L. D. / EFE.-
Con este elegante lavado de manos, se unió a otros dirigentes del Kremlin en su aprensión ante una eventual intervención militar, pese a que Moscú lleva al menos dos años en una tenaz campaña de alerta mundial sobre el terrorismo internacional y el extremismo religioso.
Serguéi Ivanov, ministro de Defensa, dijo poco después en Eriván, capital de Armenia, que no veía "ninguna base ni siquiera para una posibilidad hipotética de una operación militar de la OTAN" desde los países ex soviéticos del Asia Central. Sus palabras siguieron a otras el jueves en las que manifestó con rotundidad que "Rusia no planea ataques militares en respuesta a los atentados terroristas en EEUU".
Yevgueni Gusárov, viceministro de Exteriores, incluso salió al paso de las primeras interpretaciones tras la declaración conjunta OTAN-Rusia en Bruselas para "no dejar sin castigo" a los culpables de la tragedia en Nueva York y Washington. El documento "no significa que Moscú esté dispuesto a participar junto a la Alianza en algún tipo de operaciones de castigo", dijo Gusárov al matizar que la postura rusa se orientaba sólo a evitar que "los culpables eludan sus responsabilidades".
De acuerdo con otra fuente diplomática, Rusia "no apoyará una represalia en gran escala" porque "las emociones no deben prevalecer en la lucha contra el terrorismo", según dijo a la agencia Interfax. El titular de Exteriores, Igor Ivanov, se atrevió a ir algo más allá en una rueda de prensa conjunta el jueves con su homólogo francés, Hubert Vedrine. Ivanov habló vagamente de la necesidad de "medidas colectivas que permitan crear un sistema global seguro contra las nuevas amenazas y desafíos", en un contexto puramente político.
Sólo cuando los periodistas le preguntaron directamente admitió la posibilidad de "medidas de fuerza", pero únicamente después de que se hayan agotado otros mecanismos. A la hora de la verdad, el Kremlin trató de combinar una vez más su confusa política de "jugar a todo", como se ha subrayado hasta en las viñetas de los periódicos desde hace meses.
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Serguéi Ivanov, ministro de Defensa, dijo poco después en Eriván, capital de Armenia, que no veía "ninguna base ni siquiera para una posibilidad hipotética de una operación militar de la OTAN" desde los países ex soviéticos del Asia Central. Sus palabras siguieron a otras el jueves en las que manifestó con rotundidad que "Rusia no planea ataques militares en respuesta a los atentados terroristas en EEUU".
Yevgueni Gusárov, viceministro de Exteriores, incluso salió al paso de las primeras interpretaciones tras la declaración conjunta OTAN-Rusia en Bruselas para "no dejar sin castigo" a los culpables de la tragedia en Nueva York y Washington. El documento "no significa que Moscú esté dispuesto a participar junto a la Alianza en algún tipo de operaciones de castigo", dijo Gusárov al matizar que la postura rusa se orientaba sólo a evitar que "los culpables eludan sus responsabilidades".
De acuerdo con otra fuente diplomática, Rusia "no apoyará una represalia en gran escala" porque "las emociones no deben prevalecer en la lucha contra el terrorismo", según dijo a la agencia Interfax. El titular de Exteriores, Igor Ivanov, se atrevió a ir algo más allá en una rueda de prensa conjunta el jueves con su homólogo francés, Hubert Vedrine. Ivanov habló vagamente de la necesidad de "medidas colectivas que permitan crear un sistema global seguro contra las nuevas amenazas y desafíos", en un contexto puramente político.
Sólo cuando los periodistas le preguntaron directamente admitió la posibilidad de "medidas de fuerza", pero únicamente después de que se hayan agotado otros mecanismos. A la hora de la verdad, el Kremlin trató de combinar una vez más su confusa política de "jugar a todo", como se ha subrayado hasta en las viñetas de los periódicos desde hace meses.
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