L. D. / EFE.-
La magnitud de la desgracia ha empujado al Gobierno iraní a decretar tres días de duelo nacional, y a solicitar ayuda internacional inmediata para atender a los damnificados y reparar las infraestructuras dañadas. Las lluvias, inusuales en esta época del año, comenzaron a caer con fuerza el pasado viernes en la región septentrional de Golestán, en la frontera con Turkmenistán y la ribera del mar Caspio.
Aunque las condiciones meteorológicas mejoraron levemente en las últimas horas, lo que ha facilitado el trabajo de los servicios de socorro, y se redujo la fuerza de las riadas, fuentes oficiales iraníes indicaron que el peligro persiste y que todavía es pronto para conocer el alcance verdadero de la desgracia.
Hasta el momento, el número de víctimas se cifra en unas 370 personas, mientras que protección civil cree que hay unos 170 desaparecidos, la mayoría de ellos, con toda probabilidad, muertos y ocultos entre el barro. Poco a poco, y gracias a la ayuda internacional, voluntarios y funcionarios del Gobierno han comenzado a restablecer la normalidad, a reparar las comunicaciones por tierra y a suministrar productos de primera necesidad a los damnificados.
La ayuda, enviada por el emir de Kuwait, jeque Yaber Al Ahmad Al Sabah, llegó el martes al aeropuerto de Mehrabad, desde donde es distribuida a toda la provincia septentrional de Golestán, en la frontera con Turkmenistán, la más afectada por las inundaciones.
La fuerza de las riadas ha destruido carreteras y tendidos eléctricos, cortado el suministro de agua potable, gas y teléfono, y dejado aisladas sobre los tejados de sus casas y las copas de los árboles a decenas de personas.
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Aunque las condiciones meteorológicas mejoraron levemente en las últimas horas, lo que ha facilitado el trabajo de los servicios de socorro, y se redujo la fuerza de las riadas, fuentes oficiales iraníes indicaron que el peligro persiste y que todavía es pronto para conocer el alcance verdadero de la desgracia.
Hasta el momento, el número de víctimas se cifra en unas 370 personas, mientras que protección civil cree que hay unos 170 desaparecidos, la mayoría de ellos, con toda probabilidad, muertos y ocultos entre el barro. Poco a poco, y gracias a la ayuda internacional, voluntarios y funcionarios del Gobierno han comenzado a restablecer la normalidad, a reparar las comunicaciones por tierra y a suministrar productos de primera necesidad a los damnificados.
La ayuda, enviada por el emir de Kuwait, jeque Yaber Al Ahmad Al Sabah, llegó el martes al aeropuerto de Mehrabad, desde donde es distribuida a toda la provincia septentrional de Golestán, en la frontera con Turkmenistán, la más afectada por las inundaciones.
La fuerza de las riadas ha destruido carreteras y tendidos eléctricos, cortado el suministro de agua potable, gas y teléfono, y dejado aisladas sobre los tejados de sus casas y las copas de los árboles a decenas de personas.
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