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La distopía de Shanghái contada por una residente española que se escapó justo antes del cierre total

Su intuición ha librado a esta residente en Shanghái de tener que vivir uno de los confinamientos más estrictos por la política del cero covid.

La distopía de Shanghái contada por una residente española que se escapó justo antes del cierre total
Personas enfundadas en EPI caminan por una calle de Shanghái en abril de 2022 | EFE

Libertad Digital ha tenido la oportunidad de hablar con una española residente en Shanghái desde hace 17 años, que prefiere mantener el anonimato, y que consiguió escapar literalmente del lockdown estricto el 15 de marzo, cuando vio que "la cosa empezaba a ponerse fea". Y no se equivocó en su intuición: al día siguiente de volar a Europa cerraron su compound —comunidades de viviendas con su propia seguridad y sistema de acceso, ya sea urbanización o bloque de pisos— y tres semanas después, el cierre fue total y la situación de los que se han visto atrapados en la distopía de Shanghái empeora cada día que se prolonga el confinamiento, como ya contamos en Libertad Digital.

Desde que se abrió Wuhan en 2020, la situación en Shanghái, y en China en general, fue paradisiaca. La estricta política de cero covid, que exigía IgM negativa para entrar en el país, evitó que el virus circulase, por lo que los residentes en el país disfrutaron de dos años sin sentir la pandemia —pero sin adquirir inmunidad natural— mientras en Occidente encadenábamos una ola detrás de otra, numerosas restricciones a la movilidad y sin poder disfrutar de una vida normal. La propia exigencia de IgM negativa hacía que los extranjeros no quisiesen volver a sus países de origen por miedo a no poder regresar en 2-6 meses, el tiempo que se tarda en eliminar los anticuerpos. En ese momento, la población, tanto la local como los extranjeros, apoyaba la política cero covid. Ahora, sin embargo, la situación ha cambiado.

Pekín envía a una comisaria a Shanghái

En este punto, la madrileña, a la que llamaremos María, comenta a Libertad Digital que existe un enfrentamiento soterrado entre Pekín y Shanghái sobre la estrategia a seguir. Cuando se desata la ola de la variante ómicron a finales de 2021, todos los países que mantenían hasta entonces la estrategia cero covid empezaron a girar hacia una política de convivencia con el virus, a medida que avanzaba la campaña de vacunación. Todos, menos China y Hong Kong. Sin embargo, cuando Hong Kong observó que la variante ómicron no era tan letal como el virus original y otras variantes posteriores, empezaron a ser más flexibles en su lucha contra el patógeno. Shanghái se planteó observar la evolución de Hong Kong y ver si era posible flexibilizar la política de tolerancia cero con el virus.

Unos de los problemas que ha hecho que ómicron en China haya provocado tantos casos es que la campaña de vacunación no ha seguido el mismo esquema que en el resto del mundo. Como no se estaba dejando circular el virus en el país, los mayores de 60 años, que tampoco viajaban fuera, fueron los últimos en empezar a vacunarse. Se consideró prioritario vacunar antes a otros colectivos que a esa franja de edad, y la llegada de ómicron les golpeó sin estar inmunizados, ni de forma natural ni por vacunación.

Ante la posibilidad de que Shanghái flexibilizase las restricciones, Pekín, que no va a reconocer jamás que esa política es una equivocación, envió inmediatamente a la ciudad a una auténtica comisaria, Sun Chunlan, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista Chino, que se puso al frente de la gestión de la pandemia para impedir cualquier relajación en el estricto confinamiento decretado.

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Con Sun Chunlan al frente rodaron cabezas en casi todos los departamentos de salud de los distritos, aunque el alcalde de Shanghái mantuvo su puesto.

El colapso del 'delivery'

María nos cuenta que, efectivamente, el delivery ha colapsado en la ciudad, aunque detrás de este colapso hay dos motivos diferentes. En primer lugar, porque las estrictas medidas anticovid decretadas por el Gobierno impiden a los kuidi —las típicas motos de reparto que proliferan en todas las ciudades del país, ya que en China prácticamente todo funciona online— hacer reparto de cualquier producto, pues las autoridades sospechan que pueden ser foco de contagio.

Y, en segundo lugar, porque cuando empezó el confinamiento parcial —una cuarentena en dos fases a ambos lados del río Huangpu, Pudong y Puxi— y hasta el cierre total decretado el 5 de abril, la gente se lanzó a los supermercados a hacer acopio de alimentos, y se produjo desabastecimiento en la mayoría de las superficies comerciales. Los residentes empezaron a ver que la cosa no iba bien, aunque quizá no imaginaron lo que se les venía encima.

Salir de casa con un kit de supervivencia

El ambiente se fue enrareciendo, la histeria iba en aumento y se produjeron situaciones como que, si las autoridades cerraban un comercio concreto —como ocurrió con Uniqlo— los clientes que estaban comprando en ese momento también quedaban confinados, normalmente durante 48 horas. Pero podía ser más.

Por ese motivo, los residentes empezaron a salir de casa con un kit de supervivencia (una muda, cepillo de dientes, medicinas para enfermedades crónicas como la diabetes…) por si les pillaba el confinamiento mientras compraban en un supermercado, se cortaban el pelo en una peluquería o disfrutaban de un spa.

'Delivery' poco satisfactorio del gobierno

El desabastecimiento por acaparamiento, ante el miedo al confinamiento, unido a la prohibición de los kuidi ha tenido como resultado que los shanghaineses sumen a la angustia de estar encerrados, y no saber hasta cuándo, la falta de alimentos o de otros productos básicos.

