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Los incendios del Amazonas en Brasil: entre el alarmismo, la hipocresía y la agitación política

Los peores registros de incendios en los bosques de Brasil se dieron bajo Gobierno de Lula da Silva.

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Los peores registros de incendios en los bosques de Brasil se dieron bajo Gobierno de Lula da Silva.
Protestas contra los incendios en Brasil | Efe

Los bosques de la Amazonía brasileña están ardiendo y la izquierda radical ha decidido que el culpable de la catástrofe natural es Jair Bolsonaro, el controvertido militar metido a político que dirige el gobierno del país sudamericano desde comienzos del presente año. El relato propagado por las redes sociales es claro: con la llegada de la derecha al poder, el respeto por el medio ambiente ha pasado a un segundo plano, lo que ha abierto la veda para el destrozo del paisaje amazónico.

Pero esta versión de lo ocurrido choca con distintas cuestiones que merece la pena traer a colación para entender mejor lo que está pasando en Brasil. Y es que, por mucho que la izquierda radical siga empeñada en culpar a Bolsonaro de los incendios, la realidad se antoja mucho más compleja. Para empezar, porque, según datos oficiales, la actividad total de incendios en la cuenca amazónica en lo que va de año se encuentra en el promedio de los últimos 15, pero hay más.

Leonardo Coutinho es uno de los periodistas más influyentes de Brasil en lo tocante a la información medioambiental. Preguntado por Forbes acerca de los incendios ocurridos en la Amazonía, el redactor de la revista Vieja ha sido tajante: "Los peores registros de incendios en los bosques de mi país se dieron bajo Gobierno de Lula da Silva".

Es importante recordar que el expresidente socialista, hoy encarcelado por diversos casos de corrupción, se presentó en numerosos foros internacionales como un abanderado de la causa ecologista. De hecho, su exministra del ramo, Marina Silva, alcanzó una gran visibilidad política y llegó a ser la favorita para suceder a Lula da Silva, un relevo que finalmente correspondió a Dilma Rousseff.

Como puede verse en el siguiente gráfico, elaborado con datos oficiales del Gobierno brasileño, el número de incendios tocó techo en 2005, 2007 y 2010, tres años en los que el Gobierno estuvo en manos de la izquierda. De hecho, aunque en los ocho primeros meses de 2019 se ha producido un repunte respecto al mismo periodo de 2018, las cifras son menores que las de 2016, cuando Dilma Rousseff ocupaba la Presidencia y los fuegos amazónicos crecieron notablemente.

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"Si uno estudia el tráfico en Google, tomando como referencia las palabras incendio y Amazonas, lo que puede comprobar es que a nadie le preocuparon aquellos incendios, que, sin duda, fueron mucho peores para el patrimonio natural de mi país. Por tanto, no creo que la histeria global esté justificada", apunta Coutinho.

El experto brasileño declaró a la revista estadounidense que "ni siquiera tenemos datos anuales, de modo que el análisis de tendencia aún es limitado. Peor aún en redes sociales vemos a políticos como Emmanuel Macron y actores como Leonardo Di Caprio compartiendo fotos que no tienen nada que ver con el tipo de incendios que tienen lugar en el Amazonas".

Según explica Coutinho, "los incendios forestales en la Amazonía brasileña están ocultos por la copa de los árboles. Este 2019 se ha producido una subida, pero tiene que ver principalmente con fuegos en matorrales secos o quemas ligadas a la deforestación ganadera. Por tanto, no solo se comparten imágenes falsas, sino que muchas no tienen nada que ver con el aspecto real de lo que está pasando".

Y es que buena parte de los mensajes sobre los incendios que han corrido como la pólvora por las redes sociales vienen acompañados por imágenes sacadas de contexto o directamente falsas. Se han popularizado, por ejemplo, estampas de incendios ocurridos en la India o en Estados Unidos, como también aparecen imágenes del Amazonas que tienen entre 15 y 30 años de historia. Todo ocurre, además, en el marco de una campaña de agitación coordinada desde movimientos vinculados al Foro de Sao Paulo, que se reunió recientemente hace escasas semanas en Caracas para relanzar su campaña contra los gobiernos de derechas de América Latina.

Asimismo, el periodista medioambiental apunta que la deforestación es un problema, pero recuerda que los estudios de la revista Science acreditan que su incidencia ha bajado un 70% en los últimos años. Por otro lado, Coutinho subraya que apenas el 3% de la tierra del Amazonas es apropiada para el cultivo de la soja y que el 50% de los bosques están totalmente blindados por leyes especiales del Gobierno federal.

El liberalismo frena la deforestación

En cuanto al problema de la deforestación, los estudios son claros: los países con más libertad económica registran mejores indicadores de conservación medioambiental. Esto se debe, principalmente, a que un régimen liberal genera más prosperidad y, en última instancia, dicha riqueza ayuda a preservar el entorno natural y permite aumentar el bienestar con un consumo de recursos menos intensivo.

Estudiando datos de 52 países emergentes para 1972 y 2003, un influyente estudio publicado en 2012 concluyó que la deforestación empieza a bajar cuando el PIB per cápita se sitúa por encima de los 3.000 dólares. Brasil rebasó dicho indicador en 2004 y, desde entonces, la tasa de deforestación ha sido entre cuatro y cinco veces menor. No obstante, el giro intervencionista de los años de Dilma Rousseff coincidió con un deterioro en este indicador, confirmando que darle la espalda al modelo liberal termina teniendo consecuencias negativas para el medio ambiente.

El fiasco del G7

También llama la atención que, durante la pasada reunión del G7, Alemania anunciase que retiraría los fondos que venía aportando para los proyectos de conservación del Amazonas cuando, curiosamente, las emisiones de CO2 del país teutón rondan los 90 billones de toneladas al año frente a los 14 billones de Brasil. No parece, pues, que el Gobierno germano esté en condiciones de lanzar grandes reproches al Ejecutivo de Bolsonaro.

Igualmente, el intento de Francia de cancelar el acuerdo UE-Mercosur debido a los fuegos en el Amazonas se inscribe en el tradicional proteccionismo galo que, de hecho, retrasó este acuerdo durante veinte años, por la presión del lobby agrario de nuestro país vecino.

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