No puede decirse que el ataque conjunto de EEUU e Israel contra Irán nos pillase completamente por sorpresa. Pero tampoco fue algo que el mundo estuviese esperando o que pareciera inminente. No al menos en el momento en el que se produjo y de la forma en la que lo hizo.
El enfrentamiento parece desequilibrado, pero si uno mira los objetivos de unos y otros quizás el resultado final no esté tan claro. Por una parte, tenemos la evidente superioridad aérea estadounidense; por el otro, la capacidad de respuesta asimétrica y la resiliencia del Ejército iraní, que ha respondido en tiempo récord con misiles a bases de EEUU en la región. Además, está ahí la amenaza iraní (ahora mismo, más que amenaza, certeza) de cerrar el Estrecho de Ormuz.
Este último punto es clave. Y está recibiendo la atención previsible. Porque el posible cierre (total o parcial, que esto último ya está en marcha) del Estrecho de Ormuz representa una amenaza existencial para la estabilidad económica global. Por este cuello de botella transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y una quinta parte del gas natural licuado (GNL). Una interrupción sostenida podría disparar los precios del crudo por encima de los 100 o incluso 130 dólares por barril (estábamos por debajo de 70 dólares al iniciarse el conflicto), alimentando una espiral inflacionaria que encarecería drásticamente el transporte, la producción industrial y los alimentos a nivel mundial. Esta semana, en Economía Para Quedarte Sin Amigos, miramos hacia Irán. Y lo hacemos con un invitado excepcional: Bjorn Beam, director de análisis tecnológico y analista experto en geopolítica en Arcano Research. Beam sabe de lo que habla: perteneció durante diez años al servicio de inteligencia de la CIA de los EEUU, donde desarrolló labores operativas en países especialmente sensibles, incluyendo Corea del Norte y su programa nuclear.
Su análisis pone luz sobre aspectos que no siempre tenemos en cuenta. Por ejemplo, los seguros marítimos. Porque la crisis ha paralizado el tráfico marítimo debido a una reacción sin precedentes en el mercado de seguros, con importantes aseguradoras marítimas cancelando la cobertura por riesgo de guerra para buques en el Golfo Pérsico, lo que ha elevado las primas hasta el 1% del valor del buque. Ante la falta de protección financiera y el riesgo militar, gigantes del transporte como Hapag-Lloyd y MSC han suspendido sus tránsitos por el estrecho, dejando a decenas de petroleros y cargueros varados o desviándose por rutas mucho más largas y costosas.
Además, Beam nos recuerda que el sostenimiento de la ofensiva contra Irán, denominada Operación Epic Fury, está provocando un vaciamiento crítico de los inventarios de municiones estratégicas de EEUU. El Pentágono ha consumido en pocos días una cantidad de interceptores THAAD y misiles Tomahawk que tardaría años en reponer al ritmo de producción actual. Esta "hemorragia" de armamento de alta tecnología deja a las fuerzas estadounidenses en una posición de cierta vulnerabilidad y reduce su capacidad de disuasión ante otros posibles focos de conflicto, como una crisis en el Estrecho de Taiwán.
Por otro lado, la intensidad de los combates ha disparado la demanda global de misiles y drones, generando un encarecimiento masivo en el mercado de defensa. Existe una asimetría económica complicada de mantener en el tiempo: los interceptores cuestan varios cientos de miles de dólares, mientras que los drones iraníes pueden atacar sus objetivos a un coste de apenas 20.000-30.000 dólares. En otros escenarios, esta presión sobre los suministros también se hará notar. Por ejemplo, en Ucrania. El Pentágono ya ha detenido envíos de ciertos sistemas de defensa aérea a Kiev para asegurar la protección de sus propias bases en Oriente Medio, dejando el frente ucraniano más expuesto ante la aviación y los misiles rusos.
