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Gaza tras un mes de guerra: ¿alguien ha ganado?

Después de un mes de bombardeos y combates y casi 2.000 muertos no resulta fácil tener claro si el conflicto en Gaza ha servido para algo.

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La primera tregua verdaderamente estable llegó a Gaza esta semana: las tropas israelíes abandonaron la Franja una vez más y representantes de Hamás, Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) discuten en El Cairo los términos de un alto al fuego permanente o, al menos, todo lo permanente que sea posible estando Hamás implicado.

A pesar de que los terroristas de Hamás han reanudado sus ataques en cuanto han pasado las 72 horas de alto al fuego -mientras que Israel sí se había mostrado a mantenerlo incondicionalmente- todo indica que la operación Margen Protector había terminado, está a punto de terminar o, al menos, ha alcanzado la mayor parte de sus objetivos –aunque es imposible afirmar esto con total rotundidad, las cosas pueden cambiar en minutos en Israel- y, en definitiva, se acerca el momento de evaluar su resultado desde varios puntos de vista.

El primer elemento que requiere un análisis es el hecho de que Hamás haya aceptado -y casi suplicado- una tregua en unos términos muy similares a los de la que rechazó tres semanas atrás, en lo que parece una clara demostración de debilidad.

Por supuesto, uno de los dos principales líderes de la organización terrorista –Ismail Haniya- corrió a adjudicarse la "gloriosa victoria", pero lo cierto es que no parece que la brutal banda criminal que controla Gaza haya sacado tanto provecho como esperaban de una confrontación a la que han empujado a Israel.

Más solos que nunca

En primer lugar, e incluso antes que el análisis militar, está un hecho que resulta tan o más relevante a largo plazo: pese a la dureza de los ataques y a la campaña en la prensa internacional y de determinados movimientos sociales contra Israel, Hamás se ha visto prácticamente sola diplomáticamente.

Sólo Qatar, la monarquía del Golfo que se ha convertido en su principal soporte financiero, y Turquía se han posicionado con cierta claridad del lado de los de Hamás. Los países árabes han guardado silencio o se han manifestado en un tono tan bajo que ha pasado desapercibido –que era obviamente lo que querían- mientras que el principal actor en la zona, Egipto, ha demostrado que hoy por hoy está más cerca de Israel que de una organización que, al cabo, es sólo la franquicia en Gaza de su principal problema interno: los Hermanos Musulmanes.

Las habituales manifestaciones de "la calle árabe" también han brillado por su ausencia, lo que nos indica que probablemente en anteriores ocasiones no eran tan espontáneas como querían hacernos pensar. Incluso en Cisjordania ha habido disturbios, pero han quedado muy lejos de ser el inicio de una nueva Intifada, como pedían, por ejemplo, manifestantes de extrema izquierda en Madrid.

Victorias pírricas

Sí es cierto, como señalaba un analista del diario Jerusalem Post, que han logrado algunos logros de los que esperan obtener ventajas, principalmente que Israel no ha logrado acabar con prácticamente ninguno de sus líderes prominentes y que, bajo su punto de vista, han impedido que la campaña militar lograse lo que ellos creen -o dicen creer- que era su verdadero objetivo: penetrar mucho más en Gaza o incluso reocupar toda la Franja.

Otro "triunfo" de Hamás ha sido el uso de cohetes y misiles que han llegado a amenazar a las principales ciudades israelíes como Tel Aviv y Jerusalén, e incluso han sido lanzados contra centros urbanos a más de 100 kilómetros de la Franja de Gaza como Haifa. Sin embargo, gracias a las muchas precauciones que toma Israel y, sobre todo, al multimillonario sistema defensivo Cúpula de Hierro, se ha demostrado que la capacidad de estos ataques de infligir daño es mucho más limitada de lo que los propios líderes de Hamás pensaban.

Líderes que también creen, alentados por cierta opinión pública o publicada en Occidente, que lograrán que Israel sea llevado ante la Corte Penal Internacional por "crímenes de guerra". Lo cierto es que un análisis frío e imparcial de los datos hace pensar que no será fácil que una demanda en este sentido prospere. Por otro lado, tal y como ya indicara un alto representante palestino, plantear un juicio por crímenes de guerra podría volverse en contra de Hamás, especialmente después de que un documento incautado por las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF por sus siglas en inglés) muestre como el uso de los civiles como escudos humanos es una práctica habitual y organizada por parte de los miembros de la organización terrorista.

Finalmente, tampoco está claro que el enfrentamiento haya servido para reforzar la posición de Hamás entre la propia población de Gaza. Si bien tal y como cuenta el periodista israelí Avi Issacharoff –con excelentes fuentes entre los palestinos-, aquellos que han resultado más perjudicados en la guerra siguen apoyando a los terroristas, otros muchos los ven como culpables de lo ocurrido. Por otra parte, la gestión de la reconstrucción puede ser una dura prueba para una organización cuyo fuerte no está, precisamente, en satisfacer las necesidades de los suyos.

