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La excéntrica historia del espía que ha puesto en jaque a EEUU

¿Cómo consiguió filtrar un exagente de la NSA el escándalo del espionaje?

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El Gobierno estadounidense aún ultima los cargos contra Edward Snowden, el extrabajador de la CIA y la NSA que reveló los programas de vigilancia policial secreta de la Agencia de Seguridad Nacional, provocando un gran escándalo en EEUU. Pero mientras se resuelve si hay o no cargo criminal y petición de extradición, van aflorando más datos de cómo se produjo la filtración y de quién es el hombre que está detrás de ellas, que aún está en paradero desconocido.

The Guardian, uno de los diarios que publicó la entrevista exclusiva con el que hoy es el hombre más buscado, explica detalladamente cómo el joven informático se puso en contacto con ellos, para proporcionarles la información clasificada. Snowden cuenta que inicialmente pensó entregar la información a The New York Times, pero el hecho de saber que el diario había escondido durante un año la noticia de que Bush había permitido a la NSA espiar a ciudadanos estadounidenses le decepcionó.

Por eso, el enero pasado contactó con Glenn Greenwald, bloguero y abogado especialista en derechos civiles que trabajó para el diario británico en asuntos de espionaje. Se hizo llamar "Verax" ("verdad" en latín). También con la periodista Laura Poitras. Les ofreció la información de la que disponía, y trabajaron varios meses descodificándola, manteniendo correspondencia segura, según cuenta Ewen MacAskill , otro de los periodistas británicos que han publicado el escándalo. Cuando decidieron publicarlo, él se encontró con Greenwald y Poitras en Hong Kong, donde fijaron una cita con Snowden, al que no habían visto antes.

El extrabajador de la NSA había diseñado un plan para encontrarse, enviando instrucciones a los tres periodistas: debían situarse cerca de un hotel, donde debían preguntar cómo ir a otro lugar concreto en voz alta. Si todo funcionaba, el propio Snowden pasaría delante de ellos andando y portando en sus manos un cubo de Rubik.

"Me esperaba un curtido veterano de 60 años de edad, alguien de las altas esferas de los servicios de inteligencia. Cuando le ví, pensé: ‘Esto va a ser un viaje perdido’", reconoció Greenwald. Pasaron pocos minutos para que cambiara de opinión, bastó con el relato de el exagente. Realizaron la entrevista en su pequeña habitación del hotel, mientras Snowden desvelaba uno de los escándalos más grandes de EEUU, y manifestaba su preocupación por lo que vendría después: ¿bloquearían sus tarjetas? ¿donde podría esconderse?

En cuanto se publicó el vídeo en el que Snowden desvelaba la trama de espionaje, se convirtió en el hombre más buscado. Se sabía que estaba en Hong Kong, pero no dónde. Todos los periodistas de la región se centraron en hallar pistas para identificar en las imágenes en qué hotel se encontraba el americano, y dar con él. Lo consiguieron, pero él ya se había ido. Desde entonces, está en paradero desconocido.

¿Héroe o villano? Desde que el lunes estallara el escándalo, la mayor parte de la prensa americana y británica ha navegado entre ambas opciones: en The Washington Post, el columnista Richard Cohen le tacha de narcisista, y en el New York Times llegan a ofrecer un perfil psicológico del filtrador: "Es producto de la atomización de la sociedad, del aflojamiento de los lazos sociales...", señalan. Y es que ahora, mientras se encuentra a Snowden, comienzan a aflorar los detalles más excéntricos de su vida: su novia stripper y su blog, la solitaria vida que llevaba en Hawai, su desencanto por Obama....

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