
La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia se saldó con la victoria del candidato de la derecha, Abelardo de la Espriella, que se impuso con el 43,7% de los votos al ultraizquierdista Iván Cepeda, que se quedó en el 40,9% de los votos escrutados. En tercer lugar se situó Paloma Valencia, la heredera del proyecto liberal de Álvaro Uribe, con menos del 7% de apoyo popular. Lo apretado del resultado aventura una segunda vuelta reñida en la que los votantes de las fuerzas minoritarias tendrán un papel relevante en la elección del sucesor de Gustavo Petro al frente de la República de Colombia.
La victoria de de la Espriella ha sido un duro mazazo para el oficialismo comunista, que contaba con alcanzar una amplia victoria para evitar una segunda vuelta de estas presidenciales. El resultado de las urnas, en cambio, sitúa al candidato de derechas en una situación inmejorable para imponerse definitivamente en la nueva cita con las urnas, prevista para dentro de tres semanas.
La reacción de Petro es la que cabía esperar de un ultraizquierdista instalado en el poder, negando validez a los resultados electorales y acusando al candidato vencedor de haberse impuesto con trampas. El ex terrorista Petro no ha reconocido la derrota de su candidato, vencido por una diferencia de 800.000 votos, y acusa a la oposición de fraude electoral, una imputación sobre la que no ha podido mostrar ninguna evidencia.
Las palabras de Gustavo Petro en la misma noche electoral presagian unas semanas de violencia política en las ciudades y pueblos de Colombia, como ha ocurrido en anteriores ocasiones. Cabe recordar que el primer candidato presidencial de la oposición, Miguel Uribe, cayó asesinado hace menos de un año, tiroteado durante un acto electoral. La existencia de bandas organizadas al servicio del proyecto comunista de Petro y la frustración por la dura derrota de este pasado domingo pueden llevar al país a una situación excepcional, que podría afectar a la limpieza de la segunda vuelta de las presidenciales, si no se pueden celebrar con plenas garantías.
El papel de los observadores internacionales cobra, por tanto, una especial relevancia en estos momentos. La Unión Europea, cuya delegación está presidida por el español Esteban González Pons, ha de ejercer una vigilancia especial de este proceso para que los colombianos puedan elegir el rumbo de su país en libertad.
