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Judith Campbell: la amante de Kennedy que pudo tener la clave de su asesinato

Judith Campbell fue amante de los hombres más poderosos de EEUU a la vez. Una figura fundamental en la crónica de una época convulsa.

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Entre todas las mujeres el presidente Kennedy, hay una que destaca sobre las demás. No es la más conocida y nada indica que fuera su 'preferida', pero el largo affaire que mantuvo con Judith Campbell no tenía sólo implicaciones sentimentales. Esta "explosiva morena", como la describían las crónicas de la época, compartió cama con los dos hombres más poderosos del país en aquél momento: el presidente de EEUU y el jefe de la Mafia, "Godfather of the Godfathers", Sam Giancana. Al mismo tiempo. El papel que jugó en las relaciones de Kennedy con el sindicato del crimen fue fundamental tanto para su acceso a la Casa Blanca, como para lo que ocurrió después. Campbell estuvo en el centro de todas las intrigas, testigo de la corrupción del poder político en unos años clave.

Fue Frank Sinatra quien presentó a Campbell y Kennedy, cuando ella tenía 26 años y mantenía una relación con la mayor estrella de EEUU. Era una joven divorciada de aspecto imponente. Corría 1960, y JFK era aún un senador que luchaba por ganar la nominación demócrata en la Convención de Los Ángeles. Ese mes de febrero iniciaron un romance que duraría años, y en el que Campbell sería mucho más que su amante.

Paralelamente, Sinatra también le presenta a la joven a Sam Giancana, que en ese momento era el jefe de la Mafia en Chicago, así como al resto del entorno de la Cosa Nostra en el que se movía el cantante. Campbell conoce esa misma noche en el hotel Fontaine-bleu de Miami a Joe Fischetti (primo de Al Capone) otro personaje fundamental. La joven inicia una relación también con Giancana y empieza a moverse en su círculo mafioso, en el que cobraba especial relevancia Johnny Roselli, que trabajó para la CIA en el intento de asesinato de Fidel Castro y acabó involucrado en el muerte de Kennedy.

El testimonio de Judith

Hay tres versiones en la historia de Judith Campbell. La primera, la que ella misma relató ante el Senado en 1975, cuando fue llamada a declarar como "amiga íntima" de Kennedy. Le desvinculó de toda relación con la Mafia y se ciñó a su papel de amante del presidente, nada más: "No había ninguna travesura conspirativa", dijo ante la cámara, escondida tras sus gafas oscuras.

En 1977 publicó My Story , una autobiografía escrita por el periodista Ovid Demaris en la que, si bien mencionaba a Kennedy y a Giancana, no aludió a ningún tipo de actividad delictiva entre ellos. Los defensores del presidente trataron de echar por tierra su testimonio, pero las descripciones, números de teléfono y detalles que brindó Campbell –o Exner, el nombre que posteriormente tomó de su marido– demostraban que había existido una relación estrecha con el presidente. Pero no dejaba de tratarse del relato de los amoríos de una joven con dos hombres relevantes. Años después, confesó que mentía.

"Mentí por miedo", contaría años después a la revista People. Tenía 54 años, creía estar a punto de morir de cáncer y abrió la caja de los truenos con una entrevista que sacó a la luz "el lado oscuro de Camelot" como se conoció al período presidencial de Kennedy.

"Durante los últimos 25 años he estado aterrorizada de decir la verdad acerca de mi relación con Kennedy", confesaría. Y no le faltaban razones: "He tenido que esforzarme en esconder la verdad que hoy revelo, lo cual es probablemente la única razón por la que estoy viva hoy. Con la excepción de Sinatra, todas las figuras clave involucradas en mi historia han sido asesinadas", recordó.

Judith Campbell aseguró que durante aproximadamente dieciocho meses fue el enlace de Kennedy con la Mafia. Ella fue quien presentó a Giancana al presidente, y actuó como mensajera entre ambos, llevando sobres de dinero, transmitiendo mensajes y organizando reuniones. "Yo era la elección perfecta porque podía ir y venir sin previo aviso, y si alguien se percataba, no lo hubiera creído", señaló. Viajó por todo el país conectando a dos hombres poderosos con los que compartía también lecho, y fue testigo de la influencia que tuvo la Mafia en la llegada a la Casa Blanca de Kennedy.

Campbell asistió a reuniones en las que el presidente 'arregló' con Giancana su apoyo para las primarias de estados como Virginia Occidental, a través de la compra de funcionarios electorales. Varias escuchas telefónicas del FBI demostraron más tarde que se habían producido grandes donaciones de la Cosa Nostra a la campaña del demócrata, al parecer directamente desde el bolsillo de Frank Sinatra. Y Judith no sólo lo sabía todo, sino que participó activamente en el fraude.

Cuando Kennedy llegó al despacho oval tuvo poco tiempo para dedicar a su relación con Campbell, que continuaba relacionándose en el entorno mafioso de Giancana. No fue hasta después del fracaso del desembarco en Bahía de Cochinos cuando volvió a requerir de su ayuda. Le pidió que volara a Las Vegas para recoger un sobre de Roselli y se lo entregase a Giancana en Chicago, donde el presidente se reuniría con él. Judith detalla los pormenores del encuentro en el hotel Ambassador, que escuchó desde el cuarto de baño, sentada en la bañera.

Continuó con su papel de mensajera hasta 1962, llegando a visitar la Casa Blanca en al menos veinte ocasiones. Entonces, la relación se rompió. La joven se sintió humillada por Kennedy, que trató de involucrarla en un ménage a trois. Además, la operación de acoso del FBI de J. Edgar Hoover contra la Mafia llegó hasta Campbell, que comenzó a ser vigilada y espiada. Paralelamente, el propio Hoover advirtió a Kennedy que si continuaba adelante en su relación con Judith, su imagen se vería seriamente dañada, ya que su vinculación sindicato del crimen era un secreto a voces. Otros testimonios apuntan a que un posible embarazo de Campbell precipitó el fin del romance, pero ella sostiene que la relación "simplemente acabó".

"Tenía 26 años y no tenía ningún gran propósito en mi vida. Tal vez por eso me involucré tanto en mi papel como mensajera, y lo hice con tanto gusto. Supongo que sentí que estaba haciendo algo importante", reflexionó en People. "Finalmente me di cuenta de que, probablemente, estaba ayudando a Jack a orquestar el intento de asesinato de Fidel Castro con la ayuda de la Mafia", asegura.

Hasta su fallecimiento en 1999, Campbell fue la única persona viva que había conocido a los tres personajes fundamentales de la historia: Roselli, Giancana y Kennedy. Los tres murieron asesinados. Al jefe de la mafia en Chicago le cosieron la boca a balazos antes de que pudiera declarar en el Comité que investigaba la muerte del presidente; y Roselli apareció muerto un año después en un bidón de gasolina, en mitad de las aguas de Miami.

Cuando se decidió a hablar, muchos le reprocharon Campbell los veinte años de silencio y sus mentiras ante el Senado. Cundía la sensación de que su historia podría haber contribuido a probar que el asesinato de Kennedy fue una conspiración orquestada por la Mafia, una de las teorías más extendidas. Judith también creyó a pies juntillas esta hipótesis. Tanto, que murió convencida que si se hubiera lanzado a contar lo que sabía nada la habría salvado de acabar como Roselli o Giancana.

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