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Los afrikáners libertarios que desafían a la izquierda en Sudáfrica

Entrevistamos al vicepresidente de AfriForum, que combate sin tregua los desmanes liberticidas del muy incompetente y corrupto Gobierno sudafricano.

Marcel Gascón Barberá (Pretoria)
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Ernst Roets, en la sede de AfriForum en Pretoria | Oratile Mokgatla

Desde que el Gobierno del Congreso Nacional Africano (ANC, en sus siglas en inglés) emprendiera la reforma constitucional que permitirá al Estado expropiar sin indemnización terrenos agrícolas a los propietarios blancos, nadie como Ernst Roets (Pretoria, 1985) ha tenido tanta influencia en el debate público de Sudáfrica. En mayo exasperó al establishment de izquierda con su viaje a Estados Unidos. En nombre de AfriForum, la organización de defensa de los intereses de los afrikáners de la que es vicepresidente, Roets y su número uno, Kallie Kriel, se fueron a América a buscar apoyo para sus dos causas más candentes. Una, evitar las expropiaciones de terrenos agrícolas en manos de sudafricanos blancos que planea el Gobierno para dar más acceso a la tierra a la mayoría negra históricamente discriminada. La otra, conseguir más protección para los boérs, que son brutalmente asesinados en sus granjas a un ritmo cinco veces mayor que el resto de los sudafricanos.

Roets volvió a las andadas en septiembre con una brillante intervención a favor de la propiedad privada ante el comité parlamentario que ha de llevar adelante la reforma constitucional expropiadora.

El vicepresidente de AfriForum recibió a Libertad Digital en su oficina de Pretoria días después de que pronunciara ese discurso de alto voltaje ideológico, que escandalizó a casi todos los medios y partidos y le valió la felicitación y el agradecimiento de sus más de 200.000 afiliados. Y de muchos otros ciudadanos anónimos preocupados por el destino venezolano que podría correr Sudáfrica si al Gobierno le sigue subiendo la fiebre redistributiva. "Antes de hacer mi exposición nos reunimos y decidimos que no íbamos a entrar en el debate en los términos que ellos proponen, porque no aceptamos sus premisas", dice Roets sobre la visión de Sudáfrica del ANC, adoptada también por buena parte del partido liberal de la oposición, la Alianza Democrática. Según esta manera de ver las cosas, la prosperidad de la Sudáfrica blanca se explica fundamentalmente por las injusticias cometidas contra los negros, que deben corregirse mediante una intervención del Estado que redistribuya la riqueza y lleve a la emancipación de las antiguas víctimas.

La alternativa era abordar el asunto "desde una perspectiva más amplia", que es la que permite explicar las intenciones del Gobierno. "Esa perspectiva más amplia es que el ANC, según sus propios documentos tácticos y estratégicos, está tratando de llevar a cabo una Revolución Democrática Nacional en Sudáfrica, para lo que debe concentrar todo el poder posible en manos del Estado y utilizar mecanismos estatales para llevar a Sudáfrica por la vía del socialismo". Al abrir el ángulo, Roets pudo mostrar que el Gobierno del ANC podría haber haber comprado la mitad de los terrenos comerciales del país si hubiera destinado los cerca de 3.000 millones de euros que se ha gastado hasta ahora en sus ineficientes programas de redistribución de la tierra en adquirir los terrenos que se ponen a la venta cada año (el 5 por ciento del total de las propiedades). La perspectiva elegida también le permitió exponer la falta de voluntad del Gobierno para aumentar el número de propietarios negros: solo el 6 por ciento de las tierras compradas desde 1994 por el Estado han sido transferidas a manos privadas.

Odio africano contra AfriForum

Aunque los revolucionarios nacionalistas negros son enemigos declarados de AfriForum, la rabia más visceral les viene de los intelectuales afrikáners de izquierdas y de la casa en que publican muchos de ellos, News24. "Tienen una idea esencialmente ideológica y posmoderna sobre lo que debe ser Sudáfrica", dice Roets sobre sus adversarios ideológicos. "Según esta narrativa, los blancos son malos y los negros, las víctimas. El conservadurismo es malo, y el liberalismo, en el sentido clásico del término, una forma de nazismo. Y, por supuesto, el socialismo o el comunismo no son una amenaza. Y cualquier cosa que uno diga que desafíe a esta narrativa es considerada tabú".

Roets se refiere también a los procesos de razonamiento de esta izquierda que domina los medios y la vida pública. "Las conclusiones a las que llegan están basadas en hechos que no son ciertos", o, añade, en la deliberada omisión de realidades que desmienten sus creencias sobre el mundo, como las amenazas abiertamente racistas de muchos de los líderes del ANC o las claras resonancias al más criminal utopismo marxista de algunas declaraciones sobre una redistribución de la tierra que medios como News24 quieren hacer pasar por moderada. "El presidente Cyril Ramaphosa, por ejemplo, ha dicho que Sudáfrica se convertirá en el Jardín del Edén y se transformará en el paraíso si se lleva adelante el plan de expropiar sin compensación".

