Menú

Castilla y León

La Iglesia católica se enfrenta a un brote de los tradicionalistas, que rechazan a Francisco y apoyan la misa tridentina

El ala más conservadora ha logrado sumar nuevos apoyos dentro y fuera de la institución, para preservar los ritos preconciliares.

El ala más conservadora ha logrado sumar nuevos apoyos dentro y fuera de la institución, para preservar los ritos preconciliares.
Francisco preside la misa de la Epifanía en la Basílica de San Pedro, el 6 de enero de 2024. | Cordon Press

La crisis desatada por la ruptura con Roma de las monjas clarisas de Belorado no es más que el reflejo de una batalla interna que se está librando en el seno de la Iglesia católica. Los tradicionalistas, que rechazan la apertura y modernización que supuso el Concilio Vaticano II, han vuelto a la carga.

Entre sus objetivos podemos citar el de recuperar la misa tridentina (en latín), también llamada vetus ordo (del viejo orden) o preconciliar (anterior al Concilio Vaticano II). Aunque determinados grupos van más allá y tendrían como fin último el de hacer caer al papa Francisco, al que no reconocen como Sumo Pontífice.

Los últimos son los sedevacantistas. Una corriente cismática minoritaria dentro de la vertiente tradicionalista. Para ellos, la sede apostólica de Roma está vacante (de ahí el nombre del movimiento) desde la muerte de Pío XII. De manera que consideran que todos los papas posteriores a él son unos usurpadores.

Desde la Santa Sede se intenta poner coto a la corriente ultraconservadora restringiendo el uso de los ritos tridentinos, con los que algunos estarían intentando dinamitar la institución desde dentro. Aunque la mayoría de ellos terminan incurriendo en un delito de cisma y -en consecuencia- estando fuera de la Iglesia católica.

Así pasó con las diez clarisas de Belorado excomulgadas el pasado 22 de junio. Y también con Carlo María Viganó, al que las exreligiosas apoyaron públicamente. El arzobispo y exnuncio (representante diplomático del Vaticano) fue expulsado el 4 de julio, tras insistir en sus graves acusaciones contra Roma y el propio Francisco.

Su cisma, como el de las hermanas del monasterio burgalés, ha sido uno de los más sonados. El de las primeras por encomendarse un falso obispo de una organización considerada una secta por el Vaticano y dejar sin blanca las arcas del convento. El segundo por sus tesis antivacunas y sus feroces ataques al papa.

Pero Viganó no es el único prelado que se revela ante los preceptos de la máxima autoridad eclesiástica o que comparte objetivos con los más conservadores. Es el caso de monseñor Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco. El tradicionalista, que sin embargo usa a menudo sus redes sociales, está a favor de la misa en latín.

Carta en The Times

En el comentario de X, Cordileone se congratula de la publicación -el pasado 2 de julio- en The Times de una carta abierta firmada por miembros destacados de la sociedad británica en apoyo a la misa tradicional, ante los rumores que apuntan a que el Vaticano estaría preparando una nueva batería de restricciones en relación con la celebración de la liturgia en latín.

La misiva emula a la que la escritora Agatha Christie envió en 1971 a Pablo VI para rogarle que no suprimiese la tridentina en Reino Unido, por su valor cultural y espiritual. La reina del suspense logró que sobreviviera durante un tiempo en Inglaterra y Gales. De ahí que un grupo de personalidades, como Bianca Jagger (exmujer del líder de los Rolling Stones) o Julian Fellowes (creador de la serie Downton Abbey), hayan hecho lo mismo ahora.

En cualquier caso, el verdadero reto de la Iglesia católica es conseguir la comunión con Roma de aquellos que se han alejado como consecuencia del rumbo escogido por Francisco, que ha tomado decisiones como pedir a Zelenski que se rindiera ante Putin o recibir encantado al dictador cubano Miguel Díaz-Canel en el Vaticano. Extremos que animan al ala más conservadora de la institución a querer restaurar los valores tradicionales y acabar con la deriva modernista de Bergoglio.

El lefebvrismo

Los seguidores de Marcel Lefebvre conforman uno de los grupos tradicionalistas católicos más numerosos y de mayor relevancia. Se consideran los guardianes de la verdadera Iglesia católica y rechazan el espíritu reformista del Concilio Vaticano II (1962-1965). A día de hoy, la comunión de estos con Roma sigue sin ser posible pese a que la Santa Sede ha mantenido la mano tendida durante décadas.

Monseñor Lefebvre se mostró contrario a algunos de los documentos que fueron aprobados durante el concilio, convocado por Juan XXIII en busca de un acercamiento a la sociedad moderna. En particular, los que tenían que ver con la actualización de la liturgia, la relación de la Iglesia católica con otras religiones o la libertad religiosa. A pesar de su oposición a estos extremos, él firmó todos los decretos.

Se unió por tanto a la posición de la mayoría de los obispos que participaron en el encuentro ecuménico (el vigésimo primero de la historia), de la que se separó de forma manifiesta con el paso de los años. Se convirtió en la piedra en el zapato de Pablo VI y quienes le sucedieron. Tanto es así que, pese a que siempre se declaró fiel a la Iglesia y al papa, acabó excomulgado por desobediencia.

Un nuevo desafío

El 30 de junio de 1988, Lefebvre ordenó a cuatro obispos sin autorización de Juan Pablo II. Eran jóvenes miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que él mismo fundó en 1970. Al día siguiente, el cardenal Bernardin Gantin publicó el decreto de excomunión para cada uno de ellos. Cabe señalar que Benedicto XVI los volvió a acoger en el seno de la Iglesia católica en el año 2009.

Murió en 1991. "Su obra sirve a la Iglesia salvando el sacerdocio católico", asegura la fraternidad en su web. "A pesar de las condenaciones romanas con que se ve dolorosamente sancionado, tanto él como su Fraternidad, por negarse a aplicar la reforma litúrgica, Marcel Lefebvre sigue adelante", destacan, porque obedecer "sería colaborar a la destrucción de la Iglesia".

Sus seguidores han dado continuidad a su obra. De hecho, la sociedad sacerdotal que fundó ha anunciado que -tal y como él hiciera, en 1988- van a realizar "nuevas coronaciones" (ordenaciones de obispos) para seguir con "la operación de supervivencia de la tradición católica". Se avecina -por tanto- un nuevo asalto de los tradicionalistas lefebvrianos, que vuelven a desafiar la autoridad del papa.

Temas

En Internacional

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Biblia Ilustrada
    • Libro
    • Curso