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La nueva vida de la hija del 'monstruo de Amstetten': cerca de su mazmorra y casada con su guardaespaldas

Elisabeth Fritzl y sus seis hijos, fruto de las violaciones a las que le sometió su padre, viven en una pequeña aldea a 30 minutos de Amstetten.

Elisabeth Fritzl y sus seis hijos, fruto de las violaciones a las que le sometió su padre, viven en una pequeña aldea a 30 minutos de Amstetten.
Josef Fritzl encerró a su hija en un zulo oculto tras una pared del sótano. | EP/EFE

Elisabeth Fritzl fue encerrada por su padre cuando cumplió la mayoría de edad en una pequeña vivienda soterrada que él mismo había construido —al menos un año antes— bajo el jardín de la casa familiar. Una especie de búnker secreto en el que la mujer permaneció cautiva durante 24 años. Los cinco primeros vivió sola, después fueron llegando los niños que nacieron como resultado de las violaciones sistemáticas a las que le sometía su carcelero y que —por otra parte— se convirtieron en su mayor motivación para seguir con vida.

Dio a luz a siete hijos. Uno de los bebés nació con insuficiencia respiratoria y murió poco después al no recibir la asistencia médica que necesitaba, recoge la sentencia por la que se responsabiliza a su progenitor de su muerte. Michael no fue el único de los hijos de Elisabeth que padeció distintos problemas de salud derivados del carácter incestuoso de su concepción. También es el caso de Kerstin, la mayor de las hijas-nietas de Josef Fritzl, que es quien logró poner fin al infierno en el que vivían (ella, su madre y dos de sus hermanos).

Cuando la joven tenía 19 años, tuvo un fallo multiorgánico ocasionado por una enfermedad genética y Fritzl tuvo que llevarla al hospital, ocasión que ella aprovechó para pedir ayuda. Los sanitarios que la atendieron encontraron una nota de auxilio en uno de sus bolsillos y se abrió una investigación que acabó con la detención del monstruo de Amstetten. Un ciudadano austríaco que sus vecinos definían como educado y encantador. Finalmente, fue condenado a cadena perpetua por los delitos de asesinato por omisión de ayuda, esclavismo, privación de libertad, violación, incesto y coacción agravada.

Lo planeó durante años

Fritzl pudo pergeñar su maquiavélico plan durante años. Según publicó The Guardian, el ingeniero eléctrico pidió los permisos para construir una bodega en su casa mucho antes de encerrar a su hija. Recibió la autorización para realizar la reforma hacia finales de los 70. El cautiverio de Elisabeth comenzó en 1984, pero ella declaró ante la policía que las violaciones empezaron seis o siete años antes, cuando tenía 11 o 12 años. Él mismo reconoció después que se había convertido en "una adicción".

La joven quería marcharse lo más lejos posible al cumplir la mayoría de edad. Así se lo había comunicado a su entorno, por lo que Fritzl sabía que -si lo permitía- iba a perder el control sobre ella. En cuanto su hija cumplió los 18 años, la encerró y le hizo creer a todo el mundo que se había fugado para adherirse a una secta. A la mañana siguiente de meterla en el sótano, puso una denuncia por desaparición para no levantar sospechas. También obligó a la joven a escribir diferentes cartas que hicieran creíble su versión de lo ocurrido, fundamentalmente dirigidas a su madre.

¿Saldrá en libertad?

En primer lugar, para comunicarle su marcha. Después para justificar que Josef apareciera con tres niños de Elisabeth para criarlos con su mujer —Rosemarie— y el resto de su familia. Así ocultó durante casi un cuarto de siglo las atrocidades que cometía en aquel sótano. Tras su liberación, Elisabeth y sus hijos recibieron nuevas identidades —para ayudarles a mantener su anonimato y rebajar la presión mediática que había sobre ellos— e iniciaron una nueva vida. Aunque siempre con el miedo a que vuelva el monstruo de Amstetten.

