Las caricaturas de Mahoma
Cuando el otoño de 2005 acababa de llegar, un periódico danés, Jyllands-Posten, publicó varias caricaturas de Mahoma, alguna de las cuales resultaba hiriente. Se trataba de un periódico desconocido fuera de su pequeño país, pero pronto se haría conocido en todo el mundo. La primera noticia fuera de las fronteras de Dinamarca hablaba de amenazas de muerte por parte de varios musulmanes.
Pero el asunto se quedó ahí hasta el momento en que los líderes islámicos se reunieron en La Meca en diciembre del mismo año, en el seno del Comité de la Organización Islámica (COI). Entonces tomaron la decisión de reavivar el asunto. Y publicaron una declaración que condenaba el "uso de la libertad de expresión como pretexto para difamar a las religiones". Como un resorte, los medios de comunicación oficiales pasaron a recordar la publicación de las viñetas dos meses antes, en una amplia campaña panislámica, que llamaba al odio y a la acción.
Que no tardaría en llegar. Antes se creó el caldo de cultivo, no sólo por los medios oficiales. Los embajadores de Arabia Saudí y Kuwait en Dinamarca fueron llamados a consulta, Libia cerró su embajada, mientras que Jordania, Yemen, Irán, Siria, Egipto y Pakistán emitieron condenas oficiales. Después, en enero, el periódico se vio obligado a evacuar a los trabajadores por amenazas de bomba. Sería sólo la primera de una intensa cadena de actos violentos.
En Libia, millar y medio de personas se manifestaban ante la embajada de Dinamarca, quemando varias banderas del país europeo. No dio tiempo ni a preguntarse cómo las habrían adquirido para poder quemarlas, porque la opinión pública asistía atónita a una reacción violenta que parecía extenderse por toda Europa y Oriente Medio. En Yemen, Egipto, Pakistán, Hebrón, Líbano y Siria se repetían las manifestaciones amenazantes. Marruecos y Túnez prohíben la distribución del diario France-Soir, que en un acto de defensa de la libertad de expresión, decidió volver a publicar las caricaturas. Los actos violentos llegarían a producir varios muertos. Un clérigo musulmán ofreció más de 14.000 euros de recompensa a quien asesine al dibujante que creó las caricaturas.
Los terroristas palestinos amenazaban a toda Europa. Ni el primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, ni Francia o Alemania consideraron que se debía pedir disculpas por permitir una publicación que cabe dentro de la libertad de expresión, mientras que la Unión Europea le pedía a los países árabes “moderación”.
José Luis Rodríguez Zapatero no podía quedarse al margen de todo el asunto, pero no para salir en defensa de la libertad de expresión, sino para llamar a la Alianza de Civilizaciones. Él firmó un artículo con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el mismo que hubiera deseado no entrevistarse con el Papa cuando visitó el país, diciendo que la Alianza de Civilizaciones es el instrumento ideal para frenar “el odio”. Un odio que en el artículo no tenía padre ni madre, pese a que las demostraciones de ese sentimiento tenían siempre el mismo origen y los mismos destinatarios. Es más, varios musulmanes incluso crearon nuevas caricaturas, más infamantes contra Mahoma, para poder desatar aún más odio entre los seguidores del profeta de Medina. Rajoy recordó a Zapatero que no dijo una sola palabra cuando su entonces socio de gobierno Carod Rovira se burló de Jesucristo poniéndose una corona de espinas. Borrell aprovechó la coyntura para decir que si las caricaturas se refirieran al cristianismo, "también habrían provocado una emoción considerable".
La denuncia del Comité de la Organización Islámica (COI) del "uso de la libertad de expresión como pretexto para difamar a las religiones", en que se basó para desencadenar las protestas contra Europa, tenía mucho de cínico. Libertad Digital recordó que los medios musulmanes publican con asiduidad chistes antisemitas. Por otro lado, los demiurgos de la Alianza de Civilizaciones no se inquietaron con el concurso mundial organizado por Irán con caricaturas antisemitas. Ahora bien, si el ayatolá Javier Solana consigue su objetivo, la ONU incluirá una condena contra las blasfemias.
En España, el asunto crearía su propia polémica. Una chirigota de Ceuta, que se refirió a la violencia musulmana, forzó la respuesta nada menos que del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Pero la reacción más en línea con la Alianza de Civilizaciones fue la de Pedro Zerolo. Él, que encabezó con orgullo los insultos a los católicos durante el alarde gay, declaró que la chirigota era “inaceptable”.
Las últimas codas del asunto de las viñetas tiene a la libertad de expresión como protagonista, y como víctima. Por un lado Comedy Central, el canal que emite la serie South Park, censuró una imagen de Mahoma, mientras que permite en la misma serie imágenes como la de Jesucristo defecando sobre George W. Bush. Por otro lado, se retiró una Ópera en Berlín en la que se decapitaba a Jesucristo y a Mahoma. La canciller alemana, Ángela Merkel, salió ante los medios criticando esta cesión ante las amenazas.
Nada está podrido en Dinamarca, por Carlos Semprún Maura
Yo también soy caricaturista danés, por Fray Josepho