Obama presidente

"No somos un grupo de estados rojos y azules. Somos y siempre seremos los Estados Unidos de América". Con estas palabras Barack Obama ponía fin a una intensa noche electoral, el pasado martes 4 de noviembre.

El discurso que pronunció Obama ante una entusiasmada multitud en Chicago dista mucho de la visión sectaria y maniquea de los EEUU y del mundo que muchos desde Europa quieren atribuir al primer presidente mulato de la historia. En esos días tras la victoria, asistimos a un aluvión de opiniones empeñadas en identificar el triunfo de un negro con el fin de los valores que encarnan los EEUU: La defensa del individuo, la familia y la sociedad civil frente al Estado.

Nada de lo vivido este martes 4 de noviembre y durante la larguísima y extraordinaria campaña electoral apunta en esa dirección. Hemos asistido a una auténtica lección de democracia: La implicación de los ciudadanos en el proceso de elección de los candidatos, y durante toda la campaña deja en evidencia el despotismo partidista que padecemos en España y gran parte de Europa. Obama y Hillary Clinton pelearon hasta el último momento por hacerse con la candidatura demócrata. La ex primera dama retiraba finalmente su candidatura el 7 de junio y anunciaba que apoyaría a Barack Obama. En el lado republicano la elección estuvo mucho menos reñida, al imponerse McCain claramente en el Supermartes.

La victoria de Obama fue indiscutible. Ni efecto Bradley ni nada. Las encuestas esta vez no fallaron. Venció hasta en nueve estados que hace cuatro años votaron Bush, y no perdió ninguno de los que se había decantado por Kerry. Destacan sus victorias en feudos republicanos hasta la médula como Virginia, Colorado, Ohio o Indiana. Logró 364 votos electorales, casi cien más de los 274 necesarios. En voto popular también ha ganó con claridad, aunque algo menos de la pronosticada por las encuestas: 62.992.553 de votos, el 52 por ciento frente a los 55.796.823, el 46 por ciento de McCain.

Una lección democrática plasmada también en los discursos de los dos candidatos tras conocer el desenlace. McCain supo perder y Obama supo ganar, con un denominador común: La unidad en torno a los valores que sustentan la primera democracia del mundo. Dos palabras: libertad y seguridad.

Ha habido cambio en la Casa Blanca. Faltaría más. Eso es la democracia. Está por ver que vaya más allá de la alternancia política que desde hace dos siglos vive con normalidad la sociedad estadounidense, con presidentes muy buenos y otros muy malos. Republicanos y demócratas, y viceversa. Más que un triunfo, la elección de Obama puede suponer una derrota para el antiamericanismo rampante que sufrimos en Europa.

De hecho los primeros nombramientos del presidente electo parecen ir en dirección de contraria de lo que muchos esperaban. Especialmente llamativos han sido las designaciones en materia de Seguridad Nacional. Hillary Clinton será secretaria de Estado y principal responsable de la política exterior, y Robert Gates, responsable de la actual estrategia en Irak, seguirá al frente del Pentágono, puesto para el que fue nombrado por Bush hace algo más de dos años. El nuevo presidente tomará posesión el próximo 20 de enero.