Quince años después de que Josef Fritzl fuera condenado a cadena perpetua, un tribunal austríaco ha decidido trasladarle a una cárcel para presos comunes. Es decir, que deje el psiquiátrico de alta seguridad en el que estaba interno para que cumpla el resto de su pena en una celda regular. Una resolución muy polémica porque abre la puerta a que la defensa pida su liberación, como ya ha ocurrido. Su abogada alega que el preso ha dejado de ser un peligro para la sociedad y no hay riesgo de reincidencia.

‘Village X’, cerca del zulo

A raíz de estos hechos, la prensa europea ha vuelto a poner el foco en cómo viven las víctimas del monstruo de Amstetten. Eso sí, sin desvelar ningún dato que permita que sean identificadas. Aunque sus vecinos, aseguran, saben quiénes son. Según Daily Mail, Elisabeth —de 56 años— reside con sus hijos en una pequeña aldea situada a unos 30 minutos del sótano en el que estuvo encerrada 24 años y la familia hace una vida normal. Incluso es habitual verles en el restaurante del pueblo, aseguran algunos lugareños.

La de la mujer es una casa unifamiliar de dos plantas con una pequeña piscina y un jardín "muy cuidado". Elisabeth, que recibió un importante subsidio por cada uno de sus vástagos cuando se destaparon los hechos, se habría encargado de tener cerca a Kerstin. Su hija mayor vive independiente pero muy cerca de ella, justo enfrente. Ambos inmuebles "dan a unas tierras planas y monótonas", que se encontrarían "próximas al Río Danubio".

Por su parte, el periódico The Mirror asegura que los seis hijos de Elisabeth, que ahora tienen entre 21 y 35 años, duermen con las puertas abiertas y reciben terapia semanalmente. La mayoría de ellos viven con su madre en la vivienda mencionada, que describe como "una casa pintada de colores brillantes" ubicada en la campiña austriaca, a la que los medios del país se refieren como ‘Village X’ para que no sea localizada.

El guardaespaldas, su marido

Elisabeth se enamoró perdidamente del hombre al que se le asignó la tarea de protegerla, una vez salió del sótano en el que estuvo cautiva durante más de dos décadas. Se trata de Thomas Wagner, un guardaespaldas de la empresa A&T que es 23 años menor que ella. Por lo que relata su entorno, se podría decir que fue un flechazo.

La mujer y los tres hijos que vivieron con ella en el zulo desde su nacimiento fueron liberados el 26 de abril de 2008. A partir de ese momento, Wagner se convirtió en su sombra y también en su mayor apoyo. Unos meses después de conocerse, formalizaron su relación. En 2009, decidieron vivir juntos (él se mudo a la casa de la familia).

La pareja se casó hace alrededor de cuatro años, cuando Elisabeth tenía 52 años, y todavía siguen juntos. "Esta la prueba de que el amor es la fuerza más poderosa del mundo", señala uno de los cuidadores del equipo psiquiátrico que ha tratado a la hija del monstruo de Amstetten con el que pudo hablar el diario The Mirror.

Una vida "normal"

En estos 15 años, Elisabeth ha recuperado el tiempo perdido. Su entorno asegura que ha hecho los deberes con sus hijos, ha aprendido a conducir, tiene su círculo de amigos y está decidida a "que cada uno de sus días esté lleno de actividad". Algo que concuerda con la información ofrecida en 2011 por una cuñada de Josef Fritzl, que afirmó que su sobrina había logrado recuperar la normalidad.

Según dijo, le encantaba ir de compras porque "no podía hacerlo mientras estuvo encerrada". "Todos los niños van a la escuela y trabajan duro. Félix, el más pequeño, tiene una PlayStation", añadió. No obstante, el camino hasta alcanzar esa normalidad no fue fácil. "Poco después de su liberación, la mujer comenzó a desarrollar una obsesión por la limpieza, duchándose hasta 10 veces al día", recogían los informes médicos.

Por otra parte, la relación de la mujer con los tres hijos que Josef se llevó arriba, a la casa familiar, se fue forjando con los años. Lisa (1992), Mónica (1994) y Alexander (1996) se criaron sin la presencia de su madre ni la de los tres hermanos que vivieron en cautiverio —Kerstin (1988), Stefan (1990) y Félix (2002)—, a unos metros de ellos bajo el suelo.

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