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El Supremo de EEUU respalda al pastelero que no quiso hacer una tarta para una boda gay

El Tribunal ha fallado 7-2 a favor de Jack Phillips por el sesgo anticristiano de la Comisión que lo condenó, pero no estudia el problema de fondo.

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El Tribunal Supremo de EEUU no ha entrado en el debate de si la libertad religiosa y de expresión debe prevalecer sobre la no discriminación. | Corbis

Los jueces de izquierdas Kagan y Breyer se han unido a los cuatro jueces conservadores y al juez Kennedy, que suele ser el voto que decide los casos más complicados, para fallar a favor de un pastelero que se negó a diseñar una tarta de bodas para una boda homosexual alegando motivos religiosos. Ha sido precisamente Kennedy el encargado de redactar el fallo, que concluye que "crear una tarta de bodas para una pareja del mismo sexo sería el equivalente a participar en una celebración contraria a sus creencias más profundas".

Sin embargo, la decisión no se basa en que la libertad religiosa deba necesariamente prevalecer sobre el derecho a no ser discriminado en este contexto concreto, sino a que la condena original de la Comisión de Derechos Civiles de Colorado violó la "neutralidad religiosa", afectando por ello a la primera enmienda, que además de la libertad de expresión garantiza el libre ejercicio de la religión sin interferencia del Estado federal. La condena, ratificada por un tribunal del estado, de que el pastelero violó la ley de antidiscriminación estatal supuso una"hostilidad clara e inadmisible hacia unas creencias religiosas sinceras".

El fallo responde al caso de Charlie Craig y David Mullins, que en julio de 2012 acudieron a una pequeña pastelería llamada Masterpiece Cakeshop en Lakewood (Colorado) para encargar su pastel nupcial, pero el pastelero rechazó el encargo. "En cuanto nos sentamos con el dueño, preguntó para quién era la tarta y, al decir que era para nosotros, nos dijo inmediatamente que no iba a hacer una tarta para una pareja gay", narró Mullins en una conversación de ambos con Efe antes de que el Tribunal escuchara a las partes.

Sin embargo, el pastelero Jack Phillips ha argumentado desde el principio que tiene otros clientes homosexuales y que su objeción se refiere exclusivamente al matrimonio gay. Desde antes incluso que el Tribunal Supremo legalizara en 2015 el matrimonio gay en todo el país, diferentes floristas, cocineros o fotógrafos se han negado a prestar servicios en bodas de parejas del mismo sexo en aquellos estados donde eran legales. Su argumento es que los servicios que ofrecen requieren del uso de cierta creatividad y que son una expresión artística, por lo que deberían tener el derecho a discriminar contra celebraciones a las que objetan por motivos religiosos o morales.

El Tribunal Supremo no ha entrado en ese debate. El fallo, por tanto, permitiría en teoría que se prohibiera a cualquier pastelero a discriminar en contra de las bodas homosexuales siempre y cuando la ley o su aplicación se apliquen con neutralidad y sin mostrar hostilidad hacia la religión. Pero deja abierta la pregunta de si una ley de este tipo volaría el derecho a la libertad de expresión. Esta cuestión se tendrá que abordar en futuros casos donde no se pueda apreciar discriminación antirreligiosa. De este modo el Tribunal se ha asegurado de contar con siete de los nueve votos, algo inusual en casos que polarizan tanto la opinión pública norteamericana como éste.

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