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Yanukóvich destituye al alcalde de Kiev que autorizó la represión

A pesar de las concesiones del presidente, siguen las protestas en varias ciudades del país. La Iglesia Greco-Católica se ha ofrecido a mediar.

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El presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich, ha destituido este viernes de su cargo al alcalde de Kiev, Alexánder Popov, y nombró en su lugar al diputado del oficialista Partido de las Regiones Vladímir Makeenko. La destitución del alcalde y el nuevo nombramiento aparecen en sendos decretos publicados en la página web de la presidencia ucraniana.

Popov mantenía el puesto de forma interina, después de ser apartado de sus funciones, después de que autorizase la violenta disolución por la policía de una manifestación opositora en la plaza de la Independencia (Euromaidán) el pasado 30 de noviembre, un hecho que hizo estallar las protestas que no han cesado desde entonces.

Siguen los enfrentamientos

Sin embargo, esta decisión del presidente ucraniano no ha evitado nuevas protestas y enfrentamientos entre manifestantes y la policía. Este viernes, un grupo de manifestantes tomó la sede del Ministerio de Energía de Kiev, mientras que otros opositores asaltaron y se hicieron con el control de una sede oficial en la ciudad de Vinnitsa (centro de Ucrania), informaron medios locales.

El asalto al Ministerio de Energía fue llevado a cabo por militantes del movimiento cívico Spilna Sprava ("causa común"), según cuyo líder, Alexander Daniliuk, los guardias que custodiaban el edificio no ofrecieron resistencia a los asaltantes.

Ayer, también fue tomado en Kiev por manifestantes el edificio del Ministerio de Política Agraria, que se sumó al Ayuntamiento y a la Casa de los Sindicatos, en manos de los opositores desde el pasado noviembre, cuando comenzaron las protestas contra el Gobierno del presidente, Víktor Yanukovich.

En Vinnitsa, manifestantes opositores asaltaron y tomaron la sede de la junta provincial de gobierno, sin que la policía que lo custodiaba pudiera detener a la muchedumbre.

Según informó en su cuenta de Twitter el diputado opositor Andrei Shevchenko, del partido Batkivschina (Patria), de la encarcelada exprimera ministra Yulia Timoshenko, unas 600 personas asaltaron el edificio, donde "se escucharon explosiones". El diputado reconoció que los responsables de la sede oficial fueron sacados del edificio a rastras por los manifestantes. En los últimos días se está extendiendo la toma de edificios oficiales en otras ciudades de Ucrania.

La Iglesia se ofrece

Por otro lado, el arzobispo de la Iglesia Greco-Católica de Ucrania, Sviatoslav Shevchuk, se mostró hoy dispuesto a mediar entre los dos bandos enfrentados en este país para prevenir el estallido de una guerra civil.

"Todo el mundo ha reconocido que sin los sacerdotes en los últimos días hubiera sido muy difícil calmar la ira de la gente. Cada uno, dentro de sus propios límites, debe hacer todo lo posible para lograr la paz en Ucrania y prevenir una guerra civil", aseguró a Efe Shevchuk en un perfecto español.

Shevchuk se manifestó "muy preocupado" por que las protestas pacíficas hayan desembocado en los últimos días en desórdenes y subrayó que es urgente "dejar atrás la lucha sangrienta y regresar a la discusión civilizada para construir un futuro democrático".

"Las protestas pueden deteriorar en una explosión irracional y tener un carácter muy destructivo. Los ucranianos somos un pueblo muy apasionado. Debemos ser fuertes y salvar la unidad del país. Fuerte es aquel que sabe dominar sus emociones", advirtió.

Por ello, los católicos, pero también la Iglesia Ortodoxa y las otras confesiones presentes en Ucrania "llaman a las partes a iniciar un diálogo". "Se lo dije al presidente, Víktor Yanukóvich. La única alternativa a la lucha sangrienta es el diálogo", insistió.

De hecho, los representantes de las iglesias ucranianas ya se reunieron el viernes con Yanukóvich y harán lo mismo con los líderes opositores en un intento de "jugar un papel de mediadores de la pacificación".

El líder católico aseguró que el detonante de los enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios había sido la aprobación de leyes "dictatoriales" que se han convertido en "un mecanismo de represión".

"El Gobierno debe dejar de hablar con el pueblo desde una posición de superioridad, de fuerza. Cuando la gente siente que usan contra ella la represión, reacciona de la misma forma", destacó. Shevchuk opina que, aunque ambas partes en conflicto tienen responsabilidad por la violencia, el hartazgo de los manifestantes tras dos meses de protestas está más que justificado.

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