"Confunden las buenas intenciones con los buenos resultados", afirma sobre uno de los pecados clásicos de la izquierda revolucionaria. "Los políticos dicen que van a hacer tal cosa y declaran cuál será el resultado, a pesar de que no hay ninguna correlación clara entre la política y el resultado que prometen", agrega Roets, que lamenta la credulidad de periodistas e intelectuales que cualquiera supondría más leídos y sagaces a la hora de evaluar la retórica de los vendedores de felicidad social.

El yugo de la culpa

La claridad con la que organización denuncia los ataques contra granjeros y las expropiaciones a los propietarios blancos de tierras contrasta con la tibieza, que a veces se vuelve hostilidad contra las víctimas, que muestran otras voces de la comunidad afrikáner. Roets atribuye esta manera de actuar a la "depresión" en que se sumió el pueblo afrikáner cuando el crepúsculo del apartheid hizo innegable su perversidad. "La gente empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando, de lo que su comunidad le había hecho al país, y comprendió que estaba en el lado equivocado de la Historia desde un punto de vista moral. Comenzaron entonces una emigración hacia adentro. No se fueron del país, simplemente se retiraron a sus trabajos, a sus casas". "En muchos aspectos puede compararse con lo que ocurrió a la comunidad afrikáner a principios del siglo XX, después de perder la [segunda] guerra anglo-boér. Los afrikáners perdieron contra los británicos, fueron derrotados y sus granjas quemadas. Muchos granjeros tuvieron que dejar atrás sus propiedades y comenzaron a trabajar en las minas. Vino la urbanización. Más tarde llegó la Gran Depresión [la crisis del 29]. La gente vivía en la pobreza, el país estaba destruido, y la comunidad afrikáner tardó veinte o treinta años en recuperar la confianza y la seguridad en sí misma en comenzar a fundar nuevas organizaciones".

Casi un cuarto de siglo después de que comenzara la última depresión colectiva de los afrikáners, Roets ve signos de un nuevo resurgir en su comunidad, donde encuentra a cada vez más jóvenes dispuestos a dar la batalla política por sus derechos como minoría y contra la discriminación positiva que, de alguna u otra forma, les ha afectado desde que iban a escuela. "Pienso que tendrá un gran impacto a largo plazo", dice Roets sobre la toma de conciencia política e identitaria de muchos jóvenes afrikáners, fruto de un proceso de rearme comunitario e ideológico que de alguna manera empezó en 2006 con la fundación de AfriForum, que tiene 150 trabajadores con una media de edad de poco más de 30 años.

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Manifestación convocada por AfriForum y Solidaridad.

La doble estrategia de AfriForum

Además de trabajar contra viento y marea por los derechos de las minorías y en la promoción de valores del liberalismo clásico como la libertad individual o el derecho a la propiedad, la organización aspira a reducir tanto como sea posible la dependencia de la comunidad afrikáner de un Estado corrupto que les es hostil y ha fracasado en materias básicas de su misión como son la sanidad, la seguridad ciudadana o la educación.

"En prácticamente todo lo que hacemos tenemos una doble estrategia. Por un lado, AfriForum es un grupo de lobby, de presión, que busca influir en las realidades presentes", afirma Roets, que pone como ejemplo de esta dimensión "reactiva" de la acción de la organización su campaña –en los medios, con líderes políticos nacionales y extranjeros y en los tribunales de justicia– contra los planes expropiatorios del Gobierno.

Pese a ser menos conocida por el público, es la segunda estrategia –"crear nuevas realidades"– la que más dinero le cuesta a AfriForum, y también la más importante a ojos de Roets y sus colegas, que se refieren a ella como la estrategia de la "autodependencia". Esta dimensión de su labor se concreta en la infinidad de proyectos surgidos de la iniciativa ciudadana que AfriForum y su sindicato afiliado, Solidaridad, han puesto en marcha para dotar a sus afiliados y a las comunidades en las que viven servicios de calidad surgidos de la iniciativa ciudadana e independientes del Gobierno. Ante el estado ruinoso de la sanidad pública, Afrifórum y Solidaridad ofrecen a través de enfermeras y médicos voluntarios tratamiento gratuito en muchas zonas deprimidas. Frente a la indiferencia del Gobierno hacia los afrikáners pobres, ofrecen apoyo académico, comida y material escolar gratis a cientos de escuelas en afrikaans. Ante la ineficacia de la Policía en la lucha contra el crimen desatado –57 personas son asesinadas cada día en las calles de Sudáfrica–, AfriForum ha creado patrullas ciudadanas que asisten a las fuerzas del orden.

Para explicar cómo las dos estrategias se solapan, Roets habla de su trabajo en comunicación y relaciones públicas. "Por una parte, intentamos tener presencia, ser citados en los medios", dice de la primera. "La segunda estrategia es desarrollar nuestro propio poder para comunicar y ser independientes de los medios". Resultado de esta perspectiva son ya el diario digital en afrikaans Maroela Media y la productora Forum Films, cuya primera producción fue un documental sobre la cara menos amable y conocida del ANC.

