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FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

Argentina: Último ejemplo del daño que el FMI ha causado al sistema financiero internacional

El Fondo Monetario Internacional ha conseguido, a golpe de talonario, que las últimas crisis que ha sufrido el sistema financiero internacional --Sudeste asiático, Rusia, Brasil y Turquía-- tuvieran unos efectos mucho más devastadores de lo que en principio se preveía. Por lo visto hasta ahora, parece que el resultado de su intervención en Argentina va a ser igual de dañino.

L. D.- El presidente y editor jefe de la revista estadounidense "Forbes", Steve Forbes, aseguró, hace escasos meses, que el Fondo Monetario Internacional es el responsable de la crisis económica que azota a Argentina y de la situación ecuatoriana. En su crítica, Forbes llegó a comparar al FMI con una "serpiente venenosa". Sin entrar en valoraciones del calibre de las realizadas por Forbes, lo cierto es que los resultados de la labor del FMI durante los últimos años no hablan precisamente a favor de este organismo. Ya lo dice el refranero español, “a veces es peor el remedio que la enfermedad”.

Hace cuatro años, este organismo multilateral se sacó de la manga el término “blindaje financiero” cuando asumió el papel de superhéroe en la crisis del sudeste asiático. Fue entonces cuando se creó el Servicio Complementario de Reservas, ya que según el Fondo, los préstamos que se habían llevado a cabo hasta ese momento no eran suficientes para actuar contra unas crisis de tal magnitud y celeridad. Éste fue el principio de una serie de errores sistemáticos que tiene en Argentina su penúltimo episodio.

Indonesia

En el otoño de 1997, el FMI, junto con diferentes organismo internacionales, otorgaron 40.000 millones de dólares a Indonesia, por ser un país que compaginaba el incremento de su Producto Interior Bruto con una reducción de la pobreza (Boletín del FMI). Sin embargo, apenas treinta días después de esos 40.000 millones de dólares, más de un quincena de bancos quebraron y dos meses después el Ejecutivo indonesio suspendió pagos tras desplomarse la rupia. Ajeno a su error, el Fondo dio luz verde a un nuevo paquete de ayudas en mayo de 1998, porque, en opinión del entonces número dos de dicho organismo, Stanley Fischer, la situación había mejorado. Diez días después de las revelaciones del pitoniso Fischer, el dictador Suharto fue derrocado y la crisis del sudeste asiático le explotó en las narices a todo el sistema financiero internacional. Eso sí, el FMI no cambió su doctrina y aseguró que la solución para evitar el hundimiento de la región pasaba por poner otros 6.000 millones de dólares extra.

Rusia

Verano de 1998, el Fondo Monetario Internacional hace efectivo un préstamo a Rusia de más de 10.000 millones de dólares. Durante el mes de julio, se aprueban nuevas ayudas por una cuantía superior a los 11.000 millones, como respuesta a una política económica aplicada satisfactoriamente por el Gobierno ruso. Sólo un mes después el rublo se devaluaba, se disparaban las tipos de interés y Moscú recortaba los pagos a los deudores extranjeros. Ese fue el comienzo de una crisis que dio el banderazo de salida a una carrera cuyo objetivo principal era sacar el dinero de Rusia (se estima que la fuga de capital rondó los 20 billones de pesetas en los últimos diez años).

Brasil

Cuando el año 1998 estaba llegando a su fin, el FMI concedió un préstamo a Brasil de casi 19.000 millones de dólares. Este monto se sumaba a los 24.000 millones que aportaron el Banco Mundial y el Banco de Inversión y Desarrollo y diferentes país occidentales. Estos casi 45.000 millones llegaban después de que, una vez más, el Boletín del Fondo Monetario Internacional calificase de sólido el programa del Gobierno de Enrique Cardoso y considerase previsible que Brasil no devaluase su moneda. El resultado no pudo ser más previsible, el real entró en barrena, gracias a que el propio Cardoso ordenó la libre flotación de la moneda, eso sí, después de agradecer la ayuda concedida por el FMI. A partir de ese momento, la frase “Brasil es el país del futuro y lo seguirá siendo...” cobró aún más fuerza.

Turquía

La historia de esta última crisis sigue exactamente el mismo patrón que las tres anteriores. El pánico se desató inmediatamente después de que el ya hombre fuerte del FMI, Stanley Fischer, dijera que todo parecía estar bien. En virtud de estas palabras, el BM otorgó un crédito a Turquía de 4.000 millones, la misma cantidad que aportó también el Fondo. Justo después, la sucursal rumana de un banco turco no muy importante quebraba y la crisis que se desató fue de tal calibre que en 21 días la fuga de capitales superó los 7.000 millones de dólares. Y, una vez más, el parche del FMI resultó ser la de aumentar en más de 7.000 millones el préstamo que había concedido anteriormente.

La pregunta ante tan desastrosos ejemplos no puede ser otra. ¿Cuánto tendremos que esperar para que Argentina suspenda pagos después de que el Fondo Monetario Internacional afirmase que "está listo para trabajar" con este país puesto que le "complace los esfuerzos que han realizado para desarrollar una estrategia destinada a volver al crecimiento sostenible"? Para los amantes de la estadística, la frase está fechada el 3 de noviembre de 2001.

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