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La otra gran derrota de Rusia en Ucrania: ¿Qué supone que Suecia y Finlandia entren en la OTAN?

El Kremlin ve ninguneada una de sus líneas rojas pese a que amenazó con "consecuencias militares" si los dos países se incorporaban a la alianza.

El Kremlin ve ninguneada una de sus líneas rojas pese a que amenazó con "consecuencias militares" si los dos países se incorporaban a la alianza.
Las primeras ministras de Suecia y Finlandia, Magdalena Andersson y Sanna Marin, respectivamente. | EFE

La invasión de Ucrania está resultando nefasta para Rusia. No sólo porque está perdiendo casi todo su crédito militar en una ofensiva desastrosa en suelo ucraniano, que le podría haber costado muy cara en términos geopolíticos si no siguiese teniendo el poder de disuasión que concede su arsenal nuclear, sino también porque la desconfianza internacional que ha generado está haciendo que muchos de sus países vecinos miren ahora con deseo a la OTAN.

Suecia y Finlandia parece que van a ser las dos siguientes en unirse a la Alianza Atlántica. Neutrales desde hace décadas, con una población y una clase política contraria al ingreso en la organización supranacional, empezaron a cambiar de posición tímidamente tras la primera agresión rusa contra Ucrania en 2014 -anexión unilateral de la península de Crimea y apoyo con armamento a los rebeldes prorrusos del Donbás-.

La situación ha dado un giro espectacular en los últimos meses. La ofensiva militar rusa en Ucrania que empezó el pasado 24 de febrero ha acelerado los deseos tanto de la población como de la clase política de estos países nórdicos por unirse a la OTAN. Las encuestas conocidas en las últimas semanas han servido para apuntalar la decisión de una clase política que no se fía ya absolutamente nada de Moscú y que ve amenazada la integridad territorial de sus países.

Desde hace meses, políticos de Suecia y Finlandia vienen participando como si de un socio más se tratase en las reuniones físicas y telemáticas organizadas por la Alianza Atlántica. Incluso Estados Unidos les trata en muchos de sus comunicados sobre la OTAN como tales. El punto de inflexión es más que probable que llegue en próximo mes de junio, durante la celebración de la Cumbre de la OTAN que se celebrará en Madrid. Allí pedirán su ingreso en la organización.

Este miércoles, las primeras ministras de Suecia y Finlandia, Magdalena Andersson y Sanna Marin, respectivamente, se han reunido en Estocolmo con prácticamente un único punto de debate sobre la mesa, que no es otro que el futuro de la seguridad de ambos países. Están de acuerdo en que la decisión debe ser conjunta. Ambos países deben decidir de la mano si entran juntos a la OTAN o si se quedan ambos fuera de la organización supranacional.

El diario sueco Svenska Dagbladet dice que la decisión ya está tomada. El Partido Socialdemócrata de la primera ministra ya tendría decidido solicitar el ingreso en la Alianza Atlántica coincidiendo con la cumbre de Madrid. Un cambio histórico de postura que iría por la vía rápida que prometió el secretario general de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, si los países nórdicos se incorporaban. Es decir, un ingreso casi inmediato, sin los meses y meses de burocracia habitual.

La primera ministra finlandesa Sanna Marin ya ha dicho que la decisión definitiva de su país se va a conocer en las próximas semanas. La pasada semana, el diario finlandés ltalehti informó de que el Gobierno de Helsinki ya tiene diseñada una hoja de ruta para pedir oficialmente la incorporación de Finlandia a la OTAN antes incluso de la cumbre de Madrid.

El paso adelante de Suecia y Finlandia supone uno de los grandes fracasos de Rusia en la invasión de Ucrania. Su ofensiva no sólo no ha metido el miedo en el cuerpo a suecos y finlandeses, sino que les ha decidido a entrar en la OTAN haciendo caso omiso a las amenazas rusas. Hay que recordar que el Kremlin advirtió en febrero de este año, veinticuatro horas después de iniciar la invasión de Ucrania, que si Suecia y Finlandia entraban en la OTAN tendrían "consecuencias militares".

Si Rusia quería evitar tener un nuevo socio de la Alianza Atlántica en su frontera, como era el caso de Ucrania -todavía no sabemos cómo acabará la invasión rusa del país y qué consecuencias tendrá sobre la intención de Kiev de pedir el ingreso tanto en la OTAN como en la UE-, lo que está claro es que ya va a tener a un nuevo socio (Finlandia) junto a su segunda ciudad más importante -San Petersburgo- y otro a las puertas (Suecia).

Pero, por si fuera poco, la maniobra rusa también ha traído consecuencias en otros países que quieren acercarse al bloque occidental y que son una línea roja para Moscú. Georgia ha vuelto a pedir el ingreso en la OTAN, algo que la organización no ha descartado y el Kremlin considera una amenaza -no en vano mantiene dos repúblicas fantasma en su interior para desestabilizar el país- y Moldavia ha pedido su ingreso en la UE -otro de los organismos que quiere vetar Putin a los países de la esfera del Pacto de Varsovia que todavía no son socios-.

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