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Sao Paulo y Río de Janeiro ceden a las protestas

Las dos principales ciudades de Brasil cedieron a la presión de las mayores protestas en dos décadas y bajaron el precio del transporte público.

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Las dos principales ciudades de Brasil cedieron a la presión de las mayores protestas en dos décadas y bajaron el precio del transporte público.

Las autoridades locales se resistieron durante días a tomar este paso con el argumento de que tendrán que recortar inversiones y gastos social en otras áreas, como salud y educación, cuya mejora los manifestantes también reclamaban.

Al final, las protestas continuas, que también se repitieron este miércoles, pusieron a las alcaldías de Sao Paulo y Rio de Janeiro contra las cuerdas, después de que el miércoles una decena de ciudades, entre ellas capitales importantes como Recife y Porto Alegre, ya anunciaran bajadas.

"Es un sacrificio grande. Vamos a tener que cortar inversiones porque las empresas (concesionarias) no tienen cómo financiar esa diferencia", avisó el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin. El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, dijo que espera que el Congreso apruebe un proyecto de ley que reduce los impuestos sobre el transporte público para compensar en parte el "sacrificio" que realizará la municipalidad para atender a los manifestantes.

El anuncio de la bajada del valor de los billetes tuvo lugar mientras algunos miles de personas se manifestaban en Niterói, un municipio en la región metropolitana de Rio de Janeiro. "El gigante acordó" y "soy brasileño, con mucho orgullo" fueron algunos de los cantos que entonaron los participantes, que siguieron marchando tras la marcha atrás de los ayuntamientos.

La protesta derivó en enfrentamientos entre la policía militar y un grupo de manifestantes que hicieron un gran fuego en una de las principales avenidas de la ciudad y atacaron establecimientos y un autobús. La policía bloqueó de manera preventiva el puente sobre la Bahía de Guanabara que une Niterói con Rio de Janeiro, de ocho carriles y 13 kilómetros de longitud, con lo que la única comunicación entre las dos márgenes fue mediante barcas.

Previamente, en Fortaleza, en el noreste del país, hubo otra confrontación entre la policía y un grupo de manifestantes que cortaron el tránsito de la avenida principal de acceso al estadio que acogió el partido entre Brasil y México en la Copa Confederaciones Al menos ocho agentes resultaron heridos por piedras lanzadas por los manifestantes.

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