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El hombre de Merkel se hace fuerte mientras Rajoy negocia una comisaría

Si nada cambia, Jean Claude Juncker, con el apoyo de Merkel, será el candidato del PP europeo a presidir la Comisión.

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Antonio López Istúriz, secretario general del PP europeo, conversa con los periodistas en un receso del cónclave | Tarek

La designación del candidato de los populares europeos a presidir la futura Comisión Europea promete terminar con un cierre de filas en torno al candidato de acento alemán, el ex primer ministro luxemburgués Jean Claude Juncker, que, con el apoyo de la canciller Angela Merkel, llega al congreso de su familia política prácticamente sin rival. Las distintas delegaciones sopesan ahora qué puesto reclamar a cambio del apoyo al candidato oficial.

Aunque partían como una terna en la que el ex primer ministro letón y el comisario de Mercado de Interior se medían con el luxemburgués, el primero se retiró de la contienda esta misma semana y fuentes populares dan por hecho que el candidato francés (el hoy comisario Michel Barnier) hará lo propio. Aunque el aspirante galo a presidir la próxima Comisión Europea había puesto toda la carne en el asador, vendiéndose despacho a despacho como "el único candidato que conoce la Comisión Europea" y encontrando apoyos entre la delegación española del PP, fuentes populares aseguran que la propia UMP no apuesta por su candidato, sino que preferiría optar a otros puestos clave dentro del ajedrez institucional.

España aspira a "la mayor representación"

Mariano Rajoy llega al congreso del PP europeo, que se celebra en Dublín, con la advertencia de que sus votos son decisivos. En los últimos días, incluso se aireó desde círculos gubernamentales la posibilidad de que Íñigo Méndez de Vigo -el secretario de Estado para la UE- aspirara al puesto de presidente, a modo de presión. Aunque al presidente le gusta Barnier, con quien se reunió dos veces en Moncloa, fuentes de su equipo reconocieron que aceptará a Juncker si a cambio España sale beneficiada con una comisaría potente u otro puesto comunitario importante.

La delegación española lo dejó todo abierto hasta el final. "Todavía no se va a comunicar", contestó María Dolores de Cospedal a su llegada a la cumbre. Lo único que avanzó es que el PP patrio votaría de "forma unitaria" y que sus 56 votos -faltan dos representantes, uno de ellos Alejo Vidal Quadras- vayan al candidato que les haya prometido el mejor cargo en las instituciones comunitarias. "Aspiramos a tener la mayor representación posible y de la mayor calidad", resumió Cospedal.

Rajoy aún quiere "disipar algunas dudas", según fuentes populares. Los líderes del PPE elegirán el viernes a su candidato a liderar el Ejecutivo comunitario si la formación resulta vencedora en los comicios europeos del 25 de mayo al Parlamento Europeo.

Candidato pese a las zancadillas

Lo único que, según un alto cargo del Partido Popular Europeo, siempre estuvo claro es que el elegido tendría que tener rango de primer ministro. En ese sentido, el nombre de Jean Claude Juncker, bendecido por la poderosa CDU de Merkel, nunca chirrió, al menos sobre el papel. Sin embargo, su carácter, deslenguado e irreverente, y sobre todo, su pasaporte triple A, no entusiasma a algunos líderes populares, que habrían preferido algún candidato que "equilibrara más los poderes". Y es que el impertinente o carismático, según quien lo describa, Juncker, amigo de apretar las tuercas a países en apuros, llevó la batuta del Eurogrupo con un arrojo que no gustaba en todas las capitales.

De hecho, no faltaron las zancadillas en su carrera hacia uno de los puestos más golosos de la Unión Europea. Hay incluso quien interpretó un comentario displicente de su sucesor, el holandés Jeroem Dijsselbloem, que lo describió con desdén "como aficionado al alcohol y al tabaco", como un encargo de algún enemigo político.

En todo caso, Jean Claude Juncker ha campado durante siete años por los pasillos del Consejo y, conocedor de las maniobras de los Gobiernos, ha sabido sobrevivir a ellas y llegar indemne al congreso de Dublín.

Desde aquella insólita instantánea agarrando por el pescuezo al ministro Luis De Guindos, hasta la encendida defensa que hizo de su amigo Dominique Strauss Khan, pasando por varios desahogos jocosos con la prensa de madrugada (como decir en plena guerra de Libia que tenía que marcharse porque le esperaba Gadafi), las estampas que dejó la presidencia más convulsa desde la creación del euro podrían volver a repetirse si, una vez aupado por su familia política, designado por los Gobiernos y aprobado por el Parlamento Europeo, acaba encabezando el Ejecutivo comunitario.

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