El Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a constatar su falta de apoyos parlamentarios. En esta ocasión, los dos decretos improvisados sobre vivienda han sido tumbados por el Congreso en medio de una bochornosa sesión en la que han campado sin disimulo la demagogia, el populismo y un insoportable hedor guerracivilista por parte de las izquierdas. Agitando el espantajo de la jubilada del Retiro, el Gobierno y sus extensiones mediáticas han montado una suerte de "operación emergencia habitacional" para tapar el inconcebible y traidor abandono de los ceutíes y para agitar las calles contra la oposición, a la que se pretende culpar de una crisis de acceso a la vivienda a pesar de que Pedro Sánchez reside en la Moncloa desde hace ocho años, tiempo más que suficiente para haber hecho algo más que anuncios falsos y subir impuestos.
La política económica de este Gobierno es la causa de que los ciudadanos tengan cada vez menos poder adquisitivo y, en consecuencia, muchas más dificultades para acceder a una vivienda, ya sea de compra o de alquiler. A base de manipulación y propaganda y con la izquierda radical desplegada en las calles, Sánchez pretende enarbolar la bandera de la vivienda y situar la confrontación política en un terreno donde él y su izquierda son los defensores de "la gente" mientras que todos los demás están con los fondos buitre. Vista la falta de formación e información del personal que se ha instalado en la Puerta del Sol o en la plaza de Cataluña se entiende el éxito del Gobierno y de sus medios a la hora de convencer a esa parte de la opinión pública de sus engrudos y mentiras.
Si no fuera trágico, resultaría hasta conmovedor que haya gente plenamente convencida de que el Gobierno quiere y puede resolver el llamado problema de la vivienda en dos días y con dos decretos, pero resulta que la derecha, siempre la derecha, se opone e impide que Sánchez resuelva otra crisis más, la enésima. Y con una indocumentada como Isabel Rodríguez, titular de Vivienda, como encargada de negociar los textos y los apoyos, ella, una incapaz de tomo y lomo arrinconada por Sánchez en un ministerio sin contenido. Su falta de sentido, su inconsciencia y su irresponsabilidad han quedado patentes este viernes en el Congreso cuando ha apelado a la "excepción catalana", esa peculiaridad según la cual lo que rige para toda España no vale para la región catalana, para mendigar el apoyo de Junts.
Más allá de los cálculos electorales implícitos en el hecho de poner la vivienda en el primer plano de la actualidad política aprovechando un desahucio, la maniobra socialista no acaba de arrancar en las calles, tal como se ha podido comprobar este viernes a las puertas del Congreso. El pinchazo ha sido evidente hasta para las televisiones que han tratado de ocultar la escasa respuesta a la convocatoria de rodear la sede del Congreso. Que hubiera mucha menos gente que la esperada por el Gobierno y sus satélites no ha impedido que los asistentes hayan mostrado su auténtico rostro al agredir a los periodistas de Libertad Digital que trataban de informar sobre lo que estaba ocurriendo en los aledaños del edificio de la Carrera de San Jerónimo. No por previsibles resultan menos graves los ataques contra la libertad de prensa jaleados por un Gobierno en manos de un liberticida vocacional.
El esperpento continúa. Sánchez estaría deshojando la margarita de un anticipo electoral pendiente de múltiples factores. Uno de los más sustantivos es el juicio con jurado a su esposa, Begoña Gómez, porque no es lo mismo afrontar ese episodio en el Gobierno que en la oposición. También pesa en la balanza que la denominada ley de nietos esté en cuarentena en el Tribunal Supremo. La crisis de la vivienda es un puro trampantojo a la vista de un personaje sin escrúpulos como es Pedro Sánchez, en modo electoral permanente. Que ni los socialistas ni sus socios se crean las barbaridades que dicen sobre vivienda no impide que hayan exhibido una más que preocupante agresividad contra los diputados que han votado en contra de los decretos Maricarmen. Ojo a las nada veladas amenazas de tipos como Rufián o como el diputado de Sumar que ha increpado con espumarajos en la boca a la portavoz del PP Ester Muñoz. Parecen buscar algo más que una confrontación política por los cauces democráticos. Azuzan el odio contra partidos como el PP, Vox o Junts con supuestos argumentos como que los desahucios son culpa de dichas formaciones y que si no se frenan es por su culpa también.
La tensión social, la crispación, el resentimiento, el odio y la violencia ambiental son especialidades de los partidos de izquierda. Con esos mimbres han tumbado gobiernos, han ganado elecciones y han arredrado a la oposición. Sánchez no oculta que quiere perpetuarse en el poder y quizá el comodín de la vivienda pueda contribuir al cumplimiento de ese objetivo. Es lógico que se niegue a disolver los campamentos, ya sea en Madrid, Barcelona o Ceuta. Son sus apoyos, sus bases, la vanguardia de su masa electoral dispuesta a todo con tal de impedir la alternancia.
