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Los terroríficos psiquiátricos de Venezuela

La escasez de fármacos hace que los pacientes tengan que ser encerrados o atados para evitar ataques psicóticos. Los hospitales no pueden atenderlos.

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Los terroríficos psiquiátricos de Venezuela
Un paciente esquizofrénico que no tiene medicación | Meridith Kohut para New York Times

Si hace unas semanas veíamos, a falta de cunas, a los neonatos metidos en cajas de fruta en los hospitales públicos de Venezuela, este miércoles los medios internacionales denuncian la horrible situación de los enfermos psiquiátricos: faltan antipsicóticos, insalubridad, abandono… Espeluznante.

La interrupción del tratamiento en el caso de pacientes con esquizofrenia está suponiendo un peligro de muerte para sus familiares o sus cuidadores. En el reportaje publicado por el diario norteamericano The New York Times, que ha visitado seis pabellones psiquiátricos en diferentes partes del país invitado por médicos venezolanos, se cuenta, por ejemplo, el tormento de un matrimonio "verdaderos seguidores de Chávez y de su revolución". Tienen dos hijos con esta enfermedad y desde mayo no toman el tratamiento, la olanzapina. Como consecuencia uno de los hermanos sufrió un ataque y se mutiló un brazo con una sierra eléctrica cuando se disponía a obedecer las voces que volvía a oír en su cabeza y que le mandaban matar a su familia.

En YouTube circula un vídeo del suicidio de una enferma que llevaba meses sin encontrar antidepresivos. Saltó de la novena planta del Hospital Central de la ciudad de San Cristóbal en Táchira. Según los datos de una de las cadenas farmacéuticas mayores del país, falta el 85 por ciento de los medicamentos psiquiátricos. "Las cosas más elementales no se encuentran", dice Robert Lespinasse, expresidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría.

Depresiones, paranoias… epilepsia

El diario norteamericano ha tenido acceso a un informe del Ministerio de Salud del régimen de Nicolás Maduro: en 2013 había 23.630 pacientes psiquiátricos en los hospitales públicos y el año pasado la cifra había descendido a 5.558. La reducción se debe a que la mayoría de los enfermos ha vuelto con sus familias, esos agraciados que no han sido abandonados a su suerte. Los hospitales "han decidido dar de alta o rechazar a miles de pacientes psiquiátricos porque ya no pueden tratarlos". Según se informa, por ejemplo, en el Hospital de El Peñón de Caracas solo quedarían dos pacientes a pesar de tener capacidad para 40.

Cuenta el reportaje, ilustrado con imágenes terribles, que "en la ciudad de Barquisimeto, las escenas en el Hospital Psiquiátrico El Pampero son de terror"... imágenes que recuerdan "a las de los prisioneros en los campos de concentración". El personal sanitario es incapaz de hacer más con los recursos que tiene. Ante la falta de sedantes y tranquilizantes, por su seguridad y la de los demás, algunos internos son encerrados o atados a sus camas o a "sillas de metal" para prevenir agresiones: mutilaciones, mordiscos, palizas... Otros están desnudos porque se pueden lastimar con la ropa. Intentan ahorcarse.

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Apenas llegan alimentos y los enfermos están muy demacrados, en los huesos. Como en los hospitales, faltan artículos de higiene para los enfermos y de limpieza para las instalaciones. El diario narra el olor a orina en los recintos. El agua corriente dura pocas horas al día, "no hay jabón ni champú, ni pasta de dientes, ni papel higiénico", denuncian. En los centros entran perros y gatos callejeros que también viven en el hospital, y "suelen dormir con los pacientes en sus camas". Los médicos y enfermeras alzan la voz porque están horrorizados. Al parecer "miembros del personal del hospital solicitan donaciones particulares durante su tiempo libre".

Como es de imaginar, el gobierno venezolano niega toda la situación y según NYT ha rechazado ayuda médica internacional. Hay que recordar que en el año 2000 Hugo Chávez nacionalizó las fábricas de medicamentos y las farmacéuticas extranjeras dejaron de servir mercancías porque se negó a saldar las deudas.

Todos, pacientes, profesionales, familiares, seres solos y atormentados padecen la demencia del régimen bolivariano. Y ante esto, "Que Dios tenga piedad de nosotros", dice una enfermera jefe.

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