
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado la revisión de los casos de al menos once investigadores, relacionados fundamentalmente con programas nucleares o espaciales, que han muerto o desaparecido en los últimos años –de 2023 a 2026– en extrañas circunstancias. Cuestión que el mandatario norteamericano ha calificado como un "asunto muy serio" y que ya se estaría analizando.
🇺🇸 El presidente Trump dice que acaba de salir de una reunión en la que le informaron sobre la investigación de los 10 científicos con acceso a información clasificada sobre ovnis, nuclear y aeroespacial que han desaparecido o han sido encontrados muertos y que hará seguimiento… pic.twitter.com/D8ouA7FCfa
— Eduardo Menoni (@eduardomenoni) April 16, 2026
El presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, James Comer, ha advertido en declaraciones a la cadena Fox que "algo siniestro podría estar sucediendo". "El Congreso está muy preocupado por esto. Nuestra comisión lo está convirtiendo en una de nuestras prioridades, ya que lo consideramos una amenaza para la seguridad nacional", ha añadido.
NEW: The 11 dead or missing U.S. scientists are now being viewed as a "NATIONAL SECURITY THREAT."
"It does appear that there’s a high possibility that something sinister is taking place here," House Oversight Chair James Comer tells Fox.
"Congress is very concerned about this.… pic.twitter.com/nY0p0nX5Jp
— Fox News (@FoxNews) April 20, 2026
Los últimos casos
Lo que inicialmente parecía una teoría conspiranoica ha adquirido otra dimensión después de los sucesos acontecidos en los primeros meses de 2026. El crimen del astrofísico Carl Grillmair, conocido por su trabajo sobre los exoplanetas y haber descubierto agua fuera del planeta Tierra, desató la señal de alarma. El científico, de 67 años, fue asesinado a tiros el pasado 16 de febrero justo en frente de su casa.
Pocos días después, el 27 de febrero, desapareció el general retirado William McCasland en Albuquerque (Nuevo México), dejando atrás todos sus dispositivos electrónicos. El militar trabajó para el Pentágono y fue comandante del Air Force Research Laboratory en la base Wright-Patterson de Ohio, que ha registrado miles de avistamientos de ovnis –más de 700 aún sin explicación–, donde gestionó un ambicioso programa de ciencia y tecnología.
La gota que colmó el vaso fue el hallazgo del cadáver del investigador farmacéutico Jason Thomas, que trabajaba para el Instituto Novartis de Investigación Biomédica en Cambridge y llevaba tres meses en paradero desconocido, el pasado 17 de marzo en un lago de Wakefield (Massachusetts). El cuerpo del fallecido, de 45 años, llevaba puesta la misma ropa que llevaba el día en que fue visto por última vez, el 12 de diciembre de 2025.
Desapariciones de 2025
Sólo en dos meses de 2025 desaparecieron tres trabajadores con acceso a información importante: en junio se perdió la pista de la ingeniera de la NASA Mónica Jacinto Reza, cuando realizaba senderismo en el Bosque Nacional de Ángeles, y la de Melissa Casias, administrativa con credenciales de seguridad en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, dejando todas sus pertenencias en casa.
El caso de la primera resulta curioso por su conexión con otro desaparecido, McCasland. Reza fue la creadora del Mondaloy, un metal utilizado en motores avanzados de misiles y cohetes. El general supervisaba proyectos de investigación en el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea y en concreto el de la ingeniera de la NASA que desapareció unos meses antes que él.
La de la segunda llama la atención porque sólo unas semanas antes, en mayo, desapareció otro trabajador del mismo laboratorio, ubicado en Nuevo México (a unos 150 kilómetros de donde desaparecería McCasland): Anthony Chavez, vinculado a investigación nuclear. Lo único que se sabe de él es que salió de su vivienda y ya no se le volvió a ver.
El asesinato de Loureiro
El físico portugués Nuno Loureiro, director del Plasma Science and Fusion Center del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), murió el 15 de diciembre de 2025 poco después de ser tiroteado a la entrada de su domicilio de Brookline, en el condado de Norfolk, delante de su hija de 14 años. El principal sospechoso del crimen fue identificado como Claudio Manuel Neves Valente.
Un compatriota de la víctima que estaría vinculado con un tiroteo registrado el 13 de diciembre en la Universidad de Brown, en el que dos personas murieron y nueve resultaron heridas, y que se habría suicidado tras matar al profesor de 47 años. El cuerpo del presunto asesino de Loureiro fue hallado con supuestos signos autolíticos en un depósito de cadáveres de Salem, New Hampshire.
Ambos habrían coincidido en un programa académico en su país, entre 1995 y 2000. Se cree que pudo desarrollar una especie de obsesión con el físico portugués. Ante la imposibilidad de interrogar al sospechoso, el móvil del crimen sigue siendo un interrogante. Hasta su fallecimiento, la víctima lideraba un proyecto para convertir la energía de las estrellas en electricidad terrestre.
Otras muertes sospechosas
Previamente, se habían registrado los fallecimientos de otros científicos que ahora se han sumado a la lista de muertes sospechosas que investiga el FBI. La primera fue la del investigador de la NASA Michael David Hicks, que murió el 30 de julio de 2023 por causas desconocidas. Tenía 59 años y trabajaba en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la agencia espacial.
Un año más tarde, el 4 de julio de 2024, murió un antiguo colaborador de Hicks con estrechos vínculos con el JPL: Frank Maiwald, de 61 años. La causa de su fallecimiento tampoco se hizo pública. El último caso incluido entre los que hay que revisar es el de la científica de 34 años Amy Eskridge. Su cadáver fue encontrado el 11 de junio de 2022 en su vivienda de Huntsville (Alabama) con una herida de bala. Su muerte fue catalogada como un suicidio.
Junto a su padre, el ingeniero exempleado de la NASA Richard Eskridge, creó The Institute for Exotic Science. Ella era conocida por su trabajo en el campo de la propulsión avanzada y el desarrollo de la tecnología "antigravedad". Antes de su muerte, denunció públicamente que estaba siendo amenazada y acosada por su investigación sobre Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP).

