
Si en Venezuela fue el chavismo, en Bolivia el indigenismo, el otro experimento siniestro de la izquierda hispanoamericana lleva el nombre de etnocacerismo. La mejor forma de definirlo podría ser como un cóctel ideológico que mezcla, a partes iguales, nacionalismo, racismo antioccidental y belicismo. En estas elecciones peruanas ha irrumpido, cómo no, gracias al apoyo del principal candidato de izquierdas, Roberto Sánchez, esta macabra ideología.
Este candidato no ha dudado en darle la mano y en acoger como aliado al exmilitar, criminal e insurgente Antauro Humala. Lleva décadas con un sueño muy claro: acabar con la frágil democracia del país andino y someterlo a su voluntad protorrevolucionaria.
Nacionalismo racial
El término, que parece algo exótico, es una ideología bien articulada; articulada en torno a la sangre. Su exotismo no la hace menos peligrosa. Y es que el origen de la palabra surge de unir el nombre de Andrés Avelino Cáceres, que fue un héroe peruano en la guerra contra Chile de finales del siglo XIX, con tintes claramente racistas.
El argumento principal de esta ideología es el siguiente: Perú debe estar gobernado por y para la población indígena andina. Junto al racismo antioccidental, que no solo aborrece al extranjero, sino también a los criollos, hay que añadirle su autoritarismo y sus referentes, que no pueden ser otros que el chavismo y el indigenismo de Evo Morales. En otras palabras: corrupción, tiranía y pobreza. Las señas de identidad de la izquierda hispanoamericana mainstream.
El primer etnocacerista fue Ollanta Humala, hermano mayor de Antauro, que presidió Perú entre 2011 y 2016. Entonces, el discurso era más moderado, pero no así lo fueron sus fracasos. El verdadero protagonista, sin embargo, es el hermano menor, Antauro.
En enero de 2005, lideró el llamado Andahuaylazo, una sublevación armada en la localidad de Andahuaylas en la que él y sus adláteres trataron de tomar una comisaría de policía. Mataron a cuatro agentes. Por ello, fue condenado a 25 años de cárcel por homicidio, secuestro y rebelión. Solo cumplió 17 años de condena.
Curiosamente, su partido se llama como él, Antauro, y fue declarado ilegal en 2024 por su intención evidentemente antidemocrática.
El mecanismo que ha encontrado para inocular su mensaje en el Estado peruano ha sido unirse al partido de Roberto Sánchez, el candidato de extrema izquierda que se encuentra, en estos momentos, en segunda posición de las elecciones.
Maduro, Morales y Humala
Esta coalición entre la izquierda y la violencia, que ya no puede sorprender a nadie, representa un proyecto abiertamente hostil a la democracia liberal. Como buen nacionalista peruano, su mayor enemigo es Chile. Humala ha declarado que su objetivo es que Arica y Tarapacá, dos localidades de soberanía chilena, se incorporen a Perú "por la vía diplomática o por la vía armada". Una amenaza que, como no puede ser de otra manera, no ha sentado bien en Santiago de Chile. El etnocacerismo es una propuesta de demolición del orden constitucional peruano y de la región de Sudamérica.
El etnocacerismo comparte con el chavismo y el evismo la demagogia simplista que ve en el extranjero un enemigo a batir y un chivo expiatorio de todos los problemas. El imperialismo yankee, la oligarquía o Chile son los nombres que han escogido para evitar cualquier responsabilidad ante el terror o la incompetencia.
La diferencia entre Maduro, Chávez, Evo Morales y Humala es que el etnocacerismo es, además, racista. Lo que en teoría política se denominaría etnosocialismo, en la práctica es no es más que aspiración al genocidio.


