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Perú al borde del abismo: de la amenaza de guerra a Chile a entrar en los Brics

Ocho mandatarios en diez años marcan la crisis de una democracia fragmentada donde Fujimori lidera las elecciones ante la amenaza de Sánchez y Humala.

Ocho mandatarios en diez años marcan la crisis de una democracia fragmentada donde Fujimori lidera las elecciones ante la amenaza de Sánchez y Humala.
Roberto Sánchez, candidato de extrema izquierda a la presidencia de Perú. | Europa Press

Perú lleva aproximadamente 10 años inmerso en un fracaso institucional sin precedentes. Como un laboratorio político y administrativo, este país hispanoamericano ha visto a ocho presidentes distintos desde 2015. A la inestabilidad hay que añadirle el habitual intento de la izquierda de perpetuarse en el poder e impedir que la democracia opere con normalidad. Aun así, ninguno de los inquilinos de la Casa de Pizarro (el Palacio de Gobierno de Perú) ha podido culminar su mandato. Irónicamente, la última amenaza que se cierne sobre Perú se llama Sánchez, Roberto Sánchez Palomino.

Este Sánchez, Roberto, se ha unido con Antauro Humala, un exmilitar condenado por homicidio, secuestro y rebelión, entre otros cargos, que pasó 17 años en la cárcel. Como si un reflejo del terrorismo que ha padecido España se tratase, defiende la guerra con Chile por Arica y Tarapacá, dos localidades fronterizas de soberanía chilena. Humala afirmó que conseguiría sus pretensiones "por la vía diplomática o por la vía armada".

Juntos por el Perú es el partido que congrega a estos dos siniestros personajes que luchan por rendir la exhausta democracia peruana. Y es que Humala no ha ocultado su afinidad por el régimen chavista ni Sánchez por entrar en los Brics. Tampoco por el expresidente golpista Pedro Castillo. Dicho de otro modo: la hoja de ruta antidemocrática es transparente.

Enfrente tienen a una Keiko Fujimori que busca, una vez más, alcanzar la presidencia. El problema, a pesar de la distancia entre Fujimori y Sánchez, es el intento de conseguir que este último pase a la segunda vuelta a través de las papeletas que se aglutinan en las regiones más alejadas de la capital, Lima. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), encargada de organizar y ejecutar las elecciones, no goza de la credibilidad entre los ciudadanos ni entre alguno de los candidatos; desde hace semanas, por tanto, las certezas de que el proceso sea limpio se han difuminado. Esto se debe a varios motivos. El primero de ellos consiste en las anomalías que ha denunciado el que fuera alcalde de Lima hasta las elecciones, Rafael López Aliaga, que ha pedido que se repita el proceso. Entre esas anomalías se halla el retraso de la llegada de las papeletas.

López Aliaga ha difundido un video en el que defiende que los resultados de las elecciones presidenciales de 2021 y este 2026 encajan exactamente y sostiene que la ONPE usó una caja, a modo de cajón de sastre, para beneficiar a Roberto Sánchez sobre el resto de candidatos. En lugar de depositarlas en las cajas correspondientes lo habrían hecho en otra distinta, con el fin de que no pudiera fiscalizarse el fraude. El segundo motivo es la corrupción que arrastra el país andino. El Estado peruano sufre una crisis interna de la que parece no recuperarse nunca.

Otro grave problema es la fragmentación. Aunque Fujimori lidera la primera posición, solo representa en torno a un 17% de los votos. Es decir, cerca del 80% de los peruanos ha votado por otro candidato. Esta fragmentación del voto, dividida en nueve candidatos, no ha hecho más que beneficiar a los aventureros como Roberto Sánchez o Antauro Humala. El nacionalismo, el indigenismo y el socialismo del siglo XXI unen fuerzas para asaltar el Palacio de Pizarro.

Mientras tanto, Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez se disputan el segundo puesto. El primero congrega el 11,9% de los votos; Sánchez, en cambio, se halla en el 12%.

Resulta llamativo que Piero Corvetto, el máximo responsable de la ONPE, dimitiera una semana después de la primera vuelta, y tras el inicio de las investigaciones sobre la logística. Además, desde el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), el máximo organismo autónomo del sistema electoral, encargado de fiscalizar la legalidad de los procesos electorales, impartir justicia electoral y proclamar a los ganadores, admitieron "serias irregularidades".

Raúl Barrios, presidente de la Cámara de Comercio de Lima, ha pedido que se repitan las elecciones y asegura que se ha producido un fraude. De fondo se encuentran los ciudadanos y las empresas que ven cómo la prosperidad es una ambición imposible en un país esclerotizado a causa de la burocracia, la ineficiencia y la corrupción.

Con todo, Perú corre el riesgo de convertirse en un nuevo miembro de los Brics y sembrar odios nacionalistas con su vecino. Perú se enfrenta, una vez más, consigo mismo y muestra la fragilidad de un sistema que se ha dejado parasitar por la demagogia y una izquierda que suele aliarse, a este lado y al otro del Atlántico, con aquellos que buscan la destrucción de la democracia liberal, por todos los medios de que dispongan.

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