"Tomemos otro ejemplo, la campaña contra los asesinatos en las granjas". Por un lado, AfriForum se desvive por mostrar la brutalidad y la frecuencia con que son asesinados los granjeros blancos en sus propiedades. El objetivo de este tipo de acciones –que incluye la publicación del monumental libro de Roets sobre el tema, Kill the Boer– es presionar al Gobierno sudafricano para que intensifique la lucha contra este este tipo de crímenes. (Pese a lo que dicen las estadísticas, el ANC y la prensa de izquierdas niegan que los boérs sean víctimas de un fenómeno específico de ataques y asesinatos a gran escala que dura ya 30 años. Estas voces –entre las que se cuentan el Washington Post o la BBC– rechazan también cualquier motivación política detrás de estos asaltos y crímenes en que a menudo apenas se roban teléfonos móviles y en los que se tortura innecesariamente a ancianos, mujeres y niños). "La segunda parte de la estrategia respecto a los asesinatos en las granjas son las redes comunitarias de seguridad. Ya tenemos más de 7.000 voluntarios que patrullan en sus zonas y son parte de la estructura de seguridad comunitaria. Tienen contacto por radio entre ellos, van armados, tienen vehículos".

La educación superior es otro frente abierto. "Solo queda una universidad en la que se puede estudiar en afrikaans de forma comprehensiva", se lamenta el vicepresidente de AfriForum, que perdió recientemente en el Tribunal Constitucional un recurso contra la eliminación del afrikaans como lengua de instrucción en favor del inglés. Esta derrota consuma para Roets la muerte de la Universidad pública en afrikaans. Pero mientras trabajaba, esta vez sin éxito, en la estrategia de "influir en las realidades presentes", AfriForum y Solidaridad se esforzaban también en "crear realidades nuevas", y ya tienen su propia universidad privada. Se llama Akademia y ofrece formación en afrikaans a un millar estudiantes que ya no están a merced de la voluntad de los burócratas.

Libertarios a la fuerza

Este actuar por su cuenta y organizarse para suplir las fallas del Estado –y colmar las aspiraciones propias– hacen de AfriForum una organización en cierta manera libertaria, una decantación ideológica que bien puede resultar paradójica en una institución surgida de la misma tradición comunitarista que engendró el apartheid. Después de más de cuatro décadas valiéndose del Estado para prosperar y proteger su cultura, los afrikáners –que representan apenas el 5 por ciento de la población– se ven condenados por la demografía a la insignificancia política como grupo en una Sudáfrica donde la mayoría negra sí tiene derecho al voto. "Hasta cierto punto, la gente se ha visto forzada al libertarianismo", dice Roets, que se siente identificado con esta corriente ideológica, en la que también podría situarse a los pioneros europeos con quienes nació el pueblo afrikáner cuando no había nada parecido a un estado en esta punta de África.

"AfriForum no fue fundada con la idea de ser una organización basada en el libertarianismo o los valores liberales clásicos, pero es libertaria, o liberal clásica, si se mira lo que defiende", explica Roets, que ve en el individualismo de los liberales clásicos el único motivo de desavenencia. "Las personas somos parte de una comunidad, y el libertarianismo parece subestimarlo", aclara el joven activista, que concluye sobre AfriForum: "Somos libertarios, o liberales clásicos, pero también somos comunitaristas".

El día después

La gran batalla de AfriForum hoy es contra la reforma constitucional que permitirá las expropiaciones de tierras y dejará gravemente maltrecho el derecho a la propiedad en Sudáfrica. ¿Qué tienen pensado hacer, si el Gobierno saca adelante una reforma que antes de hacerse realidad ya ha empezado a afectar a la economía?

"Una de las cosas que haríamos es llevarnos nuestras inversiones fuera del país", dice Roets imaginando un escenario de crisis en el que "la mitad de nuestros afiliados no pueden pagar su contribución". "Estamos preparados para eso", añade, y explica que AfriForum tiene inversiones con las que seguir financiándose si una debacle económica deja a sus socios sin posibilidades de seguir pagando sus tasas. "Muchos sudafricanos están invirtiendo fuera del país", recuerda, ante la incertidumbre creada por la política de expropiaciones que propone el Gobierno.

Pero el gran instrumento de resistencia económica ante una catástrofe inflacionaria como las que han vivido Venezuela o Zimbabue, que también apostaron por las nacionalizaciones para poner fin a injusticias sociales, podría estar, según Roets, en las criptomonedas. "Si tenemos una moneda digital que no esté ligada al valor del rand [la moneda sudafricana], si la gente hubiera tenido algo así en Zimbabue, su dinero no habría perdido su valor cuando el dólar de Zimbabue se desplomó, y lo mismo es válido para el caso del bolívar". "Si podemos hacer que esta tecnología funcione lo suficientemente pronto, la gente será inmune a lo que haga el Estado [stateproof, fue la palabra que utilizó], y cuando el Gobierno colapse el impacto en las personas será menor o menos significativo que en Zimbabue o Venezuela".

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