L. D. / EFE.-
Con los bombardeos que comenzaron hace once días, el centro de las ciudades afganas, dónde hay una gran concentración de civiles, permanecen fuera de los objetivos de los aviones y por ello son lugares relativamente tranquilos. "Los talibanes se instalan con sus armas en casas particulares y oficinas para cobijarse durante los bombardeos", indica a su llegada a la frontera paquistaní, Yet Jameel, un joven afgano huido de la ciudad de Kandahar, la plaza fuerte del régimen ultraintegrista.
El insistente bombardeo, dos y hasta tres veces algunos días, ha destruido cuarteles, centros de operaciones mando, barracas militares, aeropuertos, arsenales, la mayoría ubicados en las afueras de las principales ciudades afganas. "Según nuestra evaluación los talibanes carecen ya de capacidad ofensiva como fuerza militar, los aeropuertos y la logística no les funciona, pero retienen sus armas ligeras", explica un oficial del Ejército paquistaní que pide no ser identificado.
La portavoz de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de la Ayuda a Afganistán, Stephanie Bunker, dice en Islamabad, la capital paquistaní, que un grupo de "árabes" había ocupado las oficinas de la UNICEF y las viviendas de Kandahar, tras expulsar de estas a sus moradores. Aunque la portavoz no identifica explícitamente a los integrantes del grupo, en Afganistán el termino "árabe" se emplea para identificar a los miembros de la organización "Al Qaeda" (La Base), capitaneada por el disidente saudí, Osama ben Laden.
Cerca de 40.000 hombres integran las fuerzas de los talibanes, y de esa cifra casi la mitad proceden de las filas de la organización terrorista "Al Qaeda", cuyo grueso esta formado por integristas de Arabia Saudí, Yemen, Jordania y Egipto. El resto son, en su mayoría, paquistaníes, chechenes y uzbekos.
Los guerrilleros del régimen talibán rehabilitan y montan nuevas bases en los laberintos de túneles ubicados en las montañas, y que ya emplearon en la guerra que libraron con las tropas de la antigua Unión Soviética durante la invasión de Afganistán, de 1978 a 1988, según fuentes militares paquistaníes.
Las cuevas abiertas en las montañas, próximas a Kabul, o a las ciudades de Kandahar, al sureste, y Jalalabad, al noreste y a unos 70 kilómetros de la frontera paquistaní, han sido el blanco de la bombas, diseñadas para penetrar en rocas, que se han lanzado desde los aviones B-2 y B-52 de la Fuerza Aérea estadounidense.
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El insistente bombardeo, dos y hasta tres veces algunos días, ha destruido cuarteles, centros de operaciones mando, barracas militares, aeropuertos, arsenales, la mayoría ubicados en las afueras de las principales ciudades afganas. "Según nuestra evaluación los talibanes carecen ya de capacidad ofensiva como fuerza militar, los aeropuertos y la logística no les funciona, pero retienen sus armas ligeras", explica un oficial del Ejército paquistaní que pide no ser identificado.
La portavoz de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de la Ayuda a Afganistán, Stephanie Bunker, dice en Islamabad, la capital paquistaní, que un grupo de "árabes" había ocupado las oficinas de la UNICEF y las viviendas de Kandahar, tras expulsar de estas a sus moradores. Aunque la portavoz no identifica explícitamente a los integrantes del grupo, en Afganistán el termino "árabe" se emplea para identificar a los miembros de la organización "Al Qaeda" (La Base), capitaneada por el disidente saudí, Osama ben Laden.
Cerca de 40.000 hombres integran las fuerzas de los talibanes, y de esa cifra casi la mitad proceden de las filas de la organización terrorista "Al Qaeda", cuyo grueso esta formado por integristas de Arabia Saudí, Yemen, Jordania y Egipto. El resto son, en su mayoría, paquistaníes, chechenes y uzbekos.
Los guerrilleros del régimen talibán rehabilitan y montan nuevas bases en los laberintos de túneles ubicados en las montañas, y que ya emplearon en la guerra que libraron con las tropas de la antigua Unión Soviética durante la invasión de Afganistán, de 1978 a 1988, según fuentes militares paquistaníes.
Las cuevas abiertas en las montañas, próximas a Kabul, o a las ciudades de Kandahar, al sureste, y Jalalabad, al noreste y a unos 70 kilómetros de la frontera paquistaní, han sido el blanco de la bombas, diseñadas para penetrar en rocas, que se han lanzado desde los aviones B-2 y B-52 de la Fuerza Aérea estadounidense.
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