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Las cuatro razones que hacen a Mariúpol clave para la estrategia de Rusia en Ucrania

Moscú podría vender el primer éxito de su invasión si consigue crear un corredor terrestre entre el Donbás y Crimea y derrotar al batallón Azov.

Moscú podría vender el primer éxito de su invasión si consigue crear un corredor terrestre entre el Donbás y Crimea y derrotar al batallón Azov.
Un edificio de viviendas destruido por fuego ruso en Mariúpol | Cordon Press

Mariúpol es un objetivo prioritario para el Kremlin desde el día uno de la invasión de Ucrania. Las tropas rusas que entraron durante las primeras horas de la ofensiva desde la península de Crimea –anexionada unilateralmente por Rusia en 2014, pero ucraniana para la comunidad internacional– se dividieron en tres: norte, este y oeste. El mayor número de efectivos fue por la línea de costa este buscando esta ciudad, que era la décima más poblada del país.

Con el objetivo final de tomar Mariúpol también entraron en suelo ucraniano las tropas rusas que fueron en apoyo de las milicias rebeldes prorrusas de Donetsk y los mercenarios que las apoyan. El objetivo claro era sitiarla rápidamente avanzando desde el este y desde el oeste, algo que los rusos han terminado consiguiendo, pero con mucha más dificultad de lo esperado. Es la principal ciudad de esta provincia rebelde que estaba bajo control del Gobierno de Kiev.

Hay al menos cuatro razones que hacen que Mariúpol un punto estratégico y clave para la estrategia del Kremlin en Ucrania. Es por ello que Moscú está empleando tantos recursos en hacerse con el control de la ciudad, con un porcentaje de población local que alcanza el 90 por ciento de ciudadanos de ascendencia rusa, y también por lo que no está dudando en destrozar la ciudad para quedarse, aunque sea, únicamente con sus ruinas.

La primera razón es que el control de Mariúpol permitiría al Gobierno ruso tener un corredor terrestre que comunique sin problemas las dos provincias rebeldes de Donetsk y Lugansk –cuya independencia reconoció horas antes de la invasión y cuyo posible final será la anexión– con la península de Crimea y, en extensión, con la propia Rusia. Las comunicaciones actualmente a través del Estrecho de Kerch son bastante limitadas y complicadas.

La segunda razón es que una vez controlada esta ciudad, y contando con el corredor terrestre que la une a Crimea, Rusia tendrá el control exclusivo del mar de Azov, que hasta ahora tenía que compartir de mala manera con la propia Ucrania. Por extensión, además, se queda con el control del segundo puerto más importante que tiene Ucrania en el mar Negro, solo por detrás en volumen de negocio y tránsito del de Odesa.

La tercera razón es que, una vez controlada la ciudad, puede provocar un efecto bola de nieve en otros frentes. Es algo parecido al interés compuesto en economía, pero en versión militar. Se pueden enviar nuevas tropas a otro frente, desnivelando a favor de Rusia la situación de enquistamiento actual, y así sucesivamente, lo que puede desencadenar que la resistencia ucraniana se vaya desplomando como un castillo de naipes. Aunque, obviamente, no es seguro, porque en la guerra uno más uno no siempre suma dos.

La última razón del valor estratégico de Mariúpol para Rusia es la presencia en la ciudad del polémico batallón Azov, un grupo de unos 1.000-1.500 milicianos voluntarios ucranianos de clara tendencia ultraderechista, que ha servido en parte al Kremlin –así como a la extrema izquierda europea que apoya a Vladimir Putin– para crear la narrativa de que el Gobierno de Kiev está controlado por nazis y que todos los ucranianos que no quieren ser rusos son nazis.

La toma de Mariúpol por parte de las tropas rusas, así como la creación del corredor terrestre del Donbás con Crimea y la derrota del batallón Azov, permitiría a los estrategas de Moscú vender por primera vez un éxito importante en su invasión. Un éxito, incluso, que podrían vender a los ciudadanos rusos como el verdadero objetivo de su ofensiva. Obviando, lógicamente, los desastres del cerco a Kiev o a otras ciudades como Jarkov.

Hay que recordar que Vladimir Putin nunca ha especificado cuáles son los objetivos reales de la invasión. Habló de desnazificar y desmilitarizar Ucrania –dos conceptos totalmente abstractos a los que en un momento dado se pueden amoldar muchas realidades, sobre todo cuando el público ruso está dispuesto a comprar cualquier mercancía–, así como evitar el genocidio en el Donbás, algo que podría vender en cuanto termine de controlar estas dos regiones rebeldes.

Por tanto, el control de Mariúpol por parte de las tropas rusas permitiría al Kremlin tener ya un éxito mínimo para vender a su pueblo y con el que considerar la invasión de Ucrania como un éxito. Esto podría frenar la guerra o, por el contrario, permitir a Rusia continuar la ofensiva sabiendo que, a malas, y aunque no consiga nada más, tiene garantizado poder vender a su opinión pública que su guerra ha sido un éxito.

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