L. D. / EFE.-
El Papa dijo que “desde esta ciudad de Kazajistán que es un ejemplo de armonía entre hombres y mujeres de diferentes orígenes y creencias, quiero hacer un vigoroso llamamiento a todo el mundo, a cristianos y a los seguidores de otras religiones, para que trabajen juntos en la construcción de un mundo sin violencia, que ame la vida y que crezca en justicia y libertad”. Al final de la misa que ofició en la plaza central de la capital kazaja, indicó que “no debemos permitir que lo que ha sucedido aumente las divisiones. La religión nunca puede ser utilizada como un pretexto o una razón para el conflicto”.
Con voz fuerte, el Obispo de Roma pidió a cristianos y musulmanes que imploren a Dios para que el “supremo bien de la paz reine en el mundo. Que las gentes de todos los pueblos, iluminadas por Dios se comprometan con la civilización del amor, en la que no cabe el odio, la discriminación o la violencia. Con todo mi corazón ruego a Dios que mantenga la paz en el mundo”.
El portavoz vaticano, Joaquín Navarro, dijo que el Papa está preocupado por la situación mundial, que prueba de ello es que ha dejado en el Vaticano, para seguir de cerca los acontecimientos, al cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, cuando siempre le ha acompañado en sus viajes al extranjero, y que ha considerado Kazajistán el lugar ideal para exigir la paz visto que aquí viven en armonía cristianos, musulmanes y no creyentes.
El primer acto multitudinario de la visita papal fue la misa que ofició en la Plaza de la Madre Patria, donde está el monumento de la época soviética que simboliza a una mujer con un cáliz bajo una gran espiga de trigo y que recuerda el 9 de mayo de 1945, día de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Una cuarta parte de los 50.000 asistentes a la misa eran cristianos y unos miles católicos. La gran mayoría, según precisó Navarro, eran musulmanes, que son mayoritarios en el país, y no creyentes, gentes que por primera vez acudían a una celebración religiosa de este tipo.
A la ceremonia asistió el presidente de la República, Nursultan Nazarbayev, y el mufti (máxima autoridad religiosa musulmana), Absattat Derbassalie. El mufti pidió a los musulmanes que acogieran con los brazos abiertos al “gran huésped” y que la misa es algo sagrado que les hará también bien a ellos. El Papa, que habló en ruso, les dijo que conocía los sufrimientos a los que fueron sometidos muchos de ellos durante el comunismo y les animó en esta nueva etapa de libertad a construir juntos -musulmanes y cristianos- la “civilización del amor”.
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Con voz fuerte, el Obispo de Roma pidió a cristianos y musulmanes que imploren a Dios para que el “supremo bien de la paz reine en el mundo. Que las gentes de todos los pueblos, iluminadas por Dios se comprometan con la civilización del amor, en la que no cabe el odio, la discriminación o la violencia. Con todo mi corazón ruego a Dios que mantenga la paz en el mundo”.
El portavoz vaticano, Joaquín Navarro, dijo que el Papa está preocupado por la situación mundial, que prueba de ello es que ha dejado en el Vaticano, para seguir de cerca los acontecimientos, al cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, cuando siempre le ha acompañado en sus viajes al extranjero, y que ha considerado Kazajistán el lugar ideal para exigir la paz visto que aquí viven en armonía cristianos, musulmanes y no creyentes.
El primer acto multitudinario de la visita papal fue la misa que ofició en la Plaza de la Madre Patria, donde está el monumento de la época soviética que simboliza a una mujer con un cáliz bajo una gran espiga de trigo y que recuerda el 9 de mayo de 1945, día de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Una cuarta parte de los 50.000 asistentes a la misa eran cristianos y unos miles católicos. La gran mayoría, según precisó Navarro, eran musulmanes, que son mayoritarios en el país, y no creyentes, gentes que por primera vez acudían a una celebración religiosa de este tipo.
A la ceremonia asistió el presidente de la República, Nursultan Nazarbayev, y el mufti (máxima autoridad religiosa musulmana), Absattat Derbassalie. El mufti pidió a los musulmanes que acogieran con los brazos abiertos al “gran huésped” y que la misa es algo sagrado que les hará también bien a ellos. El Papa, que habló en ruso, les dijo que conocía los sufrimientos a los que fueron sometidos muchos de ellos durante el comunismo y les animó en esta nueva etapa de libertad a construir juntos -musulmanes y cristianos- la “civilización del amor”.
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