Algunas cifras

En cuanto al resultado militar de la operación, algunas cifras pueden arrojar bastante luz sobre la cuestión. La primera de ellas es la más obvia: cerca de unos 1.900 muertos, 1.800 de los cuales han caído del lado palestino y 67 del lado israelí. Es un número sensiblemente mayor de bajas que en las operaciones similares anteriores: Pilar Defensivo en 2012 y, sobre todo, Plomo Fundido entre diciembre de 2008 y enero de 2009.

Desde las instituciones controladas por Hamás se asegura que la mayoría de ellos son civiles, pero análisis más detallados, por ejemplo teniendo en cuenta género y edad, desvelan que la inmensa mayoría de los muertos son hombres y corresponden a los rangos de edad propios de los combatientes activos de un grupo terrorista.

De hecho, los responsables de la IDF ya tienen identificados como terroristas a un tercio de los nombres de palestinos fallecidos que ha ofrecido Hamás, y se muestran confiados en que, finalmente, el porcentaje de terroristas será cercano o superior al 50% del total de muertos en la operación. Un porcentaje similar al que la propia organización islamista acabó reconociendo, después de mucha propaganda, como terroristas fallecidos durante la operación Plomo Fundido, hasta la fecha la más sangrienta en Gaza.

Otro dato interesante es que según la IDF durante la operación se han lanzado 3.360 cohetes y misiles desde la Franja a Israel. De ellos 584 fueron interceptados por la Cúpula de Hierro, y nada más y nada menos que 475 cayeron en el propio terreno palestino, por lo que finalmente el número de los que llegaron a suelo israelí fue de 2.303.

Este número de lanzamientos no es mucho menor que el de "objetivos terroristas" que el ejército israelí asegura haber alcanzado: 4.762. De ellos el mayor número es el de lanzaderas de cohetes, más de 1.600, pero también hay centros de mando y control –casi un millar-, instalaciones militares -237- y dos centenares de almacenes y fábricas de armas.

A estos números habría que añadir uno al que desde Israel se ha dado singular importancia: los 32 túneles que han sido descubiertos y dinamitados y que en muchos casos llevaban desde territorio gazatí hasta suelo israelí.

¿Objetivo cumplido?

Los dos grandes objetivos de Israel estarían relacionados con estas últimas cifras: según oficiales de la IDF han asegurado a The Times of Israel, entre los cohetes lanzados y los destruidos Hamás habría visto reducido su arsenal a un tercio, teniendo además serias dificultades a partir de ahora para reconstruirlo.

Del mismo modo, la infraestructura de túneles, que había supuesto una inversión brutal en dinero y en vidas de los gazatíes –un informe palestino aseguraba hace dos años que 160 niños habrían muerto durante su construcción- está completamente destruida o, como mucho, a falta de acabar con una o dos más galerías que quedasen por encontrar.

Aún así, la percepción de la población israelí sobre lo ocurrido en Gaza no es muy positiva: a través de los medios locales o de las redes sociales se palpa un sentimiento más de decepción que de victoria o de éxito. Un sentimiento que quizá tenga también mucho que ver con el hecho de que la inmensa mayoría de los israelíes –y esto incluye también a casi todos los políticos- no querían esta guerra.

La hora de la diplomacia

Finalmente, las dos partes en conflicto –si no contamos a las que orbitan a su alrededor como la ANP o Egipto- tendrán que evaluar sus resultados por lo que obtengan en una mesa de negociación en la que ambos se presentan con propuestas que, a priori, el otro no puede aceptar.

Hamás exige el fin del bloqueo, la reapertura del aeropuerto internacional que llegó a operar en la franja y, muy especialmente, del paso fronterizo con Egipto en Rafah. Pero su situación no parece muy aventajada cuando incluso para esta última petición, cuyo cumplimiento estaría en manos de un país árabe, no las tiene todas consigo: los egipcios estarían dispuestos a abrir la frontera pero sólo si el lado palestino es controlado por la ANP y no por Hamás.

Por su parte, Netanyahu solicitaba este miércoles que la comunidad internacional propicie la completa desmilitarización de Gaza, algo a lo que una organización terrorista como Hamás parece obvio que se va a negar.

Israel sabe que es casi imposible alcanzar su objetivo último: tener unos vecinos que no les ataquen continuamente y un horizonte indefinido de estabilidad y paz. Sin embargo sí tiene la esperanza de haber logrado que el nivel de riesgo que implica la convivencia con los terroristas vuelva a un límite tolerable: sin túneles, con menos cohetes y con unos centenares de terroristas menos los millones de israelíes que viven en el rango de alcance de sus ataques quizá ahora puedan estar más tranquilos.

Y quizá, quién sabe, debilitar los suficientemente a los terroristas para que la sociedad palestina pueda decidirse por otro liderazgo, uno que no esté dispuesto a sacrificarles en una guerra que, como se ha demostrado una vez más, no pueden ganar.

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