
El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado una inversión récord de 1.362 millones de euros para la adquisición de 30 nuevos trenes de alta velocidad para Renfe. El anuncio llega en un contexto marcado por el deterioro del servicio ferroviario, continuas incidencias y el impacto aún reciente del accidente de Adamuz.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha presentado la licitación en el Congreso defendiendo que los nuevos convoyes –capaces de alcanzar los 350 km/h– permitirán modernizar la flota y responder al aumento de la demanda. Además, el contrato podría ampliarse hasta 40 trenes, elevando la inversión por encima de los 1.700 millones de euros.
Puente ha insistido también en que el Ejecutivo está realizando un esfuerzo inversor sin precedentes en el sistema ferroviario, recordando la compra de 423 trenes de Cercanías por valor de 4.000 millones de euros. "Estamos reforzando el sistema ferroviario para recuperar la normalidad y dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos", ha asegurado.
En la misma línea, Puente ha reivindicado su gestión personal al frente del Ministerio: "Hago mi trabajo siete días a la semana en favor del interés público", ha afirmado, al tiempo que pedía no utilizar "el dolor de las víctimas" del accidente de Adamuz con fines políticos.
No obstante, este anuncio llega después del caos y la situación actual de la red ferroviaria española, gestionada en gran parte por Adif, donde los usuarios afrontan retrasos recurrentes, averías técnicas y una creciente preocupación por el estado de las infraestructuras.
Incidencias constantes
En las últimas semanas, las incidencias en la red de alta velocidad han sido prácticamente diarias. Fallos en los sistemas de señalización han provocado parones de trenes durante largos períodos de tiempo, afectando a conexiones clave con Madrid y otras ciudades. Los pasajeros denuncian esperas prolongadas y una falta de información clara, en lo que muchos consideran un deterioro progresivo del servicio.
A ello se suma la interrupción de la línea AVE entre Madrid y Málaga, que permanece cortada desde febrero tras el desplome de un muro en Álora. Las previsiones apuntan ahora a que la conexión no se restablecerá, como mínimo, hasta finales de abril, con meses adicionales de limitaciones en la infraestructura y dejando sin transporte a miles de viajes en plena Semana Santa, uno de los periodos de mayor movilidad del año.
El accidente de Adamuz
El anuncio del Ejecutivo llega también bajo la sombra del accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido el pasado enero y que dejó 46 fallecidos. La investigación de la Fiscalía Europea ha puesto el foco en la gestión de la seguridad ferroviaria y el uso de fondos europeos, ya que las diligencias se centran en el mantenimiento del tramo cercano al kilómetro 318,7, donde sucedió el siniestro.
Más allá de los episodios recientes, el sistema ferroviario español arrastra críticas desde hace años por problemas estructurales: mantenimiento insuficiente, retrasos en obras clave y falta de inversión en determinadas líneas.
Testimonios de trabajadores y usuarios apuntan incluso a un deterioro preocupante en algunos tramos, con reducciones de velocidad aplicadas sin comunicación oficial y denuncias que, según relatan, no obtienen respuesta institucional.





