Si el PP no le presta a Vox 55 diputados para activar el artículo 102 de la Constitución, o sea, para juzgar a Sánchez por alta traición ante el Tribunal Supremo, tendremos que sospechar de la existencia de oscuras relaciones del partido de Núñez Feijóo con el de Sánchez. Así de sencilla es la cosa. La crítica política se dirige, en primer lugar, hacia la falta de una gran iniciativa política o se queda en mera palabrería. Sí; creo que el PP carece de una gran proyecto político para sacar a Sánchez de La Moncloa, porque ha renunciado a presentar una moción de censura al gobierno de España. Eso no significa que el PP en la crisis de Ceuta no haya planteado iniciativas políticas; al contrario, el día 24 de agosto el PP registró en el Congreso un plan integral para Ceuta más que razonable, contiene medidas urgentes y necesarias para resolver la invasión marroquí y, posteriormente, iniciar la recuperación económica de la ciudad.
Pero todas esas propuestas políticas quedarán en nada, en mi opinión, si el PP no se une a la querella parlamentaria de Vox contra Sánchez. Si rehúye esa batalla parlamentaria, tengo la sensación de que muchos millones de ciudadanos podrían sospechar de que el PP colabora con Sánchez. Si se sabe desde el mismo día de la invasión marroquí de Ceuta que el gobierno de Sánchez colaboró estrechamente con Mohamed VI para invadir Ceuta, entonces no se entiende porqué el PP no respalda la propuesta de Vox. Las pruebas sobre la traición sanchista son tan evidentes que da vergüenza repetirlas. Lo vio claro la Unión Europea días después del asalto y la invasión de Ceuta. Lo contó la prensa internacional. Y, por supuesto, todos los días aparecen nuevos datos e informes que corroboran lo sabido. "Las evidencias empíricas" —utilizo la terminología del Gobierno de Sánchez— son tan apabullantes que sólo los infames las cuestionarán. El mundo entero sabe que Sánchez se ha entregado (sic) a Mohamed VI. Eso exige una respuesta por parte de la Oposición en todos los frentes, empezando por el parlamentario. No vale limitarse a la crítica de los "discursos", "narrativas" y "engaños" del Gobierno, sino que son necesarias grandes acciones políticas y, sin duda alguna, intentar juzgar por alta traición a Sánchez lo es.
Consumada la traición de Sánchez, nadie se haga de nuevas por los últimos informes policiales aparecidos en el juzgado de la Audiencia Nacional de la señora Juez doña María Tardón. Pocos dudan ya de que el Gobierno de España estaba informado de todo lo que iba a suceder y no hizo nada. La invasión y la absoluta inacción del Gobierno bastan para juzgar a Sánchez por alta traición. Sánchez está entregado a las ordenes del sultanato de Marruecos. Todo esto es sabido. La cuestión es cómo acabar con la tiranía sanchista. Descartada por completo la solución del padre Mariana por motivaciones morales, los parlamentarios de la Oposición deberían recurrir a las vías que abre la Constitución para desalojarlo del poder. El PP, repito, aún no ha agotado la principal: la moción de censura. Y ahora Vox acierta al apuntar al artículo 102 de la Constitución. Hay, pues, salidas. No desesperemos. Están los recursos a los tribunales ordinarios de justicia para acusar a los delegados del Gobierno. También la Unión Europea apoya la expulsión de los invasores. Está la prensa libre informando de las atrocidades gubernamentales. Y, sobre todo, tenemos un arma infalible: la movilización ciudadana.
Si después de las movilizaciones del día 2 de septiembre a favor de Ceuta, o sea contra el Gobierno, Sánchez no se va, entonces es que vivimos en un régimen de casi dictadura. Pase lo que pase, la ciudadanía más responsable de España intuye que Sánchez no se irá por las buenas. Ni convocará elecciones anticipadas ni nada que se le parezca. Está liándola parda y persistirá en seguir haciendo fechorías en su desesperación. No está solo. Está muy bien apoyado por sus medios de comunicación y las cúpulas de todos los aparatos represivos del Estado. ¿Qué nos queda? Mucho y bueno. Nos queda la resistencia civil no violenta, la construcción de instituciones paralelas, vías legales e institucionales… Y, sobre todo, nos queda, en verdad, la lección de los ceutíes movilizándose civilmente todos los días para no ser expulsados de España. De Ceuta. En fin, por todo eso, parece obvio que si el PP no se une a la propuesta de Vox en el Congreso todas sus iniciativas sobre Ceuta quedarían en aguas de borraja, y, lo que es peor, podría ser sospechoso de tener alguna debilidad o vínculo opaco con el tirano de La Moncloa.
