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No está claro que vayamos a poder librarnos de Flash para ver vídeo en la web

Uno de los objetivos del HTML 5 es poder librarse de Flash a la hora de mostrar vídeo online. Pero el estándar no especifica cómo debe codificarse el vídeo, y los navegadores se están diferenciando en dos grandes grupos: los que emplean H.264 y los que optan por Theora. Bienvenidos al nuevo caso VHS vs. Beta.

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En principio, la opción debería ser clara. H.264 es un estándar de codificación de vídeo con muchos años de uso masivo a sus espaldas. Ofrece una muy buena calidad de imagen con una gran compresión. Forma parte del estándar MPEG-4, lo que obliga a implementarlo en los reproductores Blu-ray. Hay, pues, numerosos chips que permiten decodificarlo, algunos de ellos de bajo consumo, lo que permitiría su avance en móviles. Apple ha decidido incorporarlo en Safari y Microsoft ha anunciado que Internet Explorer 9 podrá reproducirlo.

Parecería que no tendría que haber ninguna duda, pero el problema reside en que parte de los algoritmos empleados en H.264 están patentados, y cualquier software que los incorpore está obligado a pagar royalties por ello. Estas patentes expirarán en 2028, aunque la organización que las posee asegura que los usuarios finales no tendrán que pagar por ellas al menos hasta 2016. Esta situación resulta inaceptable para los navegadores abiertos como Firefox, además de que provocaría que una parte importante de la web, el vídeo, no fuese abierta sino cerrada por una patente. Cualquier empresa que produjera un navegador tendría que pagar 5 millones de dólares al año en este concepto.

Ante esta situación tanto Firefox como Opera han preferido emplear otro códec, Theora, que es de código abierto y en principio libre de patentes. Desgraciadamente, no dispone del mismo soporte en aceleración por hardware y diversos test han indicado que su calidad es inferior a H.264. Además, Steve Jobs ha contestado este viernes a una carta abierta del activista de la Free Software Foundation, Hugo Roy, indicando que el hecho de que Theora sea código abierto no garantiza que no use algoritmos patentados, y que varias organizaciones estarían trabajando para "ir contra Theora y otros códecs de código abierto". Sea cierto o no, lo que deja claro es que Safari no incorporará ese códec.

Google VP8, ¿la esperanza?

En este nuevo panorama de división entre los navegadores sobre el estándar para el vídeo online que parece haber un rayo de esperanza. Google compró la empresa On2, especializada en códecs de vídeo. Su VP6 es el empleado por Flash, por ejemplo. Desde finales de 2008 está desarrollando un nuevo codificador, VP8, que aseguran ofrecerán más calidad a menor tamaño que H.264, algo que aún está por ver. Google ha anunciado que abrirá el código y lo incluirá en Chrome. Cabe esperar que Firefox y Opera apuesten también por él. ¿Entonces? ¿Todo solucionado?

Pues no. Primero, podría encontrarse y se encontrará con los mismos problemas que Theora va a tener que afrontar con las patentes. Ciertamente tiene el músculo financiero de Google detrás, pero eso no garantiza que podrá usarse libremente. Además, existe otro problema: convertir los vídeos y almacenarlos le cuesta un pastón a los productores de contenidos. H.264 tiene la ventaja de que podría convertirse en el único formato en que tendrían que guardar cada vídeo. En caso de tener que hacerlo también en VP8 supondría un coste añadido que supera con mucho los 5 millones de dólares anuales que tendrían que pagar tanto Firefox como Opera.

La única opción que impediría este coste, al menos a Google, es la que el desarrollador del codificador x264, Jason Garret-Glaser, denomina Blitzrieg: aprovechar la popularidad de YouTube para pasarlo por completo al formato VP8, olvidándose de Flash. Eso le permitiría ahorrar costes y "obligar" a los usuarios a emplear el formato, ya sea con navegadores que lo soporten, como Chrome, o mediante un plugin en los demás. Eliminaría a Adobe del mercado y convertiría VP8 en el estándar, pero arriesgándose a que el proceso le salga mal y YouTube pierda popularidad.

En cualquier caso, seguiría pendiente el problema de la aceleración por hardware. Para los ordenadores no es nada de lo que preocuparse, pero en dispositivos móviles requiere mucho esfuerzo del microprocesador y un consumo de energía que puede hacerlo inviable.

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