El delivery gubernamental que funciona en cascada —de los barrios a los distritos, y de los distritos a los compounds— es claramente insuficiente y poco variado: reparten una vez a la semana o cada diez días "la caja de vegetales" (sin posibilidad de elegir según tus gustos) y lo que llaman "la parte seca" (arroz, pasta y leche). Para la "caja de vegetales" los residentes intercambian recetas por WeChat —el WhatsApp está prohibido en China—, porque en muchos casos son productos que ven por primera vez y no tienen ni idea de qué hacer con ellos ni cómo cocinarlos. Pero con eso hay que tirar.

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Durante el confinamiento, los grupos de WeChat han sido fundamentales para organizar la economía de trueque y las compras a granel. Al quedar prohibidos los kuidi por considerar las autoridades que eran foco de infección, los vecinos de los compounds se han organizado por WeChat para hacer compras a granel, además de para intercambiar recetas y practicar el trueque, dando muestras de una gran solidaridad entre ellos y propiciando que vecinos que antes ni se conocían ahora se hayan hecho amigos.

No obstante, y pese a la solidaridad entre vecinos, puede entenderse perfectamente la desesperación de los ciudadanos encerrados y mal abastecidos por el empecinamiento del gobierno en seguir una política de aniquilamiento del virus que prácticamente han abandonado todos los países del mundo, y que en la propia China cuenta cada vez con menos apoyo.

¿Sacrificio de mascotas?

En una entrega anterior hablamos de las imágenes que se habían publicado en redes sociales sobre el sacrificio de mascotas. Esta española residente en Shanghái cuenta a Libertad Digital que no ha oído un sólo caso que confirme que se esté produciendo esta situación, al menos en su entorno, aunque no descarta cien por cien que no se estén dando casos. Sí que ocurrió, comenta, cuando la epidemia del SARS de 2003, pues creían que las mascotas podían ser el origen de los contagios.

Aislamiento de niños

Otro asunto sobre el que hemos charlado con María es la separación de niños positivos de sus padres. Desde que se inició la pandemia en 2020, la normativa del país recogía el aislamiento de los menores que dieran positivo para hacer la cuarentena. Sin embargo, cuando empezó esta ola de ómicron, se propagó un rumor sobre que un niño había dado positivo, que se lo llevaron con su madre —también positiva— dejando al padre aislado en su domicilio. Según este rumor, el niño murió y la madre se suicidó. Aunque el rumor fue desmentido oficialmente, los chinos y los residentes extranjeros piensan que, en estos momentos, los rumores son más creíbles que las propias noticias oficiales. Tres días más tarde de propagarse el rumor, además, cambiaron la normativa sobre aislamiento de menores positivos para que puedan ser acompañados por uno de sus progenitores a la hora de hacer la cuarentena en un centro de aislamiento. Es decir: antes del cambio de normativa sí que se separaba a los menores positivos de sus padres. Ahora, según la nueva regulación, no se podría hacer, pero siguen siendo muy estrictos en cuanto a las cuarentenas.

Nos cuenta María el caso de un positivo que afectó a tres niños de un mismo compound. En Shanghái se hacen primero PCR grupales y, si en un grupo sale un positivo, se hacen individualmente. En un grupo de 20 residentes de un compound el resultado del test fue positivo. Se hicieron a continuación test individuales, y el resultado fue positivo para un niño español, hijo de una zaragozana; una niña checa y otra china, los tres en el entorno de los 12 años. Les informan de que se van a llevar a los menores con uno de sus padres a un centro de aislamiento. Los consulados checo y español presionaron para que les permitiesen hacer la cuarentena a toda la familia en su propio domicilio, algo a lo que accedieron inicialmente las autoridades. A la niña china también le permitieron hacer la cuarentena con su familia, beneficiándose de la presión de los consulados checo y español, aunque en general los chinos aceptan mejor este tipo de medidas.

En los días siguientes, a los menores se les hicieron test de antígenos, que dieron negativo, pero, cuando les hicieron una nueva PCR, la niña checa dio positivo y enviaron una ambulancia al compound a recogerla. En ese lapso de tiempo, la niña obtiene una PCR negativa, pero los sanitarios quieren llevársela, produciéndose un tenso enfrentamiento a gritos desde la ventana del domicilio de los checos y los enviados para llevarse a la menor al centro de aislamiento. Finalmente no lo consiguieron. El compound sigue en cuarentena todavía, porque cada nuevo positivo pone el contador a cero.

Como señalábamos, la población local se toma con otra filosofía las estrictas medidas decretadas por las autoridades. Como ejemplo está el caso del hijo menor del "mejor empleado del departamento de ventas" de la empresa de María. El niño dio positivo y la española le preguntó qué tal se encontraba. El padre le respondió que el niño estaba muy bien, estupendamente... y le envió este vídeo del menor enfundado en un traje EPI como confirmación de lo bien que se encontraba su hijo.

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Las últimas noticias que llegan de Shanghái no son nada alentadoras, y parece que en vez de un horizonte cercano de relajación de las restricciones, lo que se vislumbra son confinamientos más duros y estrictos sobre unos ciudadanos agotados y hartos de no saber a qué se van a enfrentar de un día para otro. Si en otras grandes ciudades, como la capital Pekín, no se impusiesen las mismas medidas ante situaciones de aumento de los contagios, el agravio comparativo podría provocar una ola de descontento en Shanghái.

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