
El pasado 28 de enero se registro un nuevo apagón parcial del sistema eléctrico español. Ha pasado medio desapercibido ante la opinión pública por no afectar a los hogares, pero no ante la gran industria, que tuvo un apagón eléctrico durante dos horas en plena perplejidad por la falta de reacción tras el ya famoso apagón general y sus posteriores parones parciales. Y ello ocurrió a escasas semanas del enfrentamiento de Pedro Sánchez con Donald Trump que ha llevado a temer por el envío de gas natural procedente de EEUU. Ese gas representa el 44% del consumo nacional y EEUU ya ha amenazado con recortes si sigue el coque con Sánchez en plena guerra en Irán.
El ingeniero Juan Franco ha elaborado un análisis de la situación real del sistema eléctrico español. Y el resultado es lamentable: el sistema no está adaptado a la realidad energética, es vulnerable por culpa de la regulación europea y, aún más, por la adaptación con creces de esa normativa de la UE por medio de las exigencias adicionales del Gobierno de Pedro Sánchez.
"El sistema eléctrico español se encuentra inmerso en una transformación estructural sin precedentes, impulsada por los objetivos vinculantes del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030, cuya actualización más reciente eleva la ambición de generación eléctrica renovable hasta el 81% para el final de la década". Esta "transición" se basó en las exigencias de "descarbonización de la economía y de la reducción de la dependencia energética exterior", pero todo ello "plantea desafíos técnicos de primer orden para la operación del sistema, gestionado por Red Eléctrica de España (REE)".
La clave es evidente: "La sustitución progresiva de la generación síncrona convencional —nuclear, carbón y ciclos combinados de gas— por fuentes renovables no gestionables y conectadas electrónicamente, principalmente eólica y fotovoltaica, está erosionando dos pilares fundamentales de la seguridad del suministro: la inercia del sistema y la gestionabilidad del balance carga-generación". Traducido: nos hemos pasado con la moda verde hasta tal punto que el sistema es vulnerable a la inestabilidad de estas fuentes de energía renovable.
"En este contexto, las tecnologías de almacenamiento y estabilización de red, específicamente los volantes de inercia (flywheels) y las centrales de bombeo hidráulico reversible, emergen no como meros complementos, sino como activos estratégicos indispensables". Pero ello debe plasmarse en las normas españolas y europeas para evitar mayores problemas.
"Mientras que el bombeo hidráulico representa la "batería estructural" del sistema, capaz de gestionar grandes volúmenes de energía (GWh) y proporcionar servicios de balance a largo plazo, los volantes de inercia y los compensadores síncronos actúan como la "primera línea de defensa", aportando potencia instantánea (MW) y estabilidad de frecuencia en escalas de tiempo de milisegundos a segundos". Y ese aporte de energía síncrona debería poder venir, por ejemplo, de la nuclear, pese a que el Gobierno de Sánchez la ha decretado a muerte.
"El análisis de la información disponible permite extraer las siguientes conclusiones estratégicas: 1. Urgencia del Bombeo: cumplir con los objetivos del PNIEC (22,5 GW de almacenamiento) requiere acelerar drásticamente los trámites administrativos para las nuevas centrales de bombeo. Proyectos como Salto de Chira demuestran que el bombeo es técnicamente viable y esencial incluso en entornos hídricos complejos (usando desalación), pero los plazos de construcción requieren decisiones inmediatas".
La segunda conclusión apunta a la "necesidad de inercia explícita: El sistema peninsular se acerca a límites operativos de baja inercia. Es previsible y necesario que REE extienda el despliegue de condensadores síncronos con volantes de inercia a nudos críticos de la península, replicando el modelo insular, para reducir la dependencia del gas y los costes de restricciones".
El tercer punto aborda la "hibridación tecnológica: El futuro pasa por la hibridación. Centrales de bombeo con velocidad variable y baterías con inversores grid-forming deben complementarse. La regulación debe eliminar barreras para que una misma instalación pueda combinar diferentes tecnologías de almacenamiento detrás del mismo punto de conexión". Por, último, el estudio aborda las "señales de mercado: la inversión privada en estas tecnologías solo fluirá si se materializan los mercados de capacidad y se consolidan los servicios de ajuste de no frecuencia (tensión e inercia) con una remuneración clara y predecible, más allá de la volatilidad del mercado spot de energía. En definitiva, los volantes de inercia y las centrales de bombeo no son tecnologías del pasado, sino los habilitadores indispensables del sistema eléctrico del futuro en España. Sin su contribución a la estabilidad física de la red, la transición hacia un modelo 100% renovable sería técnicamente inviable y económicamente ineficiente".
El estudio no aborda en mayor profundidad la necesidad de energías como la nuclear noir adaptarse a la regulación española, que ha decretado al cierre a este tipo de centrales.


