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Los conflictos congelados: las claves del dominio de Rusia en Europa del Este

Antes del conflicto ucraniano, Moscú ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo y la solución de los conflictos congelados en la región.

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Antes del conflicto ucraniano, Moscú ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo y la solución de los conflictos congelados en la región.
Militares rusos, durante la guerra en Georgia | Wikipedia, Napster14

Tras la desintegración de la URSS en 1992, Rusia adoptó el papel de su legítima sucesora en materia de política exterior. La doctrina del near abroad llegó a ser el eje principal del Kremlin en sus relaciones diplomáticas con otros Estados y se expresó en el deseo ruso de apuntalar su presencia en las exrepúblicas soviéticas a través del control político, militar y económico.

En este contexto, el objetivo de Moscú es evitar que estos países exsoviéticos caigan en la órbita de organismos internacionales considerados rivales como la OTAN, y ejercer un monopolio político y económico sobre estos Estados. Otro aspecto del near abroad, que también explica en gran medida las actuaciones de Rusia en Ucrania, es el cada vez más predominante convencimiento de que la identidad rusa se define sobre todo por un criterio lingüístico, que se expresa en la defensa de las minorías rusas que viven en los países vecinos.

Con anterioridad del conflicto ucraniano, Rusia ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo y la solución de los llamados conflictos congelados en la región, cuyos principales protagonistas, igual que en Ucrania, son las minorías de origen ruso.

Transnistria

Se trata de un territorio secesionista dentro de Moldavia que está ubicado entre el río Dniester y Ucrania. Es precisamente el río Dniester el que divide al país moldavo en dos partes muy distintas, el oeste agrario y rural, de una tradición moldavo-rumana y el este urbanizado e industrial, cuya mayoría de la población la constituyen eslavos de origen ruso.

Tras la desintegración de la URSS, cobraron fuerza los nacionalistas moldavos, que querían reintroducir el rumano como el principal idioma del país, a lo que reaccionaron los secesionistas eslavos, que simpatizaban con Rusia y que querían una amplia autonomía para Transnistria con respecto al gobierno moldavo de Chisinau y seguir vinculados a Rusia.

Entre marzo y julio de 1992 se produjeron numerosos enfrentamientos armados entre ambos bandos, por lo cual la comunidad internacional se vio obligada a intervenir. Ante el estallido del conflicto, Rusia mostró una actitud muy ambigua, ya que aunque reconocía el principio de no injerencia en los asuntos internos de los países miembros de la CEI, también declaró como prioritaria la protección de las minorías de origen ruso en las exrepúblicas soviéticas.

Así pues, aunque el Kremlin oficialmente había proclamado su neutralidad en el conflicto, indirectamente favorecía a los secesionistas que contaban con el armamento y el apoyo logístico y militar del 14 ejército ruso. El conflicto fue parcialmente resuelto con los Acuerdos de Moscú de 21 de julio, que permitió a Rusia trasladar una unidad militar a Trasnistria con el objetivo de velar por la paz en la zona aparte de la presencia en la zona del Grupo Operacional de Fuerzas Rusas. Aunque Rusia se había comprometido a retirar sus tropas mediante varios acuerdos, a día de hoy éstas siguen estando en la región.

Abjasia y Osetia del Sur

Georgia es un pequeño país transcaucásico entre Europa y Asia que tiene una importancia vital para los intereses geopolíticos de Rusia en la región por ser uno de los núcleos estratégicos en la red de gaseoductos y oleodusctos y por tener acceso al mar Negro. Entre 1992 y 1993, miles de georgianos fueron étnicamente depurados de Abjasia por movimientos secesionistas.

En estos años, ambas regiones consiguieron salir del control georgiano gracias al apoyo económico y militar de Rusia que también concedió pasaportes rusos a sus hablantes. En 1995, Moscú firmó un acuerdo bilateral con Georgia, que le permitió establecer cuatro bases militares en territorio georgiano por un periodo de 25 años.

Sin embargo, con el triunfo de la Revolución Rosa en 2003, llegó al poder en Georgia el prooccidental Mikhail Saakashvili que, tras varios años de tensiones y conflictos con los secesionistas, lanzó en 2008 una operación militar con el objetivo de recuperar las dos regiones, que fue contestada por el ejército ruso con el pretexto de la defensa de sus ciudadanos rusos.

Así pues, tras la guerra de Georgia, Moscú logró sus dos objetivos principales: consiguió que estas dos regiones se convirtieran en una especie de protectorados rusos e impidió el ingreso de Georgia en la OTAN. Además, Rusia mantiene aun hoy una considerable presencia militar en las dos regiones, con lo cual ejerce influencia sobre los asuntos internos de Georgia.

Nagorno-Karabaj

Se trata de otra región conflictiva, con un 80% de población armenia y que a lo largo de la historia ha oscilado de una soberanía a otra. En 1920, Azerbaiyán renunció a este enclave en favor de Armenia, pero un año más tarde lo anexionó a sus territorios.

Las solicitudes de reintegración de este territorio a Armenia fueron constantes tanto desde Erevan como desde el Parlamento local de Nagorno-Karabaj. Así se llegó a 1991, cuando la declaración de independencia de la región desencadenó una guerra que provocó la muerte de más de 40.000 personas.

La OSCE logró el alto el fuego en 1994. El interés de Rusia en la región separatista viene motivado de su deseo de ejercer más presión sobre Azerbaiyán para limitar su acercamiento a EEUU y aumentar su influencia en uno de los países más importantes para el transporte de recursos energéticos.

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