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Los niños atrapados en una cueva de Tailandia: las tres opciones de un rescate casi imposible

Tras el milagro de hallar vivos a los 12 niños perdidos en una cueva de Tailandia, las fuerzas de rescate se enfrentan al desafío de sacarlos.

Libertad Digital
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Los doce niños de entre 11 y 16 años y su monitor, perdidos durante diez días en una de las cuevas más grandes de Tailandia después de que una tormenta inundara la entrada y les impidiera escapar, se enfrentan ahora al reto de salir de allí. Dos experimentados buzos los encontraron a unos cuatro kilómetros del acceso a la gruta tras varias horas bajo el agua. A la noticia del "milagro" de haberlos hallado ilesos se sumó, poco después, la constatación de las enormes dificultades del rescate. Estas son las tres opciones abiertas y las dificultades que entraña cada una:

Clases exprés de buceo:

La primera de las opciones es que los niños y su entrenador salgan de la cueva atravesando los pasadizos anegados de agua que les impidieron escapar. Para ello tendrían primero que aprender a nadar –ninguno de los niños sabe, según ha revelado uno de los buzos que participa en el rescate– y a bucear. También tendrían que recuperarse físicamente tras diez días sin comer y bebiendo el agua filtrada por las paredes de la gruta. Los dos buzos que los encontraron, los británicos John Volanthen y Richard Stanton, tardaron tres horas, ida y vuelta, en recorrer los últimos 1,5 kilómetros hasta la cavidad donde estaba el grupo. La razón, los desniveles, pasadizos muy estrechos y tramos en los que, aunque no están inundados, es necesario escalar. A ello se suma el hecho de que el agua está mezclada con barro y la visibilidad es prácticamente nula –los expertos lo comparan con sumergirse en "café con leche"–. Además, las corrientes son muy fuertes.

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Si la situación ya es peligrosa para los buzos especializados en rescates que están colaborando con Tailandia, los riesgos se multiplican en una expedición con niños sin experiencia alguna. En un primer momento, el rescate por los pasadizos se consideró el último recurso. Sin embargo, la opción parece coger fuerza como demostraría el hecho de que los niños ya están recibiendo instrucciones y practicando con el material, entre ellos máscaras de buceo que les cubren todo el rostro y que son más fáciles de utilizar que las de boquilla. Expertos británicos citados por la BBC explican que a los niños se les está enseñando a respirar de forma calmada y a mover lentamente sus aletas de buceo.

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Mientras, se baraja la opción de que los rescatadores sean los que lleven sus tanques de oxígeno, que los lleven los niños adosados a un lateral de su cuerpo o por debajo para evitar posibles choques con las paredes, y que cada uno vaya escoltado por hasta dos personas y atado a ellas para evitar ataques de pánico en las zonas de inmersión, donde en algunos casos tendrían que permanecer entre 10 y 15 minutos bajo el agua.

Permanecer cuatro meses en la cueva

Esperar hasta el fin del monzón era la opción preferida en los primeros momentos tras el hallazgo del grupo. Los jóvenes están en una gruta con agua y a una temperatura de 26 grados, lo que garantizaría su supervivencia con el abastecimiento desde el exterior, desde donde incluso están intentando tender un cable telefónico para que hablen con sus familiares. Sin embargo, es una posibilidad que empieza a perder fuerza porque implica también muchos riesgos: aparte del coste psicológico de permanecer meses en un espacio reducido y, hasta ahora, sin luz, se corre el riesgo de que las lluvias pongan en peligro incluso la cavidad donde lograron refugiarse. La humedad constante también es un factor que podría amenazar la salud de los jóvenes.

Hacer un agujero desde el exterior

Esta opción está prácticamente descartada por la profundidad a la que se encuentra el grupo –800 metros– y la orografía de la zona. La cueva está en plena selva, atravesando una montaña. Para llevar la maquinaria hasta el punto deseado habría que habilitar antes una carretera. Además, sería arriesgadísimo encontrar una vía hasta los niños sin provocar derrumbes en la cueva, de diez kilómetros de longitud y con zonas aún sin explorar.

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Por el momento, lo que sí están haciendo los operarios es intentar extraer todo el agua posible antes de que lleguen las lluvias, que se prevén muy fuertes para los próximos días. Es un trabajo también muy complicado porque a pesar del gran volumen de agua que están sacando de los túneles con 20 bombas de extracción, hay filtraciones constantes.

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