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Rusos consternados por el "monstruo criminal" que está al frente de su país

"Mi corazón se rompe en pedazos cuando veo lo que está haciendo mi patria", lamenta Alexander. Acogerá a una familia de refugiados en su casa.

"Mi corazón se rompe en pedazos cuando veo lo que está haciendo mi patria", lamenta Alexander. Acogerá a una familia de refugiados en su casa.
Protesta contra la invasión de Ucrania en Varsovia, el 3 de marzo. | EFE

Resulta complicado encontrar miembros de la comunidad rusa en España que quieran compartir su historia. Algunos porque apoyan a Vladimir Putin y temen recibir rechazo si lo expresan abiertamente. Otros, la mayoría de los casos, porque tienen miedo a las posibles represalias hacia sus familias o los intereses que aún conservan en Rusia. En este segundo grupo se encuentra Alexander, nombre ficticio que usaremos para preservar su anonimato.

Él es de los que vio lo que estaba por venir aún antes de la Crisis de Crimea, que -de facto- fue el pistoletazo de salida de una guerra encubierta y por goteo que explotó el 24 de febrero, con la orden de invasión de Vladimir Putin. La opinión que Alexander tiene sobre el mandatario ruso la podemos imaginar, si tenemos en cuenta que cree que sus seres queridos correrían peligro si desvelamos su identidad.

"Mi rechazo al régimen de Putin comienza ya en los primeros años de su llegada al poder", reconoce, "una gran cantidad de crímenes acompañaron toda su carrera política, empezando por el período de San Petersburgo, a principios de los años 90". Según asegura, "a mediados de la década de los 2000, ya tenía una gran base de pruebas" sobre ello.

Cabe recordar que Putin venía del KGB y sus primeros pasos en la política fueron de la mano de Anatoly Sobchak, alcalde de la mencionada ciudad portuaria, en 1991. Cinco años más tarde, tras varios escándalos de corrupción y la caída del primer edil en las urnas, el ex espía se marchó a Moscú. No tardó en ascender. En 1999, Boris Yeltsin le nombró primer ministro y poco después ocupó su puesto en la presidencia. Su carta de presentación: la Segunda Guerra de Chechenia.

"La pandilla de Putin ha creado un monstruo criminal que está al frente de Rusia, al que ha incorporado agentes de seguridad del Estado y los mercenarios más sanguinarios", sentencia. Y no es el único ruso que lo piensa. Además, critican que se ha servido de la "propaganda estatal", en la que han gastado "enormes sumas de dinero", para acrecentar su poder.

Putin, fascista

Alexander lo tiene claro desde hace mucho tiempo. "Para 2011, ya me había dado cuenta completamente de que el fascismo se había instalado en Rusia", asegura. Era fácil ver la correspondencia con los "14 signos" que dicta Umberto Eco. Se refiere a las señales que el semiólogo y escritor italiano enumeró durante una conferencia en la Universidad de Columbia en 1995, bajo el epígrafe El fascismo eterno, y que un par de años más tarde se recogieron en un pequeño libro titulado Contra el fascismo.

Eco se crio aprendiendo de memoria los "grandes discursos" de Mussolini, tuvo una infancia fascista. Lo describe bien en La misteriosa llama de la reina Loana, su quinta novela. Una autobiografía en la que retrata esa Italia de su niñez, que después abominó. Conocedor de la historia, Alexander detectó el peligro desde que Putin empezó a despuntar. Fue testigo de cómo él iba endiosándose y ganando poder, al tiempo que los rusos perdían libertad y autonomía.

Vaticinó la guerra

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Panel en Kiev de militares ucranianos muertos en la guerra del Donbás.

"Entre mi familia y amigos cercanos, compartí mis observaciones", señala. "Nos espera una guerra a gran escala con Ucrania, que este régimen desencadenará", se atrevió a vaticinar. No se equivocó. Aunque en ese momento "prácticamente nadie se lo tomó en serio". No obstante, él empezó a pensar en la posibilidad de emigrar.

En 2014, ejecutó la idea que le rondaba la cabeza desde hacía tiempo. Eran tiempos convulsos. Ese año tuvo lugar la Crisis de Crimea y comenzaron los conflictos en las regiones del Donbás, los primeros pasos de una guerra que Alexander supo ver venir. Así que sacó a su familia de Rusia y, al cabo de un tiempo, se trasladaron todos a España.

Una deuda moral

"Mi padre es ucraniano, mi madre es rusa. Mi corazón se rompe en pedazos cuando veo lo que está haciendo mi patria con el pueblo vecino", lamenta. Alexander y su familia sienten que tienen una deuda moral con las víctimas de esta invasión. Todos esos inocentes que tan poco parecen importarle a Putin.

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Refugiados ucranianos a su llegada a Madrid en autobús fletado por REMAR RUMANÍA.

Por ese motivo, han decidido acoger a una familia de refugiados de Ucrania en su casa. "Nos estamos preparando para conocerles", señala. "Estoy dispuesto a aceptar la culpa de Rusia, a arrepentirme por mi pueblo... Aunque nunca he sido partidario de Putin y siempre me he pronunciado enérgicamente contra él", asegura.

En estas cuestiones no sirven las medias tintas. "La guerra debe cesar y los responsables de desatar esta agresión deben ser castigados". Así de tajante se muestra Alexander, que espera el mundo entero se vuelque con los ucranianos. "Esta no es una guerra con Ucrania, sino con todo el mundo civilizado".

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