L. D. / EFE.-
Vamos a devolver las aerolíneas al pueblo estadounidense", proclamó Bush, quien ha presentado las medidas las medidas ante trabajadores del sector en el aeropuerto O'Hare, en Chicago. El sector aéreo ha sido el principal afectado por los atentados, con cerca de 100.000 despidos directos, y el presidente se esforzó en pedir a los ciudadanos que no tengan miedo a volar. “Suban a un avión”, ha pedido Bush a los estadounidenses.
A pesar de que suponen un cambio fundamental en el papel gubernamental, las propuestas gozan de un acuerdo básico entre republicanos y demócratas del Congreso para una aprobación rápida. Las medidas concretas presentadas por Bush incluye que el Gobierno federal se hará cargo de los controles de seguridad sobre pasajeros y equipajes, con estándares "más duros". Los controles serán realizados por una combinación de empresas privadas de seguridad, cuyos empleados recibirán formación oficial y estarán vigilados por agentes federales uniformados y colocados en lugares visibles.
Habrá también un aumento "drástico" de la presencia de policías federales en los aviones, armados y vestidos de civil para evitar su detección por posibles terroristas. Puesto que estas medidas necesitarán tiempo, hasta seis meses según la Casa Blanca, se pondrá a disposición de cada estado a unidades militares de la Guardia Nacional para patrullar los aeropuertos donde la seguridad sea menos estricta.
El Gobierno aportará 500 millones de dólares para medidas de mejora de la seguridad en los aviones. Por ejemplo, se buscará restringir la apertura de la puerta de la cabina de pilotaje durante los vuelos. Se reforzarán las puertas de las cabinas para evitar el acceso de intrusos. Se instalarán cámaras que permitan a los pilotos estar al tanto de lo que ocurre en la cabina de pasajeros, y garantizará que el transpondedor del avión -el dispositivo que comunica con el control de tierra- no puede ser desconectado en caso de una emergencia.
A pesar de que suponen un cambio fundamental en el papel gubernamental, las propuestas gozan de un acuerdo básico entre republicanos y demócratas del Congreso para una aprobación rápida. Las medidas concretas presentadas por Bush incluye que el Gobierno federal se hará cargo de los controles de seguridad sobre pasajeros y equipajes, con estándares "más duros". Los controles serán realizados por una combinación de empresas privadas de seguridad, cuyos empleados recibirán formación oficial y estarán vigilados por agentes federales uniformados y colocados en lugares visibles.
Habrá también un aumento "drástico" de la presencia de policías federales en los aviones, armados y vestidos de civil para evitar su detección por posibles terroristas. Puesto que estas medidas necesitarán tiempo, hasta seis meses según la Casa Blanca, se pondrá a disposición de cada estado a unidades militares de la Guardia Nacional para patrullar los aeropuertos donde la seguridad sea menos estricta.
El Gobierno aportará 500 millones de dólares para medidas de mejora de la seguridad en los aviones. Por ejemplo, se buscará restringir la apertura de la puerta de la cabina de pilotaje durante los vuelos. Se reforzarán las puertas de las cabinas para evitar el acceso de intrusos. Se instalarán cámaras que permitan a los pilotos estar al tanto de lo que ocurre en la cabina de pasajeros, y garantizará que el transpondedor del avión -el dispositivo que comunica con el control de tierra- no puede ser desconectado en caso de una emergencia.