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La huella de las "garantías" de Chávez en la oposición

El escalofriante caso de Andrés Ayala pone a las claras la existencia de torturas y violación de derechos del régimen chavista.

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Heridas sufridas por Andrés Ayala durante los intentos de asesinato que ha sufrido en prisión | AA/LD

En plena campaña para su reelección indefinida, el exgolpista venezolano Hugo Chávez cargaba en enero de 2009 contra el movimiento estudiantil de la oposición, al que acusaba de provocar incendios. Micrófono en mano, proclamó ante una muchedumbre:

"Doy la órden de una vez, señor ministro de defensa, ministro de interior y los jefes de la policía: a partir de este momento, el que salga a quemar un cerro, el que salga a quemar unos árboles, a trancar una calle, me le echan gas del bueno y me lo meten preso. Y si no lo hicieran, me raspo a los jefes responsables."

Logró su objetivo, no sólo el de la reelección sino el de la represión política a sus oponentes. En aquella ocasión les acusó falsamente de quemar árboles y cerros. Más adelante utilizaría otras artimañas para cumplir sus amenazas. Finalmente, algunos de aquellos estudiantes dieron con sus huesos en la cárcel y ahora denuncian torturas, entre ellas, encierros con gas lacrimógeno ("del bueno") hasta caer desmayados.

Es la historia de Andrés Ayala, un estudiante de periodismo venezolano que en septiembre de 2007 viajó a España para entrevistarse con líderes políticos y medios de comunicación –entre ellos Libertad Digital– con la intención de denunciar las prácticas totalitarias de Hugo Chávez así como la persecución de libertades a la que el tirano sometía al pueblo venezolano.

En aquella ocasión, Ayala vino a España como portavoz del movimiento estudiantil de oposición a Chávez "Manos por la Libertad" y denunciaba la intención de instaurar un "comunismo legal" mediante la reforma de la Constitución cercenando, entre otros derechos, el de la libertad de expresión.

Se reunió con representantes políticos como Jorge Moragas, Ignacio Uriarte –entonces de las Nuevas Generaciones del PP- o el diputado del PNV Iñaki Anasagasti –venezolano de nacimiento–. También tuvo reuniones con otros medios de comunicación, partidos jóvenes como Ciudadanos o personajes famosos como Boris Izaguirre –también venezolano–. Tras su particular road show por la libertad, regresó a Venezuela, se casó y montó un negocio de automóviles en uno de los mejores lugares de Caracas, en Las Mercedes. Entonces, no sabía lo caro que le saldría haber aireado las tropelías del régimen chavista.

En mayo de 2012, Andrés Ayala llevaba un año en prisión. Había sufrido un intento de asesinato tras recibir seis puñaladas en el presidio de La Planta. Además, según relató en conversación exclusiva con Libertad Digital, había sido víctima de torturas continuas sin que mediara un juicio por su caso.

El régimen "metió preso" a Andrés Ayala acusándole de estafa con una gran cobertura mediática de todos los aparatos del régimen, cuando planeaba presentarse a concejal en el municipio de Baruta (estado de Miranda). Una vez en prisión, le ha "echado gas del bueno" y, como dice uno de los portavoces de "Manos por la Libertad", a punto ha estado de "raspárselo".

Con mucho esfuerzo y sin apenas medios, Libertad Digital logró ponerse en contacto con este preso, que se dice político. Al menos, así lo denuncia: "Somos presos políticos, al fin y al cabo", cuenta. "A todos los presos políticos nos van a colgar un delito por parte del Gobierno para justificar que estemos presos". "Toda Venezuela sabe que soy un preso político", insiste y confía en que "la comunidad internacional actúe en contra de este gobierno tirano y se pronuncie por nosotros".

La detención

Según denuncia Andrés Ayala, su persecución política comenzó a principios de 2010 cuando se planteó competir por un cargo como concejal en Baruta. Así, y según su testimonio, el Gobierno urdió un montaje "en las oficinas de mi negocio" pagando "a un grupo de personas chavistas para que dijeran que yo les estafé, algo que es mentira". Lo arrestaron y lo condujeron a la prisión de la Planta y posteriormente se realizó la denuncia.

Ayala contó que actualmente el Gobierno le acusa de haber financiado al movimiento estudiantil y haber dañado las relaciones internacionales de Venezuela. Dice que pretenden mantenerle encerrado durante 30 años, pese a que la pena máxima que contempla el código penal venezolano por estafa –el delito del que oficialmente se le acusa– es de cinco años, según el artículo 464. "Por medio de amenazas y torturas insistían para que confesara la acusación". Pese a que aseguraba que aún no había sido sometido a juicio, Ayala desmiente las acusaciones y niega haber estafado a nadie.

Las torturas

La cárcel de la Planta es considerada internacionalmente como una de las penitenciarías más peligrosas y violentas del mundo. Allí, Andrés Ayala ha sufrido toda clase de agresiones y torturas. Según relata él mismo, en 2011 sufrió seis puñaladas: "Una de ellas me la dieron en la mano izquierda, por lo que he perdido parte de la movilidad de la mano. La otra me la dieron en la espalda, me llegó al pulmón y es la que casi me mata", relató a LD. No obstante, la realmente grave le fue asestada en el estómago, que le produjo unos daños que no sanaron tras la primera operación. A consecuencia de ello, tiene una perforación en el estómago: "Lo tengo deforme y me ha afectado mucho la salud. Necesito otra operación, pero los tribunales venezolanos me la han denegado", cuenta Ayala.

La fortuna de Andrés no cambió cuando fue trasladado a la cárcel de Yare III, en el estado de Miranda, en la que se encontraba en mayo. Según su relato, soporta torturas sistemáticas por parte del personal del penal, a las que el venezolano trata de sobrevivir con un estado de salud cada vez más deteriorado. Según explicaba, llevan a cabo un macabro catálogo de agresiones: "Ponen a las personas en la reja y ponen unas baterías conectadas a unos cables y te colocan electricidad", y en otras ocasiones "nos dejan todo el día esposados a las rejas de las cárceles cara al sol y nos golpean con palos". Muchas de las agresiones y violaciones de derechos humanos que denunció guardan una siniestra similitud con las palabras de Hugo Chávez: existe un cuarto en el que "nos meten, y allí lanzan unas bombas lacrimógenas y cierran las puertas. Cuando las personas se desmayan, es que las sacan".

Incluso dentro del entorno antichavista, el silencio de Andrés Ayala tras su detención causó bastante sorpresa, según nos confiesan fuentes de la oposición. Antes de que se desatara el caso "Autoenmano" (nombre de la empresa que montó Andrés Ayala), comenzaba a cosechar cierta relevancia en la lucha por las libertades en Venezuela y su repercusión mediática era reseñable, especialmente fuera de las fronteras del país, allí donde no impera el control chavista de la información. Por ello, que Andrés guardara silencio durante este año de cárcel, fue interpretado como un síntoma de culpabilidad, o un éxito de la estrategia del régimen.

Pero, según nos explicaba, Andrés Ayala tenía miedo. Por ello, y confiado en que pudiera acogerse a un proceso judicial con unas mínimas garantías, optó por no publicitar su caso en demasía y no usó la incipiente repercusión mediática que había alcanzado. Pero de poco sirvió su silencio. Aguantó las torturas, y esperó desde su tercermundista celda a que su caso llegara a los Tribunales, donde poder defenderse; o, a lo sumo, acogerse a una condena acorde al delito. Pero eso nunca llegó, y las torturas se agudizaban.

Acabada la esperanza, Andrés se ha decidió a romper su silencio y mostrarnos su infierno. "Sé que por estas declaraciones me puedan trasladar a otro campo de concentración en donde quizá me torturen peor, quizá me maten pero yo seguiré luchando", reconoce. Con fotografías trata de documentar las cicatrices que los inumerables atropellos físicos han dejado en su cuerpo, cada vez más castigado por los rigores de Yare III. De los otros atropellos, Andrés sólo tiene su testimonio.

Con él, trata de lanzar una llamada de auxilio a los organismos internacionales, y a todo aquél que quiera escuchar su historia, que califica como una "sistemática violación de los derechos humanos". A pesar de todo, Andrés sigue reclamando el derecho a un juicio justo, en el que pueda demostrar su inocencia. Las cicatrices de su cuerpo le recuerdan que esto será imposible en Venezuela: "Me niego rotundamente a que se me realice un juicio en estos tribunales venezolanos ya que en este país no hay justicia porque no existe la separación de poderes", asegura.

Cuesta encontrar algo en el futuro de Andrés que invite a la esperanza. Los medios controlados por el gobierno difunden que Ayala se declaró culpable de estafa, y que la pena que le aplicarán se basará en su autoinculpación, pero Andrés lo niega. "Me van a caer treinta años, y ni siquiera a los asesinos y los secuestradores se les aplica esa pena. Los últimos casos que yo recuerdo son las personas que están acusados de haberle dado el golpe de estado a Chávez", explicaba. "Ni siquiera he tenido oportunidad de defenderme".

El infierno comenzó el 9 de mayo de 2011, y aún continuaba en mayo de 2012, fecha en la que se realizaron los contactos, la recopilación de información y la entrevista. Desde entonces, Libertad Digital perdió el contacto y ha tratado de recuperarlo, con él o su familia. Ha sido imposible. 

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