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Marius Gustavson, el 'fabricante de eunucos': castraba a sus víctimas, vendía las imágenes y se comía sus testículos

El noruego, recientemente condenado a cadena perpetua, es responsable de la mutilación y castración de la menos trece varones (uno de ellos menor).

El noruego, recientemente condenado a cadena perpetua, es responsable de la mutilación y castración de la menos trece varones (uno de ellos menor).
Marius Gustavson, conocido como el 'fabricante de eunucos'. | Facebook

El Tribunal Penal Central de Inglaterra y Gales (Old Baley) ha condenado a cadena perpetua a Marius Gustavson, más conocido como ‘Eunuch maker (fabricante de eunucos)’. El noruego -de 46 años y residente en Reino Unido- ha admitido la mayor parte de los delitos que se le imputaban: cinco cargos de conspiración para perpetrar daños físicos graves intencionadamente; elaboración y distribución de imágenes indecentes de un menor y posesión de pornografía extrema.

Gustavson impulsó la creación de una macabra ‘sociedad’ que realizaba "modificaciones corporales extremas" a otros hombres que -supuestamente- participaban de forma voluntaria, aunque a muchos (personas vulnerables o en estado de vulnerabilidad) se les ofrecía dinero a cambio y fue detenido gracias a la denuncia interpuesta por uno de ellos en 2020 (que aseguró que había sido drogado). En cualquier caso, él mismo reconoció haber mutilado y castrado a al menos 13 varones, uno de los cuales era menor de edad (16 años).

Lo hizo con la ayuda de una decena de personas sin cualificación médica, lo que provocó que muchas de las operaciones salieran mal y tuvieran que llamar a los servicios de emergencias, mintiendo sobre el origen de los cortes que presentaban las víctimas. Circunstancias que motivaron que el juez Mark Lucraft KC tachara sus prácticas como "carnicería humana". Un macabro espectáculo que, por increíble que parezca, tenía su público.

Las intervenciones eran grabadas y difundidas a través de una plataforma de pago que acumulaba cerca de 23.000 suscriptores. Se calcula que su fundador -Gustavson- recaudó más de 300.000 libras (350.000 euros) entre 2017 y 2021 distribuyendo videos de amputaciones de penes, testículos y pezones, fundamentalmente. Sus clientes pagaban 100 libras al año por tener acceso a ese tipo de contenidos. Según defendió la fiscal Caroline Carberry durante el juicio, el condenado incluso vendía las partes extirpadas a través de la web.

¿Por qué lo hacía?

Gustavson puso en marcha el sádico negocio en 2017, meses después de que se divorciara de su esposa y comenzara su adicción a las mutilaciones. Según el relato de su abogado, Rashvinderjeet Panesar, tras la ruptura de su matrimonio desarrolló disforia de integridad corporal. Una enfermedad psiquiátrica por la que el individuo siente el deseo incontrolable de amputarse partes sanas de su cuerpo.

Un trastorno que explicaría que se autolesionase, pero no que provocara lesiones a otras personas. Y mucho menos que montara "un negocio lucrativo de mutilar a otros", añadió la fiscal. "La motivación era sexual y financiera", sentenció. El letrado de la defensa señaló -sin embargo- que cuando él lo probó en sus propias carnes y constató el sentimiento de "empoderamiento" y "aceptación" que le hacía sentir decidió poner en marcha la web y ayudar a otros hombres.

Una sociedad ‘null’

Cierto es que Gustavson empezó experimentando con su propio cuerpo. En primer lugar, pidió a uno de sus cómplices -Damien Byrnes- que le cortara el pene. El miembro extirpado fue hallado cuatro años después guardado en un cajón de su casa. Dos años más tarde, se extirpó un pezón y se congeló una pierna en seco hasta el punto de que fuera necesario amputarle parte de ella. Desde entonces, se desplaza en silla de rudas.

Las prácticas del ‘fabricante de eunucos’ -miembro reconocido del activismo LGBT en Londres- y su grupo se clasifican dentro de la subcultura ‘null’, a la que pertenecen personas que quieren "anular" sus genitales y con ello su masculinidad, ya que la práctica totalidad de los seguidores de este movimiento son hombres. Pero Gustavson llevó su fantasía hasta el extremo.

De la mutilación al canibalismo

La fiscal Carberry mantuvo en el juicio que Gustavson llegó a cocinar e introducir en un plato de ensalada los testículos de una de sus víctimas para comérselos, por lo que también le acusó de "canibalismo". Posiblemente, lo hiciera -al menos en parte- con el objetivo de ofrecer a sus suscriptores un contenido jugoso, que pudiera ser de su interés. Un caso similar vio la luz en 2012 y la noticia dio la vuelta al mundo.

El protagonista de la historia era un joven artista japonés -de 22 años- que se sometió voluntariamente a una extirpación de pene y testículos para ofrecerlos como comida a aquellos que estuvieran dispuestos a aceptar el reto (pagando por ello). El varón, Mao Sugiyama, tuvo que pasar un examen psicológico y -una vez descartado que padeciera una enfermedad mental- pudo llevar a cabo su propuesta.

Testículos a la carta

Mao Sugiyama captó a sus clientes a través de Twitter. "Por favor, retwittea. Ofrezco mis genitales masculinos (pene completo, testículos, escroto) como comida por 100.000 yenes... Los prepararé y cocinaré según lo solicite el comprador, en el lugar elegido", compartió en su perfil. Cinco personas aceptaron su oferta (había un sexto, pero no se presentó el día de la degustación).

Según informó The Huffington Post, el artista japonés se sometió a la amputación de las partes mencionadas poco después de cumplir los 22 años de edad. Y entonces puso fecha al promocionado festín: el 13 de abril de 2012. Tal y como prometió, ese día preparó distintos platos elaborados con sus genitales. Y los comensales pagaron alrededor de 600 euros -de hoy- por la cena.

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