que no le habían atendido en dos centros de urgencias médicas por no ser inmigrante. Tal cual.
"Y es que fue llegar y no tener derecho ni a ir al CAP (ambulatorio) porque todavía no tenía una nómina cuando otras personas entran en este país y pueden ir al CAP... La enfermera me dijo: si usted fuese una inmigrante le atenderíamos hoy mismo, ¿vale? Y a mí tardaron dos o tres meses en atenderme en un CAP. El caos y la confusión de la gente que venía conmigo a llevarme a dos CAP diferentes y que no querían atenderme es un ejemplo de cómo regresamos aquí, ¿vale?", manifestó Navarro sobre su regreso a Cataluña tras años de residir en los Estados Unidos.
El fichaje de Navarro, que Puigdemont ejecutó a espaldas del partido, ha sido un fracaso. Ya está fuera del Parlament, hecho que desde luego no ha tenido la más mínima trascendencia. Tampoco se ha hablado demasiado de otra reciente deserción, la de Eusebi Campdepadrós, exvicepresidente primero de la Mesa del Parlament recientemente amnistiado del delito de desobediencia. Campdepadrós fue elegido diputado en las elecciones convocadas tras la intervención de la Generalidad a través del artículo 155 de la Constitución. Ha esperado a ser amnistiado para salir del partido de Puigdemont. Uno más en una lista cada vez más larga.
Y es que convivir políticamente con Puigdemont es complicado. El prófugo es propenso a los altibajos, no le gusta el trabajo de partido y exige fidelidades perrunas. A cuenta del abandono de Jaume Giró, prácticamente el único pragmático que le quedaba al partido, el diario ABC hacía recuento de las bajas en el entorno del expresidente de la Generalidad. El listado incluye frustradas promesas políticas como Elsa Artadi, mujer de absoluta confianza de Puigdemont cuando estaba al frente de la Generalidad y en los primeros tiempos en Bélgica.
La "desaparición" de Elsa Artadi
Artadi fue nombrada directora general de "coordinación interdepartamental" de la Generalidad de Cataluña en enero de 2016. En calidad de tal era la persona que utilizaba Puigdemont para no tener que arremangarse. Tras el golpe siguió en la Generalidad intervenida a plena satisfacción del Gobierno de Mariano Rajoy y también del ya fugado Puigdemont. Ya con Quim Torra como presidente catalán, Artadi ascendió a consejera de Presidencia y portavoz de la Generalidad, pero no aguantó ni un año la pinza entre Puigdemont y Torra, dos personajes de naturaleza dispersa. De la Generalidad saltó al Ayuntamiento y de ahí, a la actividad privada alegando agotamiento y otras razones personales.
El caso de Jordi Sànchez
Tampoco acabó bien Jordi Sànchez, el que fuera presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) encarcelado en octubre de 2017. Sànchez ejerció como secretario general de Junts entre agosto de 2020 y junio de 2022. Abandonó el partido sin haber logrado tomar las riendas del mismo y sin que Puigdemont hiciera nada por retener a un hombre que venía de la izquierda y era observado con no pocos recelos en la organización.
Clara Ponsatí fue otra de las personas que protagonizó una sonada ruptura política con Puigdemont. Ponsatí, una política visceral que no llegó a militar en Junts pero permaneció largo tiempo con el prófugo en calidad de lo mismo, acabó harta de lo que consideraba "renuncias" y "engaños" de Puigdemont. Le reprochaba que a diferencia de lo que sostenía la propaganda separatista no había un plan para el día después de la proclamación de independencia. A Ponsatí no le cabía en la cabeza la falta de previsión del gobierno catalán golpista.
También se distanció de Puigdemont la recientemente indultada Laura Borràs, quien fue desplazada de la presidencia de Junts para que la volviera a ocupar el prófugo. Recolocada en la fundación del partido tras su condena por corrupción, no ha abandonado el partido, pero el idilio político con el máximo jefe separatista es historia.
Un partido empequeñecido
La situación de Junts no es precisamente para tirar cohetes. Es un partido empequeñecido, ni una sombra de lo que fue Convergencia. Con poco más de cinco mil afiliados al corriente de pago, las encuestas predicen un importante retroceso en favor de Aliança Catalana (AC), la gran sensación del separatismo. El liderazgo de Sílvia Orriols ha catapultado a su partido en las encuestas. Y Junts es el principal damnificado.
Partiendo tan sólo de los dos escaños obtenidos en las autonómicas de hace dos años, los sondeos apuntan a que AC sería ya la segunda fuerza política de Cataluña, tan solo por detrás del PSC, con ERC a poca distancia pero con Junts sumida en la miseria electoral. No ayuda a Junts el hecho de que Puigdemont atraviese por momentos en los que resulta notorio su desinterés por las vicisitudes del partido y por la gestión del mismo, que le aburre soberanamente.
Puigdemont y Junqueras, intocables
La realidad paralela construida por el separatismo tras el fracaso inicial del golpe de 2017 hace que tanto Puigdemont como Oriol Junqueras sean dos figuras absolutamente intocables en sus respectivos partidos. Junts es una maquinaria desengrasada al servicio de Puigdemont que no tiene nada que ver con el carácter de movimiento transversal que llegó a alcanzar la Convergencia de Pujol. Todo está supeditado en estos momentos al retorno de Puigdemont sin que se sepa a ciencia cierta si el líder pretende ejercer de jefe de la oposición y ocuparse también del partido o preferirá ejercer de "referente moral" y expresidente de la Generalidad.
Orriols, cara y cruz
La principal baza de Junts es su importancia a la hora de decantar mayorías en el Congreso de los Diputados. La ley electoral favorece ese desequilibrio entre los votos reales de los partidos nacionalistas y su representación en el Congreso. Los cálculos de las direcciones de socialistas y populares pasan por Junts, circunstancia a la que se aferran Puigdemont y su partido para la supervivencia política.
La gran esperanza en estos momentos del fugado y sus cada vez más menguadas huestes es que Sílvia Orriols se niega a que su partido participe en las elecciones generales porque considera que son los comicios de un país extranjero que nada tiene que ver con sus objetivos supremacistas y separatistas. Eso es lo que puede acabar salvando a Junts de la más completa irrelevancia política.

