
Mercadona ha presentado sus resultados de 2025 y la cifra de beneficio, 1.729 millones de euros, ha vuelto a desatar la indignación en redes sociales. Se forran, dicen. Pero conviene hacer una cuenta sencilla. Mercadona facturó 41.858 millones de euros. Un margen neto del 4,5% significa que de cada euro que un cliente gasta en caja, la empresa se queda con menos de cinco céntimos. Los otros 95 y medio se van a proveedores, salarios, impuestos y mantenimiento de tiendas.
Este caso no es una excepción, sino la norma del sector. El Observatorio de Márgenes Empresariales, proyecto conjunto de la AEAT y el Banco de España, publica trimestralmente la descomposición del precio de venta minorista a partir de las declaraciones de IVA y retenciones. Para el conjunto de supermercados y tiendas de alimentación especializadas (CNAE 471 y 472), los datos son elocuentes.
Descomposición del precio de venta en alimentación (CNAE 471+472)
De cada euro cobrado en un supermercado, 84 céntimos pagan la mercancía comprada a proveedores, 10 van a salarios de los trabajadores y apenas 6 quedan como margen bruto de explotación. Esta estructura lleva siendo esencialmente la misma desde 2009.
Cuando llegó el shock de costes en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, el ratio de compras se disparó al 87%, comprimiendo márgenes por debajo del 4%. Los supermercados no se "forraron" con la inflación: la absorbieron parcialmente durante varios trimestres. La recuperación posterior refleja sobre todo la normalización de los costes de aprovisionamiento, no una estrategia de captura de rentas.
El 4,5% neto de Mercadona encaja perfectamente con ese 6-7% bruto sectorial. No hay anomalía. Competidores como Carrefour o Lidl operan con márgenes del 1-2%, lo que convierte a Mercadona en una empresa más eficiente, no más abusiva.
Esa rentabilidad se traduce en datos concretos: 5.000 empleos nuevos en 2025, un salario medio neto de 2.200 euros mensuales, 780 millones repartidos en primas entre trabajadores y 3.400 millones recaudados en impuestos. El beneficio es precisamente lo que permite todo eso. Si ampliamos el foco al conjunto del comercio minorista, la estructura es parecida pero los márgenes son aún más ajustados.
Descomposición del precio de venta en el comercio minorista (CNAE 471-479)
Mención aparte merecen las estaciones de servicio, un sector que cobra especial relevancia estos días por la incertidumbre en torno a Irán y el estrecho de Ormuz. Cualquier escalada del crudo se trasladará rápidamente a los surtidores. Pero cuando miramos la estructura de costes de las gasolineras, lo que encontramos es un negocio con márgenes aún más raquíticos que los supermercados.
Descomposición del precio de venta en combustibles (CNAE 473)
De cada euro que pagamos en una gasolinera, 90 céntimos se van a pagar el combustible, 5 a salarios y apenas 5 quedan como margen. Son las empresas con menos colchón de todo el comercio minorista, y cualquier movimiento brusco del petróleo genera oscilaciones enormes en su cuenta de resultados. La tendencia descendente del peso salarial refleja, además, la progresiva automatización de las estaciones.
Hay una pregunta de fondo en este debate: ¿por qué nos incomoda tanto que las empresas tengan beneficio? El beneficio cumple una función económica esencial: es la señal que indica a los emprendedores dónde merece la pena invertir recursos, dónde hay necesidades del consumidor que vale la pena satisfacer.
Cuando Mercadona obtiene un 4,5% de margen, el mercado está diciendo que la sociedad valora el servicio que presta. Los 1.383 millones que la empresa reinvierte de su beneficio no desaparecen: se convierten en nuevas tiendas, centros logísticos, mejoras de procesos y, en última instancia, en mejores precios futuros.
El beneficio empresarial no es un coste que paga el ciudadano: es el motor que garantiza que mañana haya mejores opciones de compra que